Cameron, bajo presión por el derrame

Cameron, bajo presión por el derrame
Empresarios británicos le reclaman que defienda los intereses de la petrolera BP, blanco de duras críticas de la Casa Blanca
LONDRES.- Bajo una creciente presión en su país para defender los intereses de la petrolera BP, el primer ministro británico, David Cameron, ha quedado en una incómoda situación con su más estrecho aliado, Estados Unidos, que ha criticado duramente a la compañía por el desastre ecológico y económico que causó con el derrame de crudo en el Golfo de México.

El presidente Barack Obama incrementó en los últimos días sus acusaciones contra la petrolera británica, por su aparente incapacidad para contener con eficacia el derrame iniciado en abril en su plataforma Deepwater Horizon. Y reclamó grandes compensaciones económicas a la empresa, que también afronta cuantiosas multas.

Los directivos de BP fueron convocados para el martes en Washington para hablar del vertido, al señalarse oficialmente que la compañía es "financieramente responsable de todos los costos" derivados de las respuestas para frenarlo.

Según publicó el Financial Times , la "retórica cada vez más agresiva" de Obama contra la petrolera causa gran preocupación entre los empresarios británicos, que temen que esos ataques dañen las relaciones transatlánticas. El empresariado británico cree que esos ataques "injustificados" a BP están más dictados por la campaña de cara a las elecciones legislativas de noviembre en los Estados Unidos que por otras cuestiones.

Según fuentes británicas, el propio Cameron le planteará el tema a Obama en una conversación telefónica programada para este fin de semana, en la que el primer ministro deberá hacer un delicado equilibrio entre defender los intereses británicos y cuidar una relación diplomática clave.

"BP necesita hacer todo lo que pueda para lidiar con la situación y el gobierno británico está listo para ayudar", dijo Cameron ayer durante una visita a Afganistán. "Entiendo completamente la frustración del gobierno estadounidense. Lo más importante es tratar de mitigar los efectos y controlar el problema. Es algo que discutiré con el presidente estadounidense", añadió.

Horas antes, el alcalde de Londres, el conservador Boris Johnson, había expresado su preocupación por el daño en la imagen que Gran Bretaña tiene en EE.UU. "Hay algo preocupante en la retórica antibritánica que viene de Estados Unidos -afirmó Johnson a la BBC-. Se está volviendo un asunto de preocupación nacional."

El ex embajador británico en Estados Unidos Christopher Mayer dijo por su parte que ha llegado el momento en que Cameron deje claro a Washington que la supervivencia y prosperidad de BP es de "interés vital" para Gran Bretaña. Y eso se debe a que otro de los temores de los británicos gira en torno a los planes de pensiones, que han invertido sus fondos en gran cantidad de acciones de BP.

La Casa Blanca intentó bajarle el tono al tema. "No lo veo como una fuente de tensión", declaró el vocero del Departamento de Estado, Philip Crowley. "BP es una compañía privada y esto es sobre el impacto de la tragedia (...) no sobre las relaciones entre Estados Unidos y su aliado más estrecho", insistió.

A los británicos les preocupa sobre todo el hecho de que los políticos estadounidenses se hayan referido a la petrolera como British Petroleum, pese a que la compañía cambió ese nombre por las siglas BP y no lo ha utilizado desde 1998.

El costo potencial de la crisis y el temor a que BP no pague este año dividendos han afectado negativamente sus acciones, que se han derrumbado en la bolsa londinense, al punto de que el grupo de análisis Standard Chartered indicó que PetroChina, una subsidiaria de la petrolera nacional china, podría aprovechar la oportunidad y lanzar una oferta de compra de BP.

Richard Lambert, director de la Confederación de la Industria Británica, declaró al Financial Times que el ataque de Obama es "obviamente materia de inquietud". Según Lambert, la estrategia de la Casa Blanca es errónea porque "al margen de todo, BP forma parte vital de la infraestructura energética de Estados Unidos" y ese país debe tener "tanto interés como el resto del mundo en que le vaya bien a BP".

El fiscal general estadounidense, Eric Holder, dijo ayer que "los estadounidenses no pagarán un centavo" por la limpieza del derrame, mientras que la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, afirmó que BP debería suspender el pago de sus dividendos.

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