Cambio de perfil que genera algunas dudas

Con diez miembros, el Frente Amplio Progresista intenta hacer carrera en la cámara Baja; sin embargo, el excesivo personalismo de su jefe, Marcelo “Oso” Díaz, puede forzar algunas rupturas, que hasta el momento sólo quedan en pequeñas diferencias
Con diez miembros, el Frente Amplio Progresista intenta hacer carrera en la cámara Baja; sin embargo, el excesivo personalismo de su jefe, Marcelo “Oso” Díaz, puede forzar algunas rupturas, que hasta el momento sólo quedan en pequeñas diferencias.

De un año al otro, lo que era un bloque crítico al oficialismo, pero atemperado y proclive al diálogo con los otros sectores, se convirtió en una aplanadora, con varios socios nuevos en el equipaje. Del GEN y el socialismo, con la jefatura de Jaime Linares (hoy senador nacional), se pasó al FAP, con siete figuras que responden a Margarita Stolbizer, dos al socialismo de Hermes Binner y una al dirigente sindical Víctor De Gennaro.

Rápido de reflejos, Díaz, una figura de Lomas de Zamora, logró la jefatura del nuevo Cuerpo y tomó las riendas sin mucho prólogo. Su manera de conducción es enérgica, y resuelve estrategias, acuerdos y diferencias sin mayores consultas.

Esta situación, que eleva el perfil del bloque, genera, en contrapartida, ciertos temores. “No le cuestionan las políticas que implementa, sino los modos”, comentan en el grupo FAP. Desde el socialismo, los diputados Alfredo Lazzaretti y Ricardo Vago, hombres de mucha formación política, pero ajenos al nuevo ritmo parlamentario, observan atentos las jugadas del “Oso”. Rita Liempe, de la Corriente Nacional de Unidad Popular, todavía no pudo meterse de lleno en lo que más sabe, los temas sociales.

En tanto, desde el GEN, de donde proviene Díaz, miran con reserva. Dicen que el único que podría frenar la embestida del diputado sería Juan Carlos Juárez, quien pretendía ese puesto y se vio avasallado por el hombre de Lomas.

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