El complejo entramado económico que concierne a diversos fenómenos y categorías –tales como “productividad”, “eficiencia”, “desarrollo”, “tipo de cambio”, “empleo”, “transformación estructural”, “globalización”–, mereció una importante consideración en el reciente paper de D. Rodrik y M. McMillan, intitulado Globalization, Structural Change and Productivity Growth (“Globalización, Cambio Estructural y Productividad”).
Como lo decimos en nuestro reciente texto “El Modelo de Desarrollo en la Argentina. Los riesgos de una dinámica pendular” (2011), la corriente teórica neodesarrollista ha ganado espacio creciente en el debate teórico mundial, algo que reconoce la propia ortodoxia, sin mengua del contraste de enfoques.
Rodrik hizo loables aportes dentro de esa corriente. Vale la pena, pues, glosar brevemente el citado trabajo, que arroja enseñanzas ponderables pensando en la evolución de la economía nacional.
El cambio estructural y la integración productiva. Los autores mencionados recalcan, en función de elementos empíricos y conceptuales, la relevancia del cambio o transformación estructural en los procesos de crecimiento más acelerado, factor que también enfatizamos en nuestro texto antes puntualizado.
En esencia, la transformación estructural, en la faz productiva, supone corregir dualismos o asincronías duras entre los diferentes ámbitos de una economía. Late una idea de mayor integración productiva o de homogeneidad ascendente en el seno de aquella.
Lo que remite a una movilidad de los recursos productivos; algo así como una reasignación dinámica de los recursos hacia los sectores de la economía que registran una más alta productividad relativa. A modo de encuadre fundamental, los autores prestan especial atención al progresivo involucramiento de las distintas economías en el plano internacional.
Resaltan dicho fenómeno, bajo una instancia de fondo de menores tarifas o aranceles comerciales, y de más intensos flujos comerciales, tecnológicos, de inversión y de capitales en general. En otras palabras: el test crucial que examinan los autores, tiene que ver con la posibilidad de calibrar experiencias de crecimiento exitosas, en las que gravita la transformación estructural de las economías en una forma positiva y congruente con la ascendente inserción de ellas en la economía mundial.
Alentándose así ventajas de escala y de aprendizaje. Debemos marcar, siguiendo el análisis del paper, que se despliegan agudos argumentos acerca de diferentes variables. Por ejemplo, en lo que atañe a la productividad, se distingue entre la productividad “dentro” –interna– de cada rubro productivo, y la “entre sectores” o intersectorial. Lo que traduce semejanzas con la óptica que desarrolló Marcelo Diamand en la Argentina.
En sí, la productividad supone una relación entre las cantidades de producto generadas y la cantidad de trabajo aplicada al efecto, en determinado contexto de procesos productivos. Como se dijo, la productividad interna es la específica de un determinado sector o rubro. Un caso citado es el de Malawi, donde la minería es harto productiva en el renglón aludido –unas 136 veces la productividad de la agricultura de ese país–, lo que también respalda una fuerte competitividad.
Sin embargo, la minería se mueve allí a manera de un “enclave”. Su capacidad de absorción de empleo es roma, por lo cual, hay un indeseable enorme “exceso de mano de obra” (excess labor), por fuera de ese rubro, que deambula por las actividades menos productivas. Luego, el promedio de productividad agregada de la economía es magro.
Por ende, el quid para el crecimiento más exitoso es que un volumen importante de recursos productivos –los laborales vienen muy a cuento– se desplacen hacia actividades dotadas de mayor productividad y con capacidad de absorción de los mismos, estimulando por rebote la productividad promedio.
Aun cuando se trate de rubros que no se ubiquen de inmediato en la “cima” de la productividad interna y/o aun cuando su productividad interna crezca poco al inicio. Lo que es clave para el crecimiento más compacto es una mayor productividad desde la visual de la reasignación dinámica de recursos (y que los recursos laborales sean permeables a esa reasignación). Ya que estamos, recordamos a Diamand.
Diamand manejaba las categorías de modo bastante parecido. Tomaba a la productividad, conectándola con el concepto de eficiencia, haciendo al respecto oportunas distinciones. Por un lado, concebía la eficiencia operativa, que traducía la productividad de cada sector; la productividad interna de Rodrik. Diamand resaltaba sobre el particular las varias condiciones –naturales, históricas, etc.– que, cual trasfondo, posibilitaban el uso adecuado de la categoría.
Luego, se refería a la eficiencia en materia de asignación dinámica de recursos; la productividad intersectorial de Rodrik. Combinando, surgían las recias conclusiones que remataban en la categoría clave de la economía argentina: la estructura productiva desequilibrada. El agro mostraba claras ventajas de orden competitivo “estático” en lo internacional, lo que se tendía a conectar con la premisa de su mayor productividad.
Esas ventajas eran innegables, aunque en gran parte remitían a un relevante background, ligado a condiciones naturales muy beneficiosas. El sector manufacturero, por su lado, se ubicaba más abajo en lo relativo a la competitividad internacional estática, pero, según una visual dinámica, con las medidas adecuadas, cabía ir recortando esa inferioridad.
Adicionalmente, y esto merecía una consideración muy ponderable, el sector manufacturero proyectaba nítidamente una mayor captación de empleo, con lo cual, su aporte obtenía una enorme trascendencia en virtud de esa captación, fenómeno que permitía reducir excedentes de mano de obra y mejorar la productividad promedio de la economía.
En los primeros tiempos que escribía Diamand, el agro, aun con su competitividad estática, presentaba una evolución de su productividad interna bastante trabada. Más tarde, el agro, a la vez que confirmó su grado de competitividad, potenció notablemente su productividad interna.
De todos modos, y recapitulando, la apuesta al despliegue del sector manufacturero, incluido el de los servicios de más fuerza dinámica, es vital por las mayores chances involucradas en términos de creación de empleo productivo, instigándose así la suba de la productividad promedio de la economía, eliminando “redundancia” de mano de obra.
De paso, véase que en el reciente lapso en el que la industria generó en el país mucho empleo, igual fue destacable el alza de la productividad interna. En fin, por lo dicho, se comprende la plausibilidad de proceder a la integración productiva por medio del cambio estructural, yéndose también hacia la producción de un mayor valor agregado en la economía nacional toda.
Rodrik: cambio estructural y tipo de cambio competitivo. En el paper de Rodrik y McMillan, con gran convicción y poder persuasivo, atendiendo a experiencias fuertes de crecimiento, se pone de relieve la relevante funcionalidad al respecto de la transformación estructural de las economías (vía la integración productiva), dada su implicancia crucial en materia de productividad; proceso que hay que entender como el correlato, adecuadamente concebido, de una inexcusable inserción en la economía mundial.
Lo que se destaca, es que la productividad que más interesa es aquella que se conecta con la posibilidad de que los recursos laborales sean empleados, y no al revés, como erróneamente lo ven muchos economistas locales de derecha e izquierda, que admiran la “productividad sin gente empleada”. Lo que el paper marca adicionalmente, es que el tipo de cambio competitivo sostenible es una pieza maestra para la estrategia de desarrollo.
Muchas y buenas son las páginas escritas por Rodrik sobre el tópico. Más aún, este economista, también abocado al estudio de la política industrial y de la de comercio exterior, ha ilustrado las enormes dificultades que enfrentan los objetivos de estas políticas cuando impera un tipo de cambio bajo. A la postre, se trata de reflexiones que resultan útiles para el examen del caso argentino, incluso, mirando al futuro
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