Estuvo anoche, por tercera vez en la ciudad y siempre convocada por el Grupo GAMA de la Sociedad Rural de Rafaela, la filósofa Josefina Semillán Dartiguelongue, para hablar ante un auditorio interesante, sobre "Nuestro compromiso con la sociedad. Vínculos, solidaridad y responsabilidad".
Hablando de lo que se conoce como "enfermedades epocales", se mencionaron las enfermedades arraigadas en los bajos niveles de felicidad en la sociedad global, con logros que no se alcanzan nunca, o que al acceder a ellos no hay posibilidad de disfrute. De esto surge el análisis sobre la anhedonia, que es "la baja en la sensación de placer al estar vivos, siendo lo que soy en este día, no lo que no soy ni puedo llegar a ser. Entonces puede haber un disconformismo latente constante".
La costumbre, la rutina basada en el escepticismo regido en que "nunca nada va a cambiar y que todo cambio aunque ilusione en algún momento, es pura apariencia". Es por esto que en la actualidad "la sospecha es a priori. Todas las cosas que eran naturales hace muy poco, la espontaneidad atravesada sobre la conciencia de un peligro y de la amenaza quita viabilidad".
Semillán considera que las nuevas generaciones "yasísiticas", donde la inmediatez se da en todos los aspectos, desde lo sexual, lo material; y todo basado en las ganas, lo cual surgió de condiciones de masividad para que se presenten estos comportamientos.
Actualmente la neurociencia fortifica las explicaciones filosóficas, porque sostiene que "si usted quiere que alguien cambie, la palabra ayuda, pero no define esa transición. Alguien cambia si ve vivir a otro y este modo lo hace sentir como alguien importante, interesante. El cambio se afirma con la fundamentación y la explicación". Entonces la declamación sobre los valores, las actitudes, las prácticas, tiene que tener un correlato en la acción, para poder así replicar ese modelo hacia los demás, para que no choque con una contradicción, "el decir contra".
Es por eso que las claves de avance en estos tiempos vertiginosos, de solución de las problemáticas se plantean a partir de "una comunicación sentida, al punto específico, sin grandes introducciones, cambiando de la queja al planteo de necesidad del otro, pidiendo con sentido de grandeza sin pérdida de dignidad, con tono no miserable, de manera breve y sin sacar conclusiones ni moralejas, para no matar el mensaje. Se han dado nuevas formas de comunicación y atención".
Es por todo esto y muchas variables más de la filosofía vigente que Josefina Semillán planteó una "incentivación para una construcción democrática compartida, además de la comprensión del cambio en los códigos de comunicación, porque si no cambiamos los lugares desde el que hablamos y el que escuchamos no va a pasar nada o nos aburriremos cósmicamente todos, con niveles de frustración más altos de los que tenemos".
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