Camas separadas

Camas separadas
Tal cual buen conservador confesional, Celso Jaque no sólo está contra el matrimonio gay sino también contra el divorcio. Por eso acepta las separaciones de hecho, pero no la ruptura definitiva del vínculo matrimonial, como lo demuestra con los Kirchner y con su vice.
Luego de lo acontecido con Julio Cobos, los políticos mendocinos parecen haber evaluado como algo negativo los divorcios vinculares efectivizados según todos los requisitos que marca la ley.

Por lo tanto, se vienen extendiendo cada vez más las separaciones de hecho, a través de las cuales las parejas en disputa continúan viviendo en el mismo techo pero sin compartir más el lecho. Una forma práctica de subsanar la imposibilidad de la convivencia pero, a la vez, dejando una puerta abierta para la reconciliación, sin tener que pasar por la pesadilla de la división ganancial de bienes y su eventual posterior reconstitución.

Experiencias como la de Cobos de divorciarse y luego casarse de nuevo con aquellos de los cuales antes se divorció son, quizá, infinitamente más apasionantes -e incluso exitosas en sus momentos de apogeo- que estas aburridas separaciones circunstanciales basadas más en la mutua indiferencia que en el reproche o el rencor.

Pero los costos finales son infinitamente más altos, como hoy lo vivencia en carne propia el vicepresidente al tener que soportar el contradictorio infierno de vivir en la casa de su segunda pareja mientras vuelve a ponerse de novio con la pareja del primer matrimonio. Con los consiguientes enojos de ambos contrayentes y la confusión que ésto genera en la sociedad.

Así, quizá advertidos por los estrepitosos divorcios protagonizados por el peronismo renovador local de los 90 y el radicalismo posterior, el peronismo conservador que gobierna la provincia, produjo dos separaciones de hecho -muy diferentes entre sí- que mantienen las formas protocolares pero vaciadas de contenido. Bien a tono con el espíritu confesional profesado, que antepone la unidad familiar al amor de los contrayentes.

La primera separación ha ocurrido con el gobierno nacional, ocasionado en primer lugar por la inmensa traición del kirchnerismo al jugarse éste por la prolongación de la promoción industrial impulsada por el sanjuanino Gioja en contra de los intereses de Mendoza. Y en segundo lugar por las diferencias que mantiene el gobernador con la presidenta en temas como el matrimonio entre personas de un mismo sexo y en casi todas las cuestiones de la vida privada.

Pero aunque esas sean las razones explícitas de la separación, la verdadera causa es bastante más minúscula: ocurre que al gobierno nacional hoy Mendoza no le suma electoralmente por las bajas performances del kirchnerismo local y entonces le da lo mismo que hagan comicios unificados o desdoblados de la nación, mientras que a los intendentes peronistas, por el momento no les conviene ir juntos al kirchnerismo porque sus hegemonías municipales pueden sucumbir si la lista única es votada por el arrastre de la fórmula nacional.

Entonces, cada uno ha decidido marchar por su lado para intentar salvarse solo, ya que ninguno le aporta al otro.

Pero si, con el tiempo, las tendencias electorales se modificaran, no dudarían ambos miembros de la pareja en reconstruir plenamente su unión.

Con respecto al vicegobernador Cristian Racconto, la separación es más grave porque éste ha decidido cambiarse de partido... o mantenerse en el mismo partido en su versión antikirchnerista, lo que es más o menos lo mismo porque el affectio societatis entre ambas fracciones peronistas hoy es prácticamente nulo.

Claro que en esta separación, los más interesados es dejar las cosas como están son las huestes del gobernador Celso Jaque, mientras que al vicegobernador le encantaría que le pidieran el divorcio vincular y los escándalos que ello generaría.

Es que los jaquistas ni por asomo piensan darle oxígeno a una versión local de Cobos, sabedores de los costos que ello tuvo para los Kirchner. Por eso quieren matar a Racconto con la indiferencia extrema ignorándolo diga lo que diga, no importa cómo lo diga ni con quién lo diga.

Se apoyan para eso, en un caso anterior similar que le ocurrió al radical Roberto Iglesias cuando siendo gobernador, su vicegobernador frepasista, Juan Horacio González Gaviola, primero se le insubordinó y luego se pasó a las filas kirchneristas. Pero como el radicalismo gobernante no dijo ni pío, las constantes diferenciaciones del vice no tuvieron el menor efecto político dentro del gobierno ni la menor repercusión política en la sociedad.

En síntesis, todos juntos pero separados aunque el amor haya desaparecido, como dictan la tradición y las buenas costumbres políticas locales.

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