Boudou, Aníbal F., Moreno y Timerman ya tomaron distintos recaudos por miedo a sufrir eventuales escraches.
Clarín supo a través de interlocutores del vicepresidente Amado Boudou, del senador Aníbal Fernández, del secretario de Comercio Interior Guillermo Moreno, y del canciller Héctor Timerman que los funcionarios ya tomaron la decisión de evitar su exposición en espacios de ocio que antes frecuentaban .
Como ocurrió tras algunos escraches en plena crisis del campo, ahora también vuelven los tiempos de austeridad de imagen. Recientemente, Moreno sufrió pintadas y botellazos contra el edificio en Constitución donde vive . Poco le sirvió la discreción y el secretismo con que maneja el súpersecretario en su vida privada.
Con un perfil notablemente más bajo desde que la Justicia lo imputó por el caso Ciccone, el vice de Cristina abandonó sus recitales de guitarra ante públicos masivos , sus destellos de hombre joven, la Harley Davidson, y sus paseos en jogging por Puerto Madero, con su pareja Agustina Kämpfer. Boudou era habitué de restaurantes como Happening, José Luis y La Stampa, adonde diferentes testigos aseguran haberlo visto con Alejandro Vandebroele, denunciado como “testaferro” de Boudou en Ciccone en tiempos en que el vice era ministro de Economía. Tampoco se ve ya a los funcionarios brindando en el restaurante Aldo’s, de la calle Moreno, reducto de los almuerzos de los hombres de Economía.
Este diario pudo saber que Boudou confesó a sus amigos que ya no puede salir y que se refugia en el restaurante del Palacio Duhau, en Recoleta, adonde le gusta ir a comer hamburguesas.
Aún siendo ministro del Interior, de Seguridad y Justicia, y después jefe de Gabinete, Aníbal Fernández era un incansable habitué de las tribunas en la cancha de Quilmes, el club que hoy preside. “Para los que son del palo, este libro es para que tengan piedras que tirar”, dijo el ahora senador cuando en mayo de 2011 presentaba en la Feria del Libro su anecdotario de “Zonceras argentinas y otras yerbas”. Ahora es al revés. Aníbal F. confesó a distintos interlocutores que ya le cuesta ir a la cancha por temor a que la gente lo insulte.
Entre tanto, las preocupaciones de Timerman pasan por cómo presentarse este año en Punta del Este, adonde tampoco cosecha simpatías. Timerman y su esposa son habitués del lujoso balneario desde sus infancias. Y pese a las restricciones al dólar festejará allí el casamiento de su hija Jordana en José Ignacio, donde se sabe ya no es bien recibido (ver página 15). Turistas de todo el planeta adoran comer y tomar tragos frente a La Huella, pero sus residentes están que trinan con los presuntos incumplimientos medioambientales del local, que avanzó tremendamente sobre los médanos. El temor de Timerman también es de aparecer entre miembros de la colectividad judía, que veranean en “Punta”, y que ya dejaron saber que desaprueban por ejemplo que haya comulgado con aspectos políticos nacionales como el reconocimiento de Palestina.





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