Los “boqueteros” que el domingo a la madrugada se alzaron con 356 mil pesos del cajero del Banco Chubut, ubicado en el Hospital Regional de Comodoro Rivadavia, ingresaron a la sala de reposición por una ventana tapiada con ladrillo hueco que comunicaba a la central de electricidad del nosocomio.
La policía continúa en la búsqueda de pistas sobre los autores del robo al cajero automático perpetrado el domingo a la madrugada en Comodoro Rivadavia.
De acuerdo a fuentes de la investigación, hasta ahora se conoce que los “boqueteros” llegaron al estacionamiento ubicado detrás de la dependencia que el Registro Civil tiene en el ingreso al Hospital Regional para la inscripción de recién nacidos.
Los autores, cuyo número todavía no fue precisado, bajaron las herramientas, amparados por la oscuridad del lugar y los árboles. Se dirigieron a una vieja sala de electricidad, emplazada en el mismo sector y allí comenzaron la operación, en una pequeña habitación de alrededor de 1,90 metro x 1,50 en la que funciona la sala que proporciona energía eléctrica al hospital público.
Los delincuentes tenían el dato de que desde allí rompiendo algunos ladrillos huecos estarían ya dentro de la sala de reposición del cajero automático.
Ese cajero automático del Banco del Chubut inaugurado en enero de 2011 fue construido en el ingreso al hospital, sector que se encuentra separado del edificio central del nosocomio.
La pared de la sala de reposición de dicho cajero fue levantada en forma contigua a la del Registro Civil y la sala de electricidad, tapando con ladrillos huecos dos filas de ventanas de las antiguas instalaciones.
TALON DE AQUILES
Los delincuentes tenían información sobre ese punto vulnerable. Para ingresar rompieron la cerradura de la puerta de la sala de electricidad con la ayuda de un taladro conectado a un toma corriente que estaba ubicado en la parte exterior del edificio a centímetros del marco.
Una vez rota la cerradura, se introdujeron a la sala en la que llamativamente no tocaron ningún cable, lo que podría haber dejado sin energía al nosocomio y levantar sospechas.
La sala tiene en su ingreso un pozo de 60 centímetros de profundidad por el que viajan los cables del antiguo sistema de tensión. Los delincuentes se encontraron con una escalera en el interior y con un reducido espacio para trabajar. Eligieron una de las tres ventanas tapiadas, la de abajo que está ubicada a 1,50 metro desde el suelo. Quitaron el vidrio y comenzaron a picar el cemento y el ladrillo hueco con que había sido tapiada la abertura.
Fueron sumamente cuidadosos. Nadie escuchó ruidos. Nadie los vio ingresar, a pesar de que el centro asistencial cuenta con seguridad privada.
Hicieron un boquete de 53 centímetros de ancho y 37 centímetros de alto. Para evitar que se activaran los sensores de la alarma, desde la misma sala de electricidad rompieron el sistema con una lanza y luego cortaron los cables. De esa manera, la alarma de la sala de reposición que cuenta con un sistema de alerta de movimiento y de humo fue destrozada.
Los delincuentes entraron por el boquete burlando así la seguridad de una puerta principal blindada y con rejas que había en el ingreso principal de la sala de reposición de dinero.
Según las fuentes consultadas, la alarma de la parte exterior que tienen un dispositivo sonoro no habría ni alcanzado a sonar. Los autores se dirigieron al corazón del cajero y ayudados con un equipo de oxicorte --compuesto por uno o dos tubos de oxígeno y un soplete-- realizaron una línea de puntos circulares en el acero. Una vez que lo hicieron trabajaron en la parte lateral del cajero y lograron abrirlo.
De ese modo, se alzaron con tres, de las cuatro cajas de dinero, todas cerradas. Dos de ellas contenían billetes de 100 pesos y la restante billetes de 50, totalizando una suma de 356.000 pesos, como adelantó ayer Diario Patagónico.
No se llevaron el disco de las grabaciones de la cámara de seguridad del cajero, pero sí todas sus herramientas. Y salieron por donde habían ingresado. En menos de cuatro horas dieron el gran golpe.
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