Por Alcadio OñaEl martes, en Córdoba, Cristina Kirchner ratificó la continuidad del modelo económico: en realidad, nadie esperaba otra cosa. Aunque el tan mentado modelo ya no es igual al que venía de antes y pasó a los primeros años del kirchnerismo: del esquema de tipo de cambio alto y superávits fiscal y comercial holgados, sólo queda, gracias a la soja, el superávit comercial.
El punto es que hay otro modelo, asociado y acaso más potente: el de la gestión híper centralizada del poder , encarnado por Néstor Kirchner. En el que podían coexistir contradicciones y fracciones políticas antagónicas, compromisos y acuerdos de lo más diversos, simplemente porque él contenía a unos y a otros y arbitraba en todo.
En ese sistema vertical, delegaba poco o nada. Conocía cada resquicio, daba órdenes, controlaba que se cumplieran y sancionaba según su propio patrón. La cuestión es, entonces, cómo será administrado ese modelo enmarañado sin el Kirchner ordenador y omnipresente .
Consultaba a su esposa, pero las grandes decisiones económicas salían de su cabeza y los ministros eran meros ejecutores de directivas: entre tantas otras, desde la intervención al INDEC y los operativos de Guillermo Moreno hasta el pago al FMI, la estatización del sistema previsional y el uso de las reservas. En el trasfondo siempre había un alto porcentaje de política.
Tan es así, que el lunes, durante un acto en la Facultad de Ciencias Económicas, a Moreno se le escapó que se habían quedado “sin conducción” . Rápidamente corrigió la torpeza y remitió a la conducción de la Presidenta, pero lo que dijo huele bastante a lo que en verdad piensa.
Una pieza esencial del esquema de poder K fue, siempre, la enorme caja fiscal . La que se arma cada año con los cuantiosos excedentes que surgen de subestimar los recursos en el Presupuesto: hay quienes calculan que en 2010 podrían bordear los $ 60.000 millones.
Era usual que ningún secretario de Hacienda soltara plata para gobernadores o intendentes sin reportar al ex presidente. El decidía a quién si y a quién no, a cuáles poco o a cuáles mucho, según arreglos políticos previos que a menudo sólo Kirchner conocía o bajo su sistema de premios y castigos. Allí entraban, también, adelantos de coparticipación que permitían a provincias ahogadas pagar incluso salarios o aguinaldos: Buenos Aires es un ejemplo reiterado. Y todo, sin pasar por el ministro de Economía .
Algo semejante ocurría con el Ministerio de Planificación, o más precisamente con el secretario de Obras Públicas: para el caso, viviendas, escuelas o caminos. Así, José López, el encargado de esas tareas, logró componer una relación tan directa con Kirchner que terminó en cortocircuitos con su jefe , Julio De Vido.
No es casual, pues, que la caja fiscal ocupe hoy el centro del debate sobre el Presupuesto de 2011. La oposición pretende que el oficialismo blanquee un excedente que estima en $ 35.000 millones y, además, gravitar en el uso de esos fondos: claramente, imponer el 82 % móvil para las jubilaciones mínimas y el ajuste de haberes en base a fallos judiciales ya dictados. Llegado el caso, hacerle pagar al Gobierno, otra vez, el costo político de bochar algo semejante .
Este cerrado régimen de poder es el que debe ser rearmado ahora, en ausencia del líder. La propia Presidenta buscó, por estos días, interiorizarse de algún acuerdo apalabrado por su esposo que ella desconociera . E intenta articular nuevos canales de contactos con operadores clave de su equipo: el secretario de Legal y Técnica, Carlos Zannini, Aníbal Fernández y De Vido.
Queda la posibilidad, manejada en círculos de la oposición, de que emerja un sistema algo más abierto y con cierto espacio para la negociación. Si es así, no será el de Kirchner.
Por lo demás, era impensable que el Gobierno cambiase lo que considera su modelo económico: al contrario, insistirá con aquellas medidas que puedan arrimarle rédito electoral. La diferencia es que ahora no estará Kirchner, el mentor de ideas que pasaban por la economía y terminaban en la política .
Tal cual sucedió en toda la era K y también en países vecinos, ayudará mucho el factor externo, la supersoja y la demanda brasileña de bienes industriales argentinos. Entre ambos, explican buena parte del crecimiento de la economía. También acompaña la baja internacional del dólar, que amortigua el deterioro del tipo de cambio.
La formidable liquidez mundial y el dólar aquí planchado han dado lugar, además, a un fenómeno bien conocido: la bicicleta financiera . Claro que si las condiciones externas cambian los fondos también pueden salir.
El problema será la inflación, que el año próximo amenaza con escalar al 30 %, más las tesiones sociales que pueda acarrear. Cuando el costo de los alimentos avanza sin frenos, hasta se come a los propios planes sociales del Gobierno. Cualquiera lo sabe, y no hay Boudou ni Moreno que puedan dibujar la realidad .








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