Caja grande

Una denuncia indica que la presidenta del Consejo Escolar está usando el fondo destinado a mantener edificios escolares para lo que ella quiere. Mientras tanto, festeja su reciente elección como diputada provincial, y agradece al intendente su pasaje a La Plata. Otra caja grande está a su alcance. ¿Por qué no habría de usarla?

Esta semana, un diario local llenó el espacio de su página 7 –sí, impar y de arranque- con la presentación en sociedad de la cara sonriente de la nueva diputada provincial que salió del horno de Acción Marplatense, en su más reciente fabricación de cargos.

El partido local fue quien la propuso para integrar la lista de Frente para la Victoria, como quien otorga al Gobierno provincial un presente prometedor. Pero en realidad, no está todo dicho acerca de si el paquete suma o resta, o cuáles son las ventajas que brindará la funcionaria en la nueva vida política, tomando en cuenta lo poco poblada que está su trayectoria laboral. A juzgar por la precisión de las declaraciones vertidas, tampoco queda claro si ella misma lo sabe.

Se trata de Alejandra Martínez, actual presidenta del Consejo Escolar del distrito de General Pueyrredon, quien tuvo sus quince minutos de fama a partir de la renuncia del funcionario anterior en el cargo, José López, a quien ella –de lo más dispuesta- sucedió.

En el artículo, Martínez narra una historia política que no es precisamente asombrosa, y que se limita a haber militado en el MID durante su juventud. De allí en más, apoyó a Acción Marplatense… con el voto. Pavada de currículum.

Mágicamente parece que la fueron a buscar a la casa, y mágicamente también, terminó siendo presidenta de un órgano colegiado que no ha pasado el mejor de sus años. Nadie dice que haya sido porque ella lo presidió, pero las voces se corren, y es innegable que tuvo que ver con el curso de una gestión que sólo generó descontentos, y también algunos triunfalismos hirientes.

Es que el Consejo Escolar se mudó en medio de un escándalo de precariedades. No se trató de falta de dinero, sino de carencia de previsiones administrativas. La presidenta del cuerpo decidió el traslado sin tener en cuenta los requerimientos elementales, como agua, teléfonos, muebles. Encima, en el menos inteligente de sus días, se refirió a los compartimentos de durlock que se construirán para subdividir las oficinas, y delimitar virtualmente los espacios de trabajo, es decir los boxes, comparándolos con un haras.

Como todos recuerdan, este año las dependencias administrativas y de atención al público del Consejo, se mudaron al gran edificio de Colón 6040, entre Victoriano Montes y Juncal, que alguna vez fue el ámbito administrativo de Supermercados Toledo. Y allí terminó de coronar una etapa nefasta que Martínez parece no identificar por completo.

En el mismo desafortunado desliz en que habló de las oficinas como “caballerizas”, también tuvo la idea de pintarse de cuerpo entero aludiendo a sus empleados como si fueran “tropas”, pero desobedientes y amotinadas:

“¡Ojalá fueran tropas, responderían al mando natural!!” escribió en su Facebook, como si nadie fuera a leerlo.

No terminan sus seguidores de creerlo, pero significa que está definitivamente elogiando la estructura verticalista de las fuerzas armadas, en desmedro del caótico resultado que produce tratar con civiles, que responden a la vida común y silvestre, a su propio deseo, o al deseo del grupo. Luego, una amiga le recomendó en el ámbito de la misma red social, que usara un látigo contra todos ellos, pero Martínez se excusó de esa posibilidad diciendo: “necesito que me voten”.

Y le salió bien: la votaron, y hoy es diputada provincial, con lo cual da para creer que a partir de aquí mostrará un verdadero yo que no estaba en condiciones de exhibir hasta ahora.

Caballerizas

A todo esto, el Consejo tomó posesión anticipada del espacio en marzo de 2011. Desde ese momento estuvo en condiciones de realizar las adecuaciones necesarias para que el edificio fuera apto para recibir semejante cantidad de personal: teléfonos, muebles, sanitarios, aire acondicionado, luminarias, etcétera.

Aunque en realidad, allí comenzó la seguidilla de errores de gestión interna e externa que condicionaron el actual de estado de cosas. Porque según todos afirman, la presidenta Martínez es autoritaria y personalista. No es capaz de hacer acuerdos con la totalidad del Consejo, sino que impone sus decisiones políticas según su conveniencia. Hace lo que quiere y como quiere. Tanto es así que, aunque Martínez se hace la desentendida, pesa sobre ella una grave denuncia realizada ante la Fiscalía Nº 10 de Lorena Hirigoyen, que procede de haber imputado al llamado Fondo Compensador -el destinado por el Estado al mantenimiento de los edificios escolares, según la ley 13.010- los gastos que a ella le han venido en gana.

Por ejemplo, se indica que pagó de allí la factura de EDEA del nuevo edificio del Consejo, y consta la operación en el libro de bancos que lleva el área contable a cargo de la tesorera, María Eugenia Prada. Sin embargo, la misma funcionaria ha omitido consignar el número de expediente que, según la normativa vigente. debe constar en todos los casos en que se efectúe un pago.

Pero eso no es todo: según sigue la denuncia, también se puede observar en el informe de saldos contables, que se ha imputado al mismo Fondo Compensador, un gasto de $72.000. Se trata de lo que costó la mudanza del Consejo, dinero que debió salir de una partida específica para tal fin.

Y hay más. También fue a parar allí, con fecha 19 de agosto, el gasto de $7.200 que costaría la mudanza del Tribunal de Clasificación, con el agravante de que la factura recién se vencía el 24 de septiembre, y para colmo de males, esa dependencia aún no se ha mudado. Es decir que es una mudanza que se paga anticipadamente con un dinero que no es para eso.

De ese mismo fondo, el de mantenimiento de escuelas, sacó, por ejemplo, plata para comprar resmas de hojas, cuando tal gasto debió hacerse con el dinero del llamado Fondo Descentralizado, el previsto para gastos operativos.

Si todas estas operaciones se efectivizan, el Fondo Compensador estará comprometido hasta el 31 de marzo del año entrante, y generará así gastos a futuro: la presidenta ya no estará cuando se comience el ciclo lectivo con el dinero gastado.

Con esta información, resulta más que comprensible por qué a la presidenta del Consejo las escuelas se le están viniendo abajo, literalmente. El dinero para arreglar edificios, mantener los techos arriba de las paredes y las paredes perpendiculares al suelo- que es lo menos que se puede pedir- se está usando para pagar fletes de papeles. Ni hablemos de calefacción y agua, que son palabras mayores, cuyo confort parece no estar previsto para docentes y alumnos de esuelas públicas.

Mutis permanente

Pero la presidenta Martínez no se hace cargo. En la mencionada nota periodística en un diario local del 28 de noviembre, minimizó el contenido de la denuncia diciendo: “lo único que sé es que ha aparecido en algunos portales, no tengo conocimiento de cuál es la situación específica a la que se alude. Difícil resulta aventurarme a responder algo que desconozco. Sería muy irresponsable y poco serio de mi parte.”

Irresponsable y poco serio. Puede ser. Tan irresponsable como parece no prever que el dinero que está usando para pagar camiones de traslado debe ser usado para sostener los edificios de la educación pública.

Pero a la hora de presentarse ante la prensa, prefirió explayarse en sus planes de futuro con palabras aun menos específicas que las que implementó para dar cuenta de la denuncia. Dice que va a trabajar “por una Mar del Plata de doce meses”, sin duda gastando a cuenta de los meses que vendrán. “Más igualitaria e inclusiva”, como la Mar del Plata que deja a los sectores más carenciados con escuelas en ruinas, de paredes agrietadas y techos amenazantes. Y si no, basta con dar una vueltita por la escuela del basural, donde se puede ver cómo es eso de ser inclusivo e igualitario. ¿Igualitario respecto de quién? De Ruanda.

Sin embargo, en la nota que anuncia este futuro político tan prometedor, ni siquiera pudo afirmar en qué comisiones se va a desempeñar, porque- así parece- todavía no ha recibido órdenes al respecto: “Aún no hay una última palabra al respecto, por lo tanto lo más prudente es no adelantar nada”, afirmó, como si generara alguna expectativa.

La verdad es que semejante planes políticos, lejos de llevar a alguna conclusión, mueven a risa. Una risa colectiva sostenida por la falta de propuestas de quien dice que comparte el proyecto del intendente Pulti, pero no termina de redondear cuál es.

“Creo que el desafío está en trabajar fuerte por la ciudad, acompañando y reforzando el proyecto que ya está en marcha desde hace cuatro años y que ha tenido un voto de confianza”: más de lo mismo.

Por ahora, solamente hemos visto que tiene una especial habilidad para resguardar el vocabulario y los modales que en realidad desearía usar, pero sólo “hasta que la voten”. Y que se esmera en usar la “caja grande”, el dinero de las escuelas, para lo que le viene mejor.

Quizá hasta sea por eso que debe esperar para definir en qué comisión estará cuando trabaje en el parlamento provincial. Todavía no se sabe cuál tiene más caja. Y encima, ya tiene vía libre para usar el látigo.

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