Fue en el marco de un plan para expulsar del país a “criminales convictos” sin papeles.
Del total de 2.901 detenidos, cinco son argentinos , según confirmó a Clarín una vocera del ICE, Nicole Navas. “Todos ellos convictos por crímenes en Estados Unidos y ahora sujetos a remoción”, según precisó la portavoz. Navas indicó que se trata de una persona de 33 años residente en Sarasota y otro de 36 de Opa Locka, ambos en Florida, y –siempre sin precisar si se trata de varones o mujeres- otro argentino, de 31 años, de Rahway, en Nueva Jersey. Los dos restantes –una persona de 39 años de El Campo, en Texas, y otro de 32 de Springfield Gardens, en Nueva York– están en la lista como listados como “fugitivos para inmigración”, por lo que en sus casos se agrega el hecho de que ya se les había ordenado que dejaran el país, y no lo hicieron.
Cuando se le preguntó a la vocera qué tipo de crímenes cometieron estos argentinos arrestados, se limitó a confirmar que se trató de delitos ocurridos en Estados Unidos, pero que no contaba con más detalles. Los consulados argentinos en Estados Unidos ya están “juntando la información” sobre estos casos y preparándose para actuar, informaron a Clarín fuentes diplomáticas. De todas maneras, y al parecer a causa de los procesos internos del ICE, la agencia de inmigración y aduanas informará a los consulados las identidades de los arrestados recién hoy.
La deportación de indocumentados, que además son criminales condenados, es una de las bases de la política migratoria de Obama, quien llegó a la Casa Blanca con la promesa de hacer avanzar una reforma “integral” en su primer año de mandato, incluyendo el objetivo de regularizar la situación de la mayoría de los 12 millones de indocumentados que viven en el país , pero recién después de reforzar las medidas de seguridad en las fronteras. La reforma chocó contra la cerrada oposición de los republicanos, pero Obama siguió adelante con la profundización de los controles y de las deportaciones. Según algunas organizaciones defensoras de los derechos de los inmigrantes, desde que asumió Obama se deportó a más de un millón de personas, bien por encima de los números que llegó a marcar su predecesor, el republicano George W. Bush.
El gobierno asegura que las deportaciones masivas apuntan exclusivamente a inmigrantes ilegales que cometieron delitos en el país y que, por una causa o por otra, todavía siguen en territorio norteamericano. La separación de los poderes y la vastedad del territorio del país hacen que un ilegal pueda ser procesado por algún delito, condenado y hasta pasar tiempo en prisión sin que las autoridades federales, las únicas autorizadas a deportar, se enteren de su presencia en el país.
Durante una mesa redonda que se organizó en la Casa Blanca para responder preguntas que estadounidenses latinos hicieron al presidente a través de los sitios en español de los portales Yahoo, MSN y AOL, Obama defendió está estrategia de deportaciones. “Si miran a las estadísticas –dijo el presidente- pueden ver que pasaron dos cosas: en primer lugar se puso un énfasis más grande en criminales antes que en no-criminales y, por otro lado, que esas estadísticas son engañosas”. Es que, según Obama, ahora se cuenta como deportación “a las personas que se detienen en la frontera” sin papeles “y que son enviados de regreso a sus países, aunque hayan estado en custodia de las autoridades migratorias por un día o 48 horas”.

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