El 13 de enero un nene logró resolver el brutal crimen de su madre con su testimonio. Así la policía detuvo al autor del homicidio y halló el cadáver de la víctima. Cómo los contiene la justicia. La opinión de investigadores y forenses.
Gabriela Oprandi
Aguantó una semana en silencio. Apenas su padrastro salió de la casa en la que estaban, contó en detalle lo que vivió la tarde del domingo 13 de enero en Colonia Naranjito, un paraje ubicado a pocos kilómetros de la localidad misionera de Jardín América. Le contó a la mujer que lo cuidaba y que los alojaba, que el hombre había matado y enterrado a su madre en la zona de un pinar.
Al principio, la mujer no le creyó, hasta que el menor los llevó hasta el lugar en donde encontraron el cuerpo en estado de descomposición de Liliana Falcón, quien tenía un profundo corte en el cuello. El jefe de la Unidad Regional IX Jardín América, Juan Carlos Vogler, cuenta a Tiempo Argentino que la mujer le empezó a dar charla al nene porque no lo veía bien. "La señora de la casa se dio cuenta de que el nene estaba mal y aprovechó el momento en el que el hombre salió a buscar trabajo para preguntarle que le pasaba. Entonces fue ahí cuando el chico le dijo donde estaba su mamá y que el hombre la había matado."
Como en el caso de este niño, que se ánimo a hablar y colaboró para que la policía encontrara al asesino de su madre, hay otros menores que resultaron ser testigos de homicidios y sus testimonios se convirtieron en piezas claves de investigaciones judiciales. En algunos hechos fueron el puntapié inicial de la causa y en otras, a pesar de que colaboraron, no fueron tenidos en cuenta.
La justicia considera como válidos los testimonios de niños que fueron testigos de crímenes, una vez que fueron evaluados por profesionales del área de la psicología. Gabriela Trabazzo, psicóloga de la División Ciencias de la Conducta que pertenece a Delitos Complejos de la Policía Bonaerense, comenta a Tiempo que "no siempre se puede tomar el testimonio del niño como cien por ciento creíble porque a veces inventan", pero remarca que "el testimonio de ellos permite achicar la hipótesis con las que trabaja la justicia.
"Si lo pide el fiscal, se analiza la causa y se evalúa al niño. Primero se hace una entrevista evaluativa para ver el contexto del menor o la menor y su madurez intelectual. Y también se evalúa el trauma que le quedó del suceso. Nunca hay que revictimizar al niño", explica Trabazzo, quien trabajó con Brian –no es su verdadero nombre– un niño de cinco años que fue testigo de la violación y homicidio de su abuela y de su tía, en la localidad de Moreno, y colaboró para dar con el asesino.
"En las sesiones, Brian contaba que se hizo el muerto el día que el delincuente estaba en su casa. Pero eso era inventado porque la realidad es que lo llevaron desmayado al hospital con traumatismo de cráneo. El delincuente lo golpeó y pensó que lo había matado. Pero a pesar de eso, el nene reconstruyó la escena del crimen en perfectas condiciones y también recreó con muñecos la escena sexual que vio", relata Trabazzo.
Según la profesional, al nene le había quedado un gran trauma, pero él mismo sentía que al contarlo ayudaba a encontrar al asesino y además alcanzaba a sentir cierto alivio.
Pero no siempre los testimonios de niños, tal como ocurrió en el caso de Brian, o del chico de siete años de Misiones, adquieren la misma importancia en la investigación. El año pasado, el Tribunal Nº 2 de Morón absolvió al imputado de un triple crimen ocurrido en Ituzaingó en noviembre de 2009, al no encontrar pruebas suficientes para condenarlo.
En ese caso, el testimonio de Camila –no es su nombre real–, una nena que tenía tres años cuando presenció el homicidio de sus padres, fue clave para dar con el imputado que estuvo detenido hasta el momento del juicio, pero no fue válido en la etapa final.
Walter Cayuela, abuelo de la nena que hoy tiene siete, cuenta que los jueces "desconocieron el testimonio de su nieta". "Además de lo que contó mi nieta, había otras pruebas relevantes en la investigación, como el ADN y el análisis de los teléfonos", señala Cayuela.
Hoy Camila vive con sus hermanitos mellizos de tres años –que también estaban en la casa el día del triple crimen– y sus abuelos paternos. Cayuela cuenta que si bien su nieta, hace una vida normal, sigue con tratamiento psicológico y psiquiátrico y que a pesar que sabe que sus padres están muertos, por recomendación de la psicóloga nunca fue al cementerio.
El criminalista Raúl Torre dice que no sólo los niños aportan información sobre determinados delitos, sino que también al confeccionar un identikit sus declaraciones son bien recibidas: "Los menores que participaban como testigos, resultan ser los más fidedignos, porque al no medir el peligro a que estuvieron expuestos, resultan haber vivido el hecho como una especie de aventura."
ÚLTIMOS CASOS. La semana pasada, un niño de siete años fue testigo del crimen de su madre y de su hermana, en la ciudad de Rosario. "Mataron a mi mamá y a mi hermanita", es lo que se le escuchó decir al nene que logró sobrevivir al ataque de un grupo de delincuentes que entraron a robar a su casa. Los investigadores sospechan que el móvil del doble crimen fue un robo y hasta el momento, detuvieron a un vecino de las víctimas.
El niño, según contaron fuentes de la pesquisa, logró dar detalles de las personas que entraron a la casa, datos que fueron reforzados por otros testigos que alcanzaron a ver a los delincuentes cuando se escapaban del lugar.
Otro menor se convirtió en la madrugada del 3 de enero pasado en testigo principal de un doble homicidio en la ciudad de Lincoln. El fiscal a cargo de la causa, Carlos Colimedaglia, cuenta que el testimonio del chico era importante para empezar la investigación: "Necesitábamos el testimonio del testigo principal, que era el chico de 13 años. Entonces el cuerpo interdisciplinario actuó rápidamente y evaluó si estaba en condiciones de contar lo sucedido. Como vieron que el chico estaba entero y quería colaborar se le tomó el testimonio previo que la psicóloga certificara que el testimonio era creíble y válido."
El fiscal señala que, si bien el testimonio fue clave en ese momento para dar con el responsable de los crímenes, el resultado de la investigación se precipitó porque el asesino apareció muerto.
“Fue un testimonio muy duro, porque el menor estaba agobiado, porque le mataron a su mamá y a su hermana, cuenta Colimedaglia que concluye: “Siempre vamos a tener la necesidad de la prueba, pero se preserva ante todo el derecho del niño." «
El dato
Cámara Gesell
La justicia suele utiilizar la Cámara Gesell para tomar testimonios de los chicos que estuvieron en la escena del crimen de los homicidios de su entorno familiar. En esos casos, los funcionarios judiciales están acompañados de peritos psicólogos para preservar a los menores.
El sistema de protección de testigos
En la Argentina el sistema de protección de testigos se encuentra regulado por el Programa Nacional de Protección a Testigos e Imputados que funciona en el ámbito de la Secretaría de Justicia, del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos. El sistema está dirigido a testigos e imputados que realizan algún aporte trascendental en la investigación judicial de competencia federal (narcotráfico, secuestro extorsivo y terrorismo, delitos de lesa humanidad cometidos en el período 1976/1983, y trata de personas) y que se encuentren en una situación de riesgo. Las víctimas tienen para su atención una oficina en la que no se distingue el tipo de delito y que depende de la Procuración General de la Nación.El Programa funciona a partir del pedido de la autoridad judicial que recibió la declaración, luego del análisis de trascendencia, debiendo ser acompañada por la opinión del representante del Ministerio Público.
Las medidas pueden ser custodia personal o domiciliaria, alojamiento transitorio, cambio de domicilio, ayuda económica por no más de seis meses, asistencia para la reinserción laboral y el suministro de documentación que acredite la identidad. En el caso de la causa de Ramoncito, sólo hay una niña que pudo formar parte del programa de testigo protegido.
Corrientes: el crimen ritual de ramoncito
Ella fue quien desató la investigación por la muerte de Ramón González, conocido como "Ramoncito", y quien aportó toda la información de cómo se desarrollaban los rituales en el que fue asesinado el niño de 12 años, en octubre de 2006, en Mercedes, Corrientes.
Ramonita, la nena que tenía 12 años en ese entonces, y compañera de la calle de la víctima, se animó a hablar casi un año después de ocurrido el crimen. Luego de su declaración, fue amenazada y tuvo que abandonar la ciudad. La justicia la alojó en un instituto de menores, donde tuvo dos intentos de suicidio. Finalmente, el gobierno provincial le otorgó una casa para que viviera con su familia. Desde la Red Infancia Robada, aseguran que con los datos que brindó la menor, se conoció una extensa trama de comercialización de menores, prostitución y narcotráfico que estaba instalada en Corrientes, y de la que los niños eran obligados a participar. "Sin su declaración no había investigación firme. Ella pudo despejar varias dudas, porque desgraciadamente es la que presenció el hecho", cuentan desde la Red, que es coordinada por la hermana Martha Pelloni.
Según consta en la causa, la joven –que hoy tiene 19 años–, y que se convirtió en la principal testigo de la causa, se vinculaba con gente que le rendía culto a San La Muerte, desde unos meses antes al homicidio de Ramoncito.
Las huellas imborrables de la muerte
(Por Juan Alonso Editor de Policiales)
Cualquier psiquiatra avezado podría explicar hasta qué punto puede horadar el psiquismo de un niño presenciar la muerte violenta de su madre y sobrevivir al crimen. La imagen del chico de Lincoln que llevó a su hermanita con un cuchillo clavado en la garganta para que fuera asistida sin éxito por una vecina vuelve hasta el infinito como una pesadilla del espanto. Son casos criminales donde el asesino es el que solía sentarse alrededor de la mesa para compartir la pasta o el asado de los domingos. Se trata de esos hombres que iban de vacaciones con sus víctimas, brindaban en las navidades, y reían sin porqué. Aquí no existen "salideras" ni "motochorros" ni "inseguridad": son crímenes de odio donde la mente del victimario pierde sentido de lo real y actúa con la satisfacción del psicópata.
En casi todos los hechos, luego se suicidan, porque no pueden soportar la culpa de su propia barbarie. Sería como nadar en una bañadera de sangre, con la sangre de la amante que alguna vez se amó, con los hijos que alguna vez crió, para desarmar la vida de un zarpazo e ingresar en una oscuridad sin fondo.
La caída libre de estos homicidas nunca es sorpresiva: consuman el acto en el momento de los hechos. Cuando pasan de la fantasía a matar, ya como monstruos de la humanidad.
Comentá la nota