El 42% de quienes trabajan lo hacen más de 9 horas por día. Impacto en la salud y la familia.
“Otra entrada de dinero es necesaria para la situación que se vive hoy en día”, había pensado cuando le propusieron desde una empresa de turismo que se encargara de conducir un minibus todos los sábados y domingos por la mañana.
El tiempo libre que le queda a Enrique le resulta escaso, pero no por eso menos provechoso. “Tratamos de compartir momentos lindos con mi familia más allá de las obligaciones cotidianas”, comenta el hombre, consciente de que esa entrada extra de dinero le es de gran utilidad, puesto que cada vez necesita más para comprar alimentos y pagar el alquiler, los impuestos, la tarjeta de crédito y la educación de su hija.
En las estadísticas, Enrique se encuentra entre el 42% de mendocinos sobreocupados, es decir, aquellos que trabajan más de 45 horas por semana. En el Día Internacional del Trabajador -que se conmemora el martes- la situación obliga al análisis.
Es que el hecho de que miles de personas tengan jornadas laborales extremadamente extendidas está ligado a factores de tipo económico y sociocultural, mientras que las consecuencias más notorias se manifiestan en el resquebrajamiento de la familia y un deterioro paulatino en la salud de los trabajadores, sobre todo si sus condiciones laborales no son las adecuadas.
El dato que da cuenta del porcentaje de sobreocupación a nivel provincial fue elaborado por la Fundación Ideal, a partir de los datos de la Encuesta Permanente de Hogares que se efectúa en el Gran Mendoza, donde viven casi un millón de personas, de las cuales 380 mil trabajan y 12 mil están desempleadas, es decir, buscan un trabajo pero no lo encuentran.
Entre las conclusiones de este estudio, se deduce también que cuatro de cada diez mendocinos que vive en el conglomerado urbano supera las ocho horas de trabajo diarias estipuladas para los mayores de 18 años. La norma nacional que regula los límites horarios de la jornada es la Ley de Ordenamiento laboral N° 25.877, aprobada en 2004 como un modo de poner freno a las políticas de flexibilización laboral impulsadas en los ’90.
El dato aportado por Ideal está en sintonía con lo que sucede en todo el país. De hecho, un informe de la consultora Workmonitor -que representa en Argentina la empresa de RRHH SESA Select- indica que seis de cada diez trabajadores tiene obligaciones laborales fuera de su horario habitual, potenciadas sobre todo por el uso de las nuevas tecnologías.
Mucho trabajo, poco dinero
En el mapa local es común ver a hombres y mujeres que tienen dos ocupaciones e incluso más. El factor preponderante tiene que ver con el aspecto económico pero también influye la necesidad de ‘avanzar’ en una carrera o dejar puertas abiertas para futuras posibilidades laborales, sobre todo en el caso de los profesionales.
En el área de comercio y servicios e incluso en el ámbito científico-académico, las voces de los que “viven para el trabajo” y logran un sueldo magro ilustran la situación de miles de familias en Mendoza. Como Enrique, Carolina Rodríguez (34) asegura que la mejor manera de resolver el día a día es organizándose con su pareja. En su casa, el sueldo de ambos es fundamental. El motivo: un contexto donde la inflación repercute de manera determinante en la economía familiar y al mismo tiempo las necesidades de consumo se incrementan.
En lo cotidiano, Carolina se las ingenia para trabajar en un negocio y a la vez lograr que nada falte a sus tres pequeños hijos. La joven mamá debe estar fuera de casa ocho horas diarias, en horario partido. “Es muy difícil compartir el almuerzo juntos, por eso al momento de la cena cuando estamos todos es muy importante”, comentó, y agregó que “si la situación económica no fuera tan difícil yo preferiría quedarme en casa y dedicarme de lleno a mis chicos”.
A Elma Montaña (51), el motivo que la lleva a dedicar doce horas diarias a su labor como investigadora del Conicet y docente universitaria es compartido. Sus horarios habituales de lunes a viernes se extienden desde las nueve y media de la mañana hasta el mediodía y por las tardes continúa en su casa, de cinco de la tarde a la una de la mañana.
Los sábados y domingos le resulta difícil apartarse de la computadora y se dedica a resolver los trabajos que le quedaron pendientes en la semana. “En mi caso, es una mezcla de necesidad y vocación. La investigación te exige estar permanentemente generando proyectos pero a la vez somos mal remunerados. Para lograr un estándar de vida adecuado hay que esforzarse mucho y allí es cuando se pierde tiempo de compartir con los seres queridos”, reflexionó Elma.
Trabajo fuera y dentro de casa
Por lo general, las mujeres trabajan menos horas afuera que los hombres para cumplir con las obligaciones en el hogar. De hecho, las estadísticas indican que ellas dedican al trabajo trece horas semanales menos (en total 30) que los varones.
Sin embargo, el ingreso de las mujeres en el ámbito laboral es considerado por los especialistas como el fenómeno más relevante de los últimos años en el mundo del trabajo en Mendoza. En este sentido, el economista de la Fundación Ideal Rodrigo González marcó una diferencia.
“Dentro de las familias de ingresos medios y altos, la mayor participación laboral femenina se explica por factores culturales y por los mayores niveles educativos que fueron alcanzando las mujeres a través de los años. Por su parte, en las familias con ingresos bajos, la mayor participación de las mujeres se enmarca dentro de las estrategias familiares tendientes a sostener los ingresos del hogar”, sostuvo el especialista.
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