Lo revela un estudio difundido ayer, que señala además que más del 60% dejó de ir a bares, restaurantes, cines, teatros y conciertos, por sus altos costos o bien para ahorrar.
La profunda crisis económica que azota a España desde hace cuatro años y ya dejó a casi la cuarta parte de su población económicamente activa sin trabajo, provocó cambios radicales en el modo de vida y en las pautas de consumo de una sociedad que, mayoritariamente, se había habituado a vivir en la opulencia. Según una encuesta divulgada ayer, casi uno de cada cuatro españoles, por ejemplo, ahorra dejando de ir al dentista, el 32% redujo el consumo de tabaco y el 6,5% dio de baja a su contrato de telefonía celular.
Según surge de un estudio realizado por El Observatorio para la Cadena Ser, seis de cada diez españoles admiten que han modificado sus hábitos alimenticios obligados por la crisis o para ahorrar dinero, y el 71% señala que ha reducido su salida a bares y restaurantes, uno de los "vicios" propios de las grandes ciudades. Además, el 60% declara haber dejado de ir (o casi) al cine, al teatro o a conciertos, espectáculos a los que, en su afán recaudador, el gobierno del conservador Mariano Rajoy les aumentó el impuesto al valor agregado del 8 al 21 por ciento.
Para el 68% de los españoles la situación económica empeoró en sus hogares en el último año. Antes de que se conocieran los penosos datos de la nueva realidad española de boca de los propios afectados, grandes empresas multinacionales habían anunciado que, para hacer frente a la caída del consumo, habían adoptado nuevas prácticas comerciales. Las estadounidenses Unilever y Phillips Morris (el área alimenticia de la tabacalera), por ejemplo, llevaron a España estrategias que hasta ahora sólo aplicaban en los países más empobrecidos de Asia y África, como la de ofrecer sus productos en envases mini.
La investigación de El Observador se conoció en una jornada en la que el último programa de ajustes desató protestas que paralizaron los diversos servicios de transporte. Varias huelgas contra los recortes y las reformas en el transporte público de Madrid y Barcelona, junto a un paro en el transporte ferroviario nacional, provocaron ayer formidables embotellamientos en las principales rutas y una aglomeración de pasajeros pocas veces vista en los andenes de los subtes de las dos mayores ciudades de España. A la hora pico, las vías de acceso a la capital mostraron colas de hasta 120 kilómetros de extensión.
El paro de trenes, el segundo de 24 horas desde comienzos de agosto contra la liberalización del sector ferroviario, afectaba a trenes de corta y media distancia y a los de alta velocidad en todo el país, donde se cancelaron más de 300 servicios. Los sindicatos aseguraron que el seguimiento fue masivo en todo el país. El paro, al que hasta el 1 de octubre se le sumarán otras tres jornadas, fue convocado para protestar por las rebajas salariales derivadas de las imposiciones externas aceptadas por el gobierno del Partido Popular de Rayoy. En Barcelona, a la huelga en los trenes y en el metro se le agregaron los ómnibus. Al igual que en Madrid, las carreteras de acceso a la ciudad se vieron colapsadas a la hora pico. «

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