De esto se trata si se quiere ser equilibrado y dar respuestas coherentes a los problemas. No es fácil escuchar tañidos de tan disímiles campanas y pretender armar un carrillón con todas. No obstante tiene que haber una manera lógica de combinar los argumentos, para que unos no se sientan amenazados en sus ingresos, y los otros en su salud.
Hemos hablado con los primeros, correspondía hacerlo con los segundos. Jorge Piccorelli es miembro de la agrupación “Paren de Fumigar”, por lo tanto una voz autorizada para que explique el punto de vista ambiental, máxime teniendo en cuenta que estamos ante la posibilidad de frenar una producción que abastece el 50% de las frutas y hortalizas del país. Deberían ser muy buenas esas razones. Y comprobables, claro.
Noticias & Protagonistas: Ustedes alertan de que la comuna decidió postergar el cumplimiento de la ordenanza 150 días por un acuerdo con los productores, ¿es así?
Jorge Piccorelli: Sí, porque peleamos por esta ordenanza hace muchos años, y luego de tanta luchar, la línea intermedia la frenó. Los productores querían que se derogara, y como no pudieron lograrlo en audiencia pública porque nuestros técnicos mostraron los problemas, entonces el hicieron el lock out y ahora, a puertas cerradas, lograron, con el Gobierno, la decisión de postergar las acciones. Pérez Rojas y Ciano prometieron armar una mesa para todos los actores, pero no nos llamaron. Tampoco estuvo el Dr. Ferro, porque para nosotros es una cuestión de salud: dejemos en claro que no estamos en contra de la agricultura, por supuesto. Nosotros bregamos por la salud de las poblaciones.
N&P: Hay cosas muy razonables y otras que son cuestionables. Hay quienes sostienen que el uso de ciertos productos afecta la sangre, pero no hay certificación médica de ello. Claro que habrá casos puntuales, pero ¿por qué no se aportan datos verificables?
JP: Es muy difícil rescatarlos y muy perverso andar buscando enfermo por enfermo. Son agrotóxicos, se llaman pesticidas, herbicidas, insecticidas, “cidas” quiere decir muerte. Cualquier veneno, incluso de moscas, hace mal. Nosotros planteamos “sí” al alimento sano, y “sí” al derecho a la salud: es sentido común. El agrotóxico es potente, se echa y tiene derivas, las partículas volcánicas llegan a través de kilómetros, imaginen esto que se rocía al lado de las zonas urbanizadas. Hay cientos de documentales en el mundo, en Mar del Plata ni siquiera los médicos pueden hacer análisis…
N&P: Pero está la Secretaría de Salud, está Zona Sanitaria VIII, el INE como centro de referencia. ¿Por qué no pedirles a las autoridades públicas que marquen una zona y hagan un trabajo serio, así terminamos con las dudas?
JP: Hay cosas que son de sentido común, y uno lo que ve es una enorme desidia de parte de las instituciones que deberían ejercer los controles. Senasa no lo hace, nadie condena a los agricultores, pero sí condenan a los vecinos. Sé qué alimentos genera el cordón frutihortícola, y puedo o no consumirlo. Pero no tengo la posibilidad de impedir que me fumiguen. Los sábados a la noche, que no los controlan, pulverizan con cuatro máquinas a la vez a 50 metros de mi casa. ¿Qué libertad tengo para elegir? Si usted toma un remedio en grandes dosis le hará mal, pero no daña a otros. Pero acá, para ganar dinero, sí le hacen mal a muchos.
N&P: ¿Usted cree que todos los agricultores actúan igual?
JP: No, por supuesto que no. Una cosa son los agricultores que se rompen el lomo, otra cosa son los empresarios frutihortícolas a los que sólo les importa ganar dinero. Vivo en La Peregrina hace años, estoy rodeado del cordón, y trabajo en el cordón donde está la Escuela 51 desde hace 17 años. Hay veces que nos tenemos que esconder cuando fumigan. Sé de lo que hablo y cómo me afecta. Tengo derecho a mi salud por sobre el dinero de los empresarios.
N&P: Un funcionario nos decía que hay sectores que comprenden, pero otros muy hostiles, como el grupo “Paren de fumigar”.
JP: No lo somos. Borran con el codo lo que escriben con la mano, no nos invitan a las audiencias públicas.
N&P: ¿Y no fue una traición transformar lo que hubiera sido una Banca 25 en poco menos que una asamblea abierta?
JP: Fue una audiencia democrática, respetuosa, todo el mundo escuchando…
N&P: Aunque algunos hablaron más que otros, y gritaron bastante, señalan algunos expertos que estaban allí para aportar su conocimiento neutral…
JP: Sí, ellos, que son los que tienen más fuerza. De todos modos, hablaron más de 25 de cada lado, y entre nosotros no hubo contradicciones. En cambio, un aplicador dijo que era cierto, era cierto que precisaban una ordenanza porque manejaban tóxicos. Luego habló otro que dijo que si se tomaba un vaso con el líquido no pasaba nada… un disparate.
N&P: Hace falta regulación y después control de cumplimiento, pero la Provincia tiene un solo inspector para cuatro partidos del sudeste bonaerense. ¿Ustedes consideran a El Frutillar como un enemigo?
JP: Sí, al menos mío. Yo me alarmé hace años, porque usan bromuro de metilo, prohibido en casi todo el mundo desde hace más de 10 años. Fuimos a El Frutillar, pero nos dijeron que lo iban a seguir usando. Afectan a todos, desde una parcela muy céntrica, alta, rueda de todo cuando riegan, destruyen todas las casas del pueblo, hay firmas de vecinos… Tiene muchas plantaciones en toda La Peregrina, todo el mundo sabe que tiran las pestes al aire.
N&P: ¿Es verdad que hubo un atentado?
JP: No lo puedo asegurar. Es lo que ellos dicen, hablaron de daños “importantísimos” pero después enfocaron una casilla de madera quemada. Y nunca tienen en cuenta el daño que nos hacen a nosotros semana tras semana. Después de denunciar el uso de bromuro de metilo, arrojaron agua contaminada en pleno verano. Los vecinos se autoconvocaron, y al poco tiempo alguien entró en mi casa, rompieron todo, desparramaron todo, y muchas de las cosas que me faltaron las encontré en el alambrado al lado de El Frutillar. Hice la denuncia policial, pero claro, no pude dar nombres.
Ahí están, ¿quiénes son?
El Frutillar es como se conoce a la Compañía Industrial Frutihortícola S.A. (www. frutimara.com.ar). Quien figura como dueño es el señor Moretti, quien, según la gente de los alrededores, hace poco más de veinte años estaba trabajando en el puerto y no le iba muy bien. Pero detrás de esta persona habría "otras" de mucho poder, al menos así se rescata de las declaraciones de los vecinos. Acceder a la empresa es casi imposible.
Se ha extendido muchísimo. Si bien el punto de referencia es el campamento, situado en el Km 19 de la ruta 226 y a unos 3 kilómetros de la misma ruta hacia la izquierda (de Mar del Plata a Balcarce), poco antes de la Casa de los Pavos Reales, la empresa arrienda otros lotes por la zona y va rotando esas tierras. El cultivo de la frutilla se realiza cuatro años en un lugar y luego va pasando a otro, pues el suelo para recuperar su potencial necesita nueve años, debido al agotamiento sufrido por el cultivo intensivo y el uso de agroquímicos.
Según Piccorelli, “el 90% lo exportan a México, no venden al mundo como dicen (el producto principal es la frutilla variedad “Tamara”). Trabajan la tierra agricultores que tienen las espaldas dobladas; mis hijos, los papás de mis alumnos, son víctimas, porque tienen que aplicar los tóxicos sin protección. Hay empresarios del agro, de frutillas, de kiwi, que no son los agricultores. A estos les pagan monedas”. Hay población boliviana, pero también chicos de Salta y Santiago del Estero.
El representante de “Paren de Fumigar” insiste en que la salud estás primero que los rindes de la producción, y que el tema no puede plantearse en términos económicos. Sin embargo, de la vereda de enfrente aseguran tener muchos dictámenes de Senasa a su favor. “No es cierto –asegura Piccorelli-; trabajamos con gente de Senasa. Incluso compramos al azar cajones en el mercado, con presencia de escribanos, y pudimos comprobar en laboratorio que el 50% estaba contaminado”.
A su criterio el Estado está ausente, quedando en evidencia con el hecho de existir una resolución de la Justicia pero no son capaces de regular la ordenanza correspondiente. Y la queja permanente gira en torno de lo poco que se los escucha cuando los llaman. “Trabajaríamos juntos, no somos necios, pero no nos invitan”, clausuró.
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