Cachetazo de Guillermo Moreno a la producción de la provincia

Ante las restricciones dictadas por la Rosada, Brasil aplicó el “ojo por ojo” y afectó las exportaciones locales. El rol del secretario de Comercio Interior.
La relación comercial con Brasil no está en su mejor momento. Todo lo contrario, es cada vez más complicada. Quien debería ser nuestro principal socio estratégico del Mercosur es hoy un país que nos mira con desconfianza. La cuestionada medida del Gobierno nacional de restricción a las importaciones está provocando una serie de represalias por parte del país carioca. Esta “venganza” afecta la exportación de muchos productos argentinos. Y por supuesto sanjuaninos también.

El argumento oficialista es promover la industria nacional, medida que todos apoyamos. Sin embargo hay límites para todo, y actualmente muchos se cruzaron peligrosamente. Así la relación con el país vecino –actualmente una potencia y la sexta economía mundial– se cae a pedazos. Adivinen quién se perjudica más.

Un tal Guillermo Moreno

Para intentar comprender este conflicto bilateral inevitablemente hay que empezar por la figura del controvertido secretario de Comercio Interior de la Nación, Guillermo Moreno. Sí, el mismo de la intervención en el INDEC para que mensualmente se arme un índice de precios que muestra un país irreal. El de la inflación ficticia y muy lejana a la verdadera.

O el que en las negociaciones con empresarios coloca una pistola en la mesa de su despacho, entre otros rasgos distintivos. Moreno ya es conocido por su particular estilo de gestión. En materia productiva y de comercio desde hace años dependemos de este hombre que no se cansa de entrar en polémicas y confrontaciones. Así transcurre sus días en la función pública.

Revancha carioca

Las trabas a las importaciones impuestas por el Gobierno nacional impidieron el ingreso de muchos productos brasileños, sobre todo electrodomésticos. Brasil tomó represalias y cerró la frontera para la llegada de productos argentinos. Para San Juan el primer gran dolor de cabeza fue hace unas semanas cuando el vecino país prohibió la entrada de uva en fresco. El argumento oficial, dado por las autoridades sanitarias brasileñas, fue la presencia de una plaga en un cargamento, conocida como “arañita de la vid”.

Algo que siempre fue desmentido por los exportadores, quienes aseguraron que la cuestión de fondo era devolver gentilezas por las trabas a las importaciones. Eso fue sólo el principio. Hace unos días la situación se agravó. Brasil decidió que tampoco ingresarían las pasas. Se confirmó que la plaga nunca existió y que las sospechas eran fundadas: fue una “venganza” a las medidas de Moreno. Las cartas estaban echadas sobre la mesa y, claro está, la estrategia debía ser política. Por eso entró en escena el gobernador José Luis Gioja. Realizó gestiones ante Cancillería, Ministerio de la Producción, de Economía y ante Moreno. Hubo un compromiso firmado por las cancillerías de ambos países buscando destrabar el conflicto.

Gioja intentó una solución política para mitigar la represalia de Brasil a una medida de Guillermo Moreno que repercutió fuerte en una economía provincial como la de San Juan. ¿El resultado? El jueves se anunció que las pasas podían volver a ingresar a Brasil. Eso sí, a cambio de que la pulpa de cerdo brasileña pudiera importarse a la Argentina. Sólo un cambio de figuritas. No se confundan. No significó la solución definitiva del conflicto. Es sólo un parche y tal vez la flexibilización de las licencias comerciales del país carioca. La cuestión de fondo sigue en veremos.

Oídos sordos a las críticas

Esta política comercial de la Casa Rosada fue criticada por varios países en la Organización Mundial de Comercio. Estados Unidos, la Unión Europea y Japón, respaldados por Canadá y Australia, señalaron a la Argentina por un régimen que consideran restrictivo para el comercio y contrario a los compromisos adquiridos. La queja está centrada en la medida dispuesta por el país para que las importaciones se compensen con exportaciones por el mismo valor. Argentina impone licencias no automáticas a un amplio abanico de mercancías.

Algo que se ya convirtió en una disputa comercial con unos cuarenta países. Por ejemplo, si volvemos a la relación con Brasil, ellos hicieron lo mismo. Suspendieron licencias automáticas, complicando y demorando mucho más la exportación de productos argentinos. Y obviamente sanjuaninos también, con las pasas a la cabeza. Además hay otros productos afectados, como tractores, computadoras portátiles, electrodomésticos, productos químicos, automóviles, maquinarias, textiles y papelería, entre otros.

Las licencias no automáticas son el paso legal necesario para la importación de productos al país. Según las reglas de la OMC, el procedimiento administrativo para conseguirlas debe ser transparente, sencillo y predecible. Incluso facilitando su concesión rápida y automática en determinados casos. Hoy ocurre todo al revés. “El libro de quejas” contra Moreno y compañía es más extenso.

También la Unión Europea denunció que estas medidas restringen las importaciones, distorsionan el libre comercio y no son aceptables. Incluso denunció que van en contra de los compromisos de Argentina en el G20. Por otro lado, Japón expresó su decepción. Consideró injustas las restricciones y lamentó el concepto que defiende Argentina de que un producto no debería ser objeto de importación si puede ser producido en el ámbito nacional. Estados Unidos también se pronunció. Se mostró preocupado por el régimen de licencias para la importación y por las restricciones que representa la política “dólar por dólar”.

Esto obliga a exportar a las empresas que importan mercancías en Argentina. Ante todo esto, que no es poco, el secretario de Comercio Interior se mantuvo siempre inmutable. Es cierto que cuenta con el apoyo de la presidenta Cristina Fernández. Es más, ambos encabezaron la misión comercial a Angola buscando abrir nuevos mercados. Mientras tanto, por otro lado, otros mercados se cierran. O al menos se complican bastante.

El impacto en San Juan

Perder un mercado como Brasil es hoy una catástrofe para los exportadores sanjuaninos. Los números hablan por sí solos. El 80% de las pasas producidas en la provincia se envía al vecino país. El año pasado Brasil compró en San Juan nada menos que el 71% del volumen comercializado por la provincia en el exterior y el 72% de la facturación internacional del sector. Muchas familias dependen del trabajo que genera este sector productivo. Se estima que existen 5 mil puestos de empleo directos e indirectos.

La incertidumbre de estos días generó mucha zozobra y preocupación. Por varios días hubo plantas de pasas paradas y camiones cargados sin salir. Planteos que llegaron hasta el gobernador Gioja, que debió acusar recibo y moverse para encontrar una salida, por ahora no definitiva. ¿A Guillermo Moreno le importa este impacto negativo que sus medidas generan en las provincias? Se mantiene firme en sus convicciones y sin dar marcha atrás nunca. Si no le importaron mucho los reclamos de países y organismos internacionales, parece que es inviable que se conmueva con consecuencias no deseadas en una provincia como San Juan.

En conclusión, varios sectores productivos están dependiendo del abominable Guillermo Moreno. Con el riesgo que eso supone.

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