Cacerolazos en España

La llamada “revolución de los indignados”, protagonizada sobre todo por jóvenes sin empleo, demanda al gobierno que encuentre una salida a la crisis económica y reformas democráticas.

Miles de españoles desafiaron la prohibición de la justicia electoral española y abarrotaron ayer el centro de Madrid para protestar contra el manejo de la crisis económica por parte del gobierno, en manifestaciones que se extendieron a otras ciudades del país y generaron cierta inquietud entre los grandes partidos políticos. Algunos la llaman la “revolución de los indignados”, porque asienta su descontento en un desempleo del 21,3%, con más de 4,9 millones de desocupados.

Para otros, salvando las distancias, se parece mucho a lo ocurrido en los países árabes. No quedan dudas de que las miles de personas que se reunieron ayer en la Plaza del Sol madrileña y que tienen carpas y refugios armados para permanecer en el lugar hasta el domingo, cuando se celebren elecciones municipales y autonómicas, muestran una imagen muy similar a la cairota Plaza Tahrir en los días violentos de febrero pasado, que desembocaron en la caída de Hosni Mubarak. Pero si los egipcios buscaban una salida hacia la democracia, los españoles exigen una mejor democracia y una salida a la crisis económica.

El propio presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, aseguró ayer que “hay que escuchar” y “ser sensible” a las protestas de los miles de jóvenes y otros ciudadanos acampados y movilizados, “porque hay razones para que expresen ese descontento y esa crítica”. Pero el mandatario se preocupó de salvaguardar el sistema: “A partir de ahí tenemos que fortalecer, mejorar, todo lo que es el cauce de los países que han conseguido mayores cotas de libertad, que son los democráticos, con democracia representativa y con partidos.”

Miles de personas de todas las edades volvieron a acompañar en su protesta a los jóvenes que acampan desde el martes en la céntrica Puerta del Sol de la capital española. Convocadas a través de Internet, otras concentraciones pacíficas se reprodujeron en ciudades como Barcelona, Granada, Valencia, Sevilla o Zaragoza y amenazaban con alterar la recta final de la campaña para las elecciones del domingo.

Las protestas comenzaron el fin de semana con varias manifestaciones convocadas en todo el país, pero cobraron fuerza a lo largo de la semana gracias a las redes sociales. La más numerosa tiene lugar en Madrid, donde decenas de miles de jóvenes, desempleados y desencantados de todas las edades acuden cada tarde a cuidar a los acampados y gritar consignas contra los grandes partidos políticos, la banca y el sistema en general.

No se definen ni de izquierda ni de derecha, pero exigen una democracia más representativa, que tenga en cuenta a los ciudadanos. Y están dispuestos a defender sus reivindicaciones de forma indefinida.

La Junta Electoral Central, que vela por la limpieza de la campaña, tiene reuniones permanentes para decidir sobre la legalidad de las diferentes protestas, que pretenden seguir vivas al menos hasta el día de las elecciones. La junta de Madrid prohibió la manifestación de ayer argumentando que podría alterar los comicios.

Pero remitiéndose a una sentencia de 2010, el Tribunal Constitucional avala la celebración de manifestaciones durante las “jornadas de reflexión” (veda electoral), siempre y cuando su capacidad de influir en el electorado sea “remota”.<

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