Dos cabezas no siempre piensan más que una

La intendenta de Paraná, Blanca Osuna, sabe que no sirven las conducciones bicéfalas, y tiene en claro que no puede haber dos intereses donde debe haber sólo uno.
“Vamos a recuperar la ciudad de Paraná”. Fue una frase hecha promesa que se escuchó decir a Blanca Osuna hace poco más de un mes, cuando asumió la Intendencia de Paraná. Osuna tiene en claro que su palabra plantea primariamente un gran desafío político: recuperar en plenitud el control del Estado municipal. Y esto pasa por recobrar la autoridad que se le diluyó durante estos últimos años.

La experiencia y el aprendizaje vinieron en cuero ajeno. Con lo sucedido en la gestión anterior, Osuna sabe que no sirven las conducciones bicéfalas, y tiene en claro que no puede haber dos intereses donde debe haber sólo uno. Por eso desde que pisó la Intendencia, puso en claro que es ella la que conduce el municipio de Paraná en su conjunto.

Caos administrativo, desinformación, falta de transparencia e imprevisión en el sistema de compras, crecimiento descomunal e irresponsable de la planta de personal, deficiente ejecución de la inversión en obras públicas, bienes patrimoniales en situación deplorable, ausencia de control en el uso del espacio público, por citar sólo algunos de los problemas encontrados.

Nada personal

Algunas cuestiones puntuales. Si se examina la cantidad de personas que se desempeñaban en el municipio a diciembre de 2009 y se lo compara con el mismo mes de 2011, se nota un crecimiento del 33% de la planta de empleados, compuesta por personal de planta y contratados de servicio y obra. Sólo en el último año de la administración anterior, un año electoral por cierto, los contratos de servicio se multiplicaron por siete. Mientras que los de obra crecieron más del 400%, pese a que había una ordenanza que lo impedía.

Fruto de este arrebato e irresponsabilidad política, quienes asumieron recientemente heredan un municipio con alrededor de 6.700 empleados, que debe destinar un poco más del 90% de lo que ingresa a sus arcas para pagar sueldos, que según se calcula rondan los 400 millones de pesos. De hecho que este monumental compromiso obliga a que la creatividad y la austeridad vayan de la mano, porque con el 10% restante habrá que tapar los 5.000 baches, asfaltar las calles aún sin asfalto, brindar mejores servicios, mejorar salarios, atender necesidades sociales, impulsar la cultura, la educación y mucho más.

Osuna fue categórica cuando expresó que permanecerían en el municipio los que trabajan, y se encargó de aclarar que “trabajar no es igual que asistir al lugar de trabajo”. En ámbitos municipales se comenta que hay cientos de “trabajadores” a los que nunca se los vio realizar la tarea establecida por contrato. También se cuentan de a cientos a quienes aparecieron después del acto electoral del 23 de octubre de 2011, y pululan por pasillos y oficinas públicas buscando el lugar que, quizá, no merecen ni ganaron.

Caballos del comisario

La política discrecional en materia de personal provocó también la ruptura del escalafón y de la carrera técnico-administrativa. Hubo decretos con recategorizaciones masivas que no tuvieron en cuenta capacitación, mérito laboral ni antigüedad. Al terminar la gestión de José Carlos Halle, que es la cabeza política de este engendro, el 99% del personal de planta quedó en los niveles más altos del escalafón. El descontento de muchos trabajadores tiene que ver con que “los amigos” de la otra cabeza que condujo el municipio terminaron en la cúspide de la pirámide. Indagando se llega a un decreto que sirve de muestra: una persona con contrato de servicio pasa mediante decreto a planta permanente, y mediante el mismo acto es designado como subdirector (Categoría 23). Desde el municipio se afirmó que hay decenas de casos similares que hicieron añicos el escalafón municipal.

Adicionales y módulos

La arbitrariedad también es un ingrediente rector si de remuneraciones se habla. El criterio adoptado por el funcionario de cada área es el que venía fijando el monto del adicional que percibía el empleado. Hace unos días, el secretario de Hacienda municipal, Sergio Granetto, expuso en un medio televisivo una situación puntual donde la arbitrariedad se conjuga con el absurdo y la injusticia. El funcionario contó que “durante el mes de septiembre un agente había cobrado 800 pesos por contrato de obra y 3.800 pesos en concepto de reconocimiento de tareas extras o adicionales”. Del total percibido, 4.600 pesos, el contrato inicial es un 17% de lo que el agente termina cobrando. Sería interesante determinar cuánto es lo que en realidad terminó en su bolsillo.

Quizá ello explica el nerviosismo y malestar hecho público de una de las cabezas, la gremial, que cogobernó la Municipalidad hasta el 11 de diciembre de 2011, y aún hoy se resiste a reconocer que hay otra gestión con rumbo distinto, que pretende transparentar el sistema de pago de haberes de los empleados municipales y establecer con claridad cuáles son los componentes remunerativos y códigos de descuentos.

Sobre este último punto, se conoció públicamente que la presidenta municipal pidió a sus funcionarios “un exhaustivo control para que los adicionales que se paguen realmente se trabajen y terminan en las manos de cada trabajador”.

Administración vieja vs. nueva

El sistema administrativo no escapa al caos. El desorden, la imprevisión, la ausencia de transparencia y el descontrol marcaron el ritmo durante la gestión anterior. Especialmente en los procesos de compra y contratación, donde la vía de excepción y el pago de excesivos costos fueron dibujos frecuentes.

La planificación fue una acción política ausente en Halle, pero parece ser un desvelo de Osuna. Esta forma de gestionar que propone la actual intendenta en la compra de insumos ya reportó un ahorro de 105.000 pesos en la primera licitación pública que hizo la Municipalidad para adquirir cloro, un elemento básico del proceso de potabilización del agua. Como contraejemplo, se puede mencionar que cuando entregó el mando la gestión pasada, los camiones recolectores sólo tenían combustible para dos días y las reservas de alimentos de los jardines maternales y comedores alcanzaban para un par de días.

Ni hablar de Infraestructura Urbana. Una flota de camiones y vehículos que se cae a pedazos. Las calles que parecen bombardeadas (el nuevo plan de bacheo y repavimentación durará seis meses). El abuso de los privados en el uso del espacio público, y una larga lista de etcéteras.

Todo esto habla de un Estado ausente, que es necesario recuperar, ordenar, articular y ponerlo al servicio de los paranaenses.

Luego del necesario diagnóstico, comienzan a insinuarse los cambios políticos que pretenden ser bisagra entre las dos gestiones. Osuna está decidida a conducir políticamente el colectivo municipal. Y ya dio señales claras de que en el camino emprendido no hay marcha atrás.

Comentá la nota