La cabeza de Scioli y la tormenta que viene

Por Eduardo Van Der Kooy

Empiezan a confluir, sin pausa, las señales de una brusca desaceleración económica con los errores políticos del gobierno de Cristina Fernández.

Muchos de esos errores, ayudan a agravar una situación cuyo origen habría que rastrearlo ahora en la prolongada crisis internacional. Pero la mala gestión kirchnerista está minando también un poderoso capital: la confianza social.

La Presidenta se empeña en hablar del derrumbe mundial y en subrayar el contraste con una economía argentina, bajo sus ojos, virtuosa. Tal vez eso explique la exposición enajenada que el jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina realizó la semana pasada en Diputados. Negó cualquier inconveniente y llegó a afirmar que la pobreza en la Argentina descendió desde el 2003 un 635%. Hizo recordar al insólito giro de 360 grados que alguna vez proclamó eufórico el general Leopoldo Galtieri.

Abal Medina recita el catecismo del INDEC. Hace pocos días el organismo que controla Guillermo Moreno comunicó una nueva proeza de los últimos 30 años. La pobreza en el país habría descendido al 6,5% y la indigencia estaría en las orillas de la extinción. Apenas rondaría el 1,7%. Una consultora privada, no distante del Gobierno, posee otras mediciones sociales de la realidad.

La pobreza sería hoy del 18% . Ese guarismo se extendería al 25% si no se contabilizaran los planes de asistencia oficial.

La indigencia estaría en el 8% con un salto hasta el 12% si se prescindiera de aquellos mismos planes.

Cristina también oculta otras cosas detrás de los anuncios permanentes que formula para intentar demostrar que todo está bajo control. Ordenó a los bancos otorgar créditos a las empresas a tasa fija. Sostuvo que es para sostener la inversión: un modo elegante de aludir a la falta de inversión que sufre la economía. La medida fija una tasa aproximada del 15% en un país con una inflación anual real que orilla el 25%. Ese desacople abre interrogantes sobre su viabilidad. ¿Cuántos se animarían a arriesgar con créditos a largo plazo –el mínimo serían 3 años– en un país donde la economía y la política van perdiendo consistencia? El mayor problema radica en la resistencia presidencial para aceptar que los tiempos de bonanza han pasado . Incide además la concentración del poder en ella sola que la hace impermeable a cualquier sugerencia. Los parches que se ensayan (el cepo cambiario, extendido al ahorro y la compra de inmuebles) apuntarían más a preservar los cimientos del sistema de poder que a resolver las cuestiones económicas de fondo.

Existen indicadores que pueden más que cualquier relato florido. La producción automotriz cayó un 34,4% en la comparación interanual. Esa caída fue de un 12% más en junio respecto de mayo. La venta a concesionarias descendió un 1,6%. El propio INDEC comunicó que mayo significó el mayor derrumbe de la construcción en una década: 8,8%. Empresarios del sector afirman que ese deterioro sería, al menos, tres veces mayor. La Cámara Inmobiliaria Argentina considera que las transacciones se estrecharon entre un 50% y un 60% desde que fue impuesto el cepo cambiario.

La parálisis económica empieza a generar grandes dudas. Hay economistas que aseguran que el proceso será más profundo que el del 2008-2009.

Alfonso Prat Gay, diputado de la Coalición y ex presidente del Banco Central, arriesga que con los datos de hoy las previsiones de crecimiento económico para el 2012 ya bordean cero. Claudio Lozano, del FAP, señala que la destrucción del empleo es ahora mismo superior a la crisis anterior. Para el diputado, en apenas seis meses (último trimestre del 2011 y primero del 2012) se habrían perdido 330 mil puestos de trabajo.

Todos preven lo peor del impacto para la segunda mitad de año.

Los Kirchner perdieron en el 2009 las elecciones legislativas. Esas elecciones se repetirán el año que viene. Dependerá de la evolución económica si son otra vez anticipadas o se respeta el calendario que establece octubre.

Para el kirchnerismo, aunque suene extravagante, estaría más próximo el 2015 que el 2013. La sucesión presidencial trastocó la noción del tiempo y desató la guerra contra Daniel Scioli. El gobernador de Buenos Aires osó una vez, con extrema prudencia, mencionar la posibilidad de poder suceder a Cristina.

Cristina acusó a Scioli de ser mal administrador. Ministros, legisladores y hasta Amado Boudou, cargaron contra el mandatario. Buenos Aires tiene un elevado déficit ($ 13.000 millones) y el Gobierno negoció una ayuda financiera que al final le retaceó. ¿Cómo fue eso? La Presidenta, a través del ministro de Economía, Hernán Lorenzino, le pidió la sanción del revalúo inmobiliario rural bonaerense que, en los hechos, implicó también un aporte de fondos para las arcas nacionales. A cambio, prometió enviarle asistencia (2.800 millones de pesos) para el pago de sueldos y aguinaldos. Pero le giró sólo $ 1.000 millones. El gobernador resolvió dividir en 4 cuotas el pago de ese aguinaldo.

Ha tenido una semana de huelgas estatales.

Tuvo además un fallo judicial que le impediría aquel pago desdoblado.

La pelea con Scioli está desnudando una de las muchas contradicciones del modelo K. Acogotado por la crisis financiera, el gobernador rumbeó para el lado del ajuste ortodoxo . Propuesta de estado de emergencia en el distrito, freno a la obra pública que registra una caída del 15%, recorte de subsidios, plan de pagos a los proveedores estatales que hace seis meses que no cobran, restricciones en los comedores escolares. Decisiones que son monitoreadas por el vicegobernador Gabriel Mariotto y por el mismo Lorenzino.

¿Cómo explicar esa fuga a la ortodoxia con el mecanismo de producción y consumo que Cristina acostumbra aconsejarles, incluso, a las naciones poderosas en crisis? ¿Cómo entender que la economía argentina, según la Presidenta, siga próspera y pujante y su principal geografía electoral, política y económica esté sumergida en un tiempo de visible decadencia? Buenos Aires aporta un 35% al PBI nacional y tiene el bolsón poblacional de consumo más denso del país.

Difícilmente esa vuelta de tuerca en Buenos Aires no tenga reflejo en el resto de la economía. El gobernador lo sabe. Pero sabe también de las exigencias que imponen las épocas de guerra. Política y económica.

“Vivir con lo nuestro”, es el lema que ha salido a blandir el sciolismo y que, en algún momento, formó parte también de la retórica kirchnerista.

Aquella idea de encierro podría significar, en lo inmediato, dos cosas. Scioli no esperará ni requerirá más ayuda del Gobierno. Aunque tenga que cargarse en sus hombros el malhumor social. También intentará evitar las provocaciones y la pelea franca en el campo político. El peronismo alejado de los K deberá aguardar hasta fin de año para saber si el gobernador encabezará alguna alternativa electoral en el 2013.

¿Esperará también el kirchnerismo? Cristina no sabe de treguas ni de perdones.

No cederá su hostigamiento a Scioli hasta que deje de visualizarlo como una amenaza para su sucesión. En eso andan Mariotto, La Cámpora y la Legislatura provincial. El intendente de Lanús, Darío Díaz Pérez, reveló que hace dos semanas la Presidenta confesó en Olivos que desea que Scioli “se vaya de la Provincia, que la gobierne otro” . La habrían escuchado un puñado de intendentes leales.

Esa revelación fue relativizada por el propio intendente y por Aníbal Fernández. No hacía falta: cierto o no aquel episodio, Díaz Pérez describió el pensamiento vivo que Cristina tuvo y tiene sobre el gobernador, también cuando fue vicepresidente de Néstor Kirchner. Las distancias van desde el modo de entender la política hasta los gustos musicales. Cristina se horroriza con los Pimpinela, que suelen actuar en los shows auspiciados por la Gobernación.

El plan consistiría en acorralar a Scioli hasta forzarlo a renunciar.

El cristinismo preferiría llegar al 2013 con Mariotto a cargo de la Gobernación para facilitar el armado electoral. La ofensiva transformaría a Buenos Aires en un infierno . El fuego podría terminar chamuscando a todos, incluso a Cristina.

Esa previsión no figura ahora en la cabeza presidencial. Por ese motivo se hará implacable el cerrojo financiero sobre Scioli. La economía no es el único costado vulnerable. La inseguridad podría causar una explosión en cualquier momento. El gobernador tembló con la pueblada pacífica en Cañuelas, donde fueron asesinados dos hermanos. En esa pueblada hubo gente que no era del lugar.

Algunos vinieron de lejos, de Quilmes . Muchos ojos enfocaron a Aníbal Fernández. Por primera vez el senador se ocupó de subrayar que “la inseguridad no es una sensación” .

Cristina se quejó con recurrencia desde el 2008 de la ingratitud de Julio Cobos con ella.

Habló de traición . Hace pocas semanas alertó sobre los “golpes suaves” a raíz del insólito desplazamiento de Fernando Lugo en Paraguay. El relato K advierte siempre sobre las supuestas amenazas destituyentes .

¿Cómo podría encuadrarse, en ese contexto, el embate contra Scioli? Como un intrépido juego de conveniencias antes que de principios.

O como una hipocresía.

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