El lugar es el único en su tipo que hay en la provincia. El incremento de los costos pone en duda su continuidad. “Es un retroceso”, juzgó el médico Cubero.
Ese centro es el único que hay en la provincia dedicado exclusivamente a los cuidados paliativos. Funciona sobre la calle Autonomistas al 1.058, entre Pío XII y Chile. En la actualidad tiene ocho camas, completas. Y hay lista de espera.
El médico Alberto Cubero -presidente de la fundación FUCISA, que impulsó el centro- comentó ayer que “estamos teniendo días complicados, pero siempre nuestra tarea es trabajar. Nunca tuve tareas administrativas o de escritorio, siempre al lado de los pacientes, haciendo asistencia. Tal vez es un buen momento para pasar a hacer otras cosas...”.
Explicó la situación del siguiente modo: “Nosotros estamos atravesando una situación financiera y económica muy seria, muy grave, se lo habíamos comunicado a las familias y a las obras sociales, que cerrábamos por falta de financiamiento. Pero luego de la posición que tomaron los familiares y un grupo de amigos empezaron a moverse, han hecho una gran convocatoria para tratar de encontrar alguna salida”.
En diálogo con el programa “La Mañana de la Radio” (LU 100 - AM 1130 - Antena 10), Cubero interpretó: “Creo que es un gran retroceso, porque los cuidados paliativos son una especialidad en plena vigencia, la Cámara vota leyes sobre la muerte digna y nosotros acá no terminamos de tomar conciencia respecto de este tema. Nos gustaría curar a todos y que sean sanos, pero eso no es posible y a veces hay situaciones que desbordan a las familias y a los pacientes y se necesitan equipos preparados para los cuidados paliativos y lugares para la asistencia”.
El médico explicó que “nosotros asistimos dos tipos de enfermedades, enfermos que no van a curar y progresivas y otros son enfermos neurológicos luego de accidentes vasculares o traumatismos muy graves que quedan en un estado de conciencia muy deteriorado y que requieren un cuidado permanente; no hay ninguna institución que pueda asistir de esta manera a los pacientes”.
Aclaró que “no se necesitan demasiados recursos... Se necesita gente cuidando a gente, es todo lo que se necesita y hay que preparar a esa gente. Hay que preparar desde lo administrativo hasta las mucamas y enfermeras, es lo que hemos hecho, entrenar médicos y enfermeras”.
Compromiso del
Estado y la comunidad
Respecto de cuáles serían las posibles salidas de esta situación, Cubero señaló: “Primero, el compromiso del Estado tiene que estar. La idea es arribar con las obras sociales, ajustar honorarios que han quedado postergados. Y tiene que haber un compromiso comunitario, como en otros lugares del mundo, si no no vamos a poder seguir. La gente se moviliza y apoya las iniciativas públicas. Nadie sabe cuándo lo va a necesitar, yo no he podido negarme al pedido de los familiares”.
Contó que “hemos atendido 150 familias, a las que hemos asesorado y acompañado en momentos difíciles. Todo nuestro personal se ha capacitado en Buenos Aires. Lamentablemente este trabajo se va a perder, es la más dura realidad”.
Acerca de la ausencia del Estado, evaluó que “no hay mala intención, hay desconocimiento y a veces nos apuran o distraen otras cosas. Si estamos en una comunidad que habla todo el día de autódromos, hoteles que va a hacer el casino y centros culturales y no hablamos de las escuelas de los hijos, los centros sanitarios o la salud, somos una comunidad que merece lo que le pasa. Hay que parar en algún momento y ver qué pasa y qué se puede hacer, cómo ayudar. Así se hacen las cosas...”.
“La otra es mucho más fácil: echar la culpa a este, a este, a este... y así no se cambia nada. Necesitamos como comunidad el compromiso público y la movilización para ir detrás de un objetivo importante”, aseveró.
Ideas para salir
Insistió en que “vamos a ver qué es lo que los ciudadanos autoconvocados deciden o qué se les ocurre que podamos hacer”. Ayer esos autoconvocados se reunieron con la idea de buscar ideas que permitan una salida a la crisis.
Cubero reiteró que “me he puesto a disposición, como cuando uno tiene un hijo y ve que se le va de las manos, lo entrega responsablemente a un grupo de personas que ve que está dispuesto a cuidarlo y hacerlo crecer. Es muy pequeño nuestro proyecto, muy vulnerable. Si fuésemos poderosos no estaríamos pasando por estos trances. Surgirán iniciativas que nos permitan capear el temporal y ver cómo sigue la película, si nos acomodamos...”.
Aclaró también que “los geriátricos no tienen una preparación, ni entrenamiento, ni recursos, son destinados a personas con achaques de la vejez, pero no centros complejos para atender a estas personas”.
Sobre el financiamiento hasta estos días, dijo que “teníamos convenios con las obras sociales, hicimos una gran inversión, nos costó que la gente empezara a entender. En una etapa los convenios alcanzaban para cubrir los costos pero después vino el desfasaje, se incrementaron mucho los costos, tenemos diez personas en relación de dependencia, aparte de los profesionales. Este es un trabajo de uno a uno. Hay una persona cuidando a otra. Si aumentamos las camas, hay que aumentar el personal”.
Además, recordó que “nos conocen en el país, recibimos mensajes de colegas que no pueden creerlo. Éramos como un estandarte de lo que se podía lograr. Recibimos distinciones... Cuando se enteran nos mandan mensajes y es como que están azorados y preguntan qué va a pasar. Yo creo que es un retroceso”.
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