Alemania parece decidida a iniciar un nuevo proceso para ilegalizar el partido de ultraderecha NPD.
La metodología del “agente doble” tiene ya varios años, y uno de sus más famosos exponentes fue Adolf Hitler, quien cumplió ese rol en 1919 y luego se convirtió en un “disidente” para las fuerzas de seguridad.
Los llamados “V-Leute” no son espías profesionales, sino miembros del partido que pasan información al Estado. Se calcula que en la actualidad hay 130 de ellos. Su funcionamiento, sin embargo, dista de ser ideal. Ya se han presentado casos en que los informantes engañan a los servicios de inteligencia y usan el dinero del Estado alemán para perpetrar actos criminales en lugar de ayudar a impedirlos, como ocurrió con la célula neonazi destapada en noviembre y acusada de matar durante años sin despertar la menor sospecha en las fuerzas de seguridad.
Más allá de lo que suceda con los infiltrados, los políticos tienen dudas sobre si se podrán superar todas las barreras para la ilegalización del NPD, que cuenta con 5900 miembros y con representación en los parlamentos regionales de Sajonia y Mecklemburgo-Antepomerania. La solicitud de ilegalización debe estar “muy bien fundamentada”, exigió ayer el vocero del gobierno, Steffen Seibert, que aseguró que la canciller Angela Merkel está convencida de que el NPD es “sin dudas” un partido “xenófobo, antisemita, antidemocrático y enemigo de la Constitución”.
Mañana podría decidirse la desactivación de los espías y el 29 de marzo, en la reunión de los primeros ministros de los 16 estados federados, iniciarse el procedimiento. Comenzaría así una fase de recogida de pruebas contra el NPD, un proceso que podría durar de seis a ocho meses. En total, y si se sigue adelante, todo podría prolongarse hasta cinco años.
“El fracaso sería un gran daño, un triunfo del NPD que debemos evitar a toda costa”, dice el ministro del Interior Hans Peter Friedrich que, antes de volver a perder, prefiere no intentarlo. El Tribunal Constitucional alemán no es, sin embargo, la última barrera. Muchos temen que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos no apruebe la ilegalización. Por ello, la batería de pruebas debe ser sólida.
Más allá del difícil camino jurídico, hay quien se pregunta si la ilegalización es la solución. “No resolvería el problema”, afirmó a la agencia alemana dpa el experto en extrema derecha Dierk Borstel. “Quien quiera que el NPD no reciba dinero del contribuyente debe ocuparse de que lo vote menos gente”, concluyó. <

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