La economía social en la ciudad de Neuquén busca afianzarse de la mano de unos 1.500 emprendedores que participan en diferentes entidades no gubernamentales que, con dispares criterios, abogan por una protección desde lo legal mediante una legislación que contemple sus particularidades.
Jordi Aguiar, desde la asociación civil Manos Solidarias, sostuvo que trabajan desde 2004 en diseño de programas y estrategias y la búsqueda de financiamiento que se consiguió a través del consorcio de gestión asociada y los banquitos populares de la buena fe. "Hubo un cambio de política a nivel nacional y ahora no se hace hincapié en subsidiar la desocupación sino en subsidiar la ocupación", comentó.
Los representantes de las entidades que agrupan a los emprendedores solidarios sostuvieron que "no es una economía para pobres", y coincidieron en que el cuello de botella se produce cuando llega el momento de comercializar la producción o los servicios que prestan.
"Se generan por ahí expectativas para producir y luego se frustran porque hay cuestiones de la venta que no se manejan. Por eso estamos trabajando en crear una marca colectiva y dirigirnos a los consumidores responsables", dijo Aguiar.
Ingelmo indicó que en la ciudad hay unos 1.500 feriantes que "mueven un importante volumen de capital con una lógica diferente a la de los hipermercados porque reproduce valores". Agregó que "estamos hablando de un modelo económico que no siempre es de baja escala porque el software libre de Linux también es parte de la economía social". "Es una economía con rostro que no es la lógica de las sociedad anónimas", recalcó.
Aguiar amplió el proyecto que tiene de establecer una forma de comercialización denominada comercio justo mediante la consolidación de la marca Manos Solidarias que antes se llamó Barrios del Sur. Aseguró que "con una marca colectiva pretendemos llegar a consumidores responsables que compran aquellos productos de la red de comercio justo y valoran que fue hecho sin explotación laboral".
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