El gobernador se negó a revelar quién le “ata las manos” en materia de seguridad. Pero su jefe de Gabinete apuntó ayer a “algunos jueces”. Y desde el Gobierno, Aníbal Fernández dijo que Scioli “había hablado de la Justicia” y no de la política.
Anoche, en Campana, Scioli se topó con un grupo de periodistas y evitó referirse a los dichos de Kirchner, aunque pidió “no tergiversar las cosas” y se plegó al discurso oficial en el tema Seguridad: “Yo puedo poner presos a los delincuentes pero no los puedo condenar ni exigir que se cumplan las condenas”.
“¿Y? ¿Cómo estás?”, lo habían indagado en la intimidad, ayer, poco después de las siete de la mañana, mientras hacía ejercicios de kinesiología. “Bien, con el temple de siempre”, fueron sus únicas palabras, según contó a Clarín un testigo de la escena. Ese mismo esfuerzo por demostrar que nada pasa entre él y Kirchner hicieron durante toda la jornada sus funcionarios y colaboradores más cercanos. Un esfuerzo que no impidió saber que las declaraciones del ex presidente provocaron un temblor en la Gobernación.
“Nosotros no tenemos las manos atadas y el gobernador tiene toda la fuerza y voluntad para ir para adelante, pero si prevenimos un delito o detenemos a los delincuentes, después esto queda en manos de la Justicia y es esta es la que tiene que ponerlos en la cárcel y dejarlos allí”, trató de apaciguar Alberto Pérez, el jefe de Gabinete de Scioli. Y siguió: “Hay algunos jueces que liberan delincuentes peligrosos irresponsablemente” .
En el sciolismo, llamativamente, remarcaron que las manifestaciones de Kirchner fueron “un respaldo”, pese a que dio la sensación de que el Gobierno nacional procuraba despegarse del gobernador por las críticas por la inseguridad, un tema del que Cristina Kirchner siempre ha evitado hablar. No sólo eso. Hay un dato que habla por sí solo de la relación Kirchner-Scioli: el jueves, cuando terminó el acto y el gobernador ya no estaba –fue el primero en irse–, en el núcleo duro del kirchnerismo había cierto regocijo por la frase de Kirchner.
Se oyeron bromas pesadas.
El ex presidente no respondía, pero las disfrutaba. Sonreía y abría los brazos con un gesto típico en él.
Un rato antes había dicho: “En esta asamblea le pido al gobernador, mi amigo Scioli, que nos diga quién le ata las manos para profundizar el modelo de seguridad, porque estamos dispuestos a ayudarlo”. En seguida pidió que lo hiciera “con nombre y apellido”.
Aunque las diferencias son evidentes, cerca del mandatario contaron que la relación con Kirchner “está igual que siempre. Ni mejor ni peor” . Y dejaron trascender que ambos habían mantenido una conversación privada en el VIP antes de subirse al escenario montado en La Boca.
El jefe de Gabinete nacional, Aníbal Fernández, también trató de bajar los decibeles. En declaraciones a Radio 10, dijo que cuando Scioli dijo que tenía “las manos atadas” había “hablado de la Justicia”. Aníbal F. aclaró: “Yo no creo que Kirchner le haya apuntado a Scioli . Me parece que es bueno que las cosas se hablen. Cuando escuché el planteo de las manos atadas llamé a Scioli en ese momento para ver qué quería decir”.
Una fuente con acceso a la residencia presidencial de Olivos deslizó ayer que en la charla que Scioli mantuvo con Juan Ignacio Buzali, el esposo de Píparo, el gobernador buscó sacarse de encima la responsabilidad. Incluso, hasta elucubró que la frase dejó mal parado al propio matrimonio presidencial. “Es probable que Néstor le haya querido marcar la cancha”, razonó la fuente.
Alberto Pérez, sin embargo, insistió que su jefe se sintió “respaldado” por el presidente del PJ, ya que “hay coincidencias” con el Gobierno nacional. Y prefirió cuestionar a la oposición que, dijo, “utiliza políticamente el dolor de las víctimas de delitos”.
Al oído: “Si querés, el sábado podemos vernos”
Después del acto y de la frase lapidaria que pareció acorralar a su aliado, Néstor Kirchner se acercó a Daniel Scioli y le comentó algo al oído, un gesto que dio que hablar. Una fuente le dijo a Clarín que el ex presidente le preguntó si el sábado (en referencia a hoy) iba a estar en Buenos Aires. Cuando Scioli le contestó afirmativamente, Kirchner le transmitió: “Si querés podemos vernos”. Antes, mientras Kirchner le pedía explicaciones por su frase referida a que tenía “las manos atadas”, Scioli se había mantenido inmutable.






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