Especialistas aseguran que la familia y la escuela deben interactuar para generar el cambio. Motivos de las reacciones violentas.
“Los niños y jóvenes de hoy son impulsivos, lo que genera muchas conductas disruptivas. Los docentes y los padres siguen esperando al joven tranquilo, sumiso, responsable y conectado a la experiencia educativa. Pero ellos diariamente nos muestran la utopía de este modelo que ya no es ni será”, explicó la licenciada Lurdes Pécora.
La psicóloga consideró importante, ante esta realidad que ya se encuentra instalada, “realizar una mirada crítica, comprometida, donde intervengan todos los agentes responsables en la formación de estas nuevas generaciones y en forma conjunta buscar una nueva estrategia para recuperarlos y reinsertarlos positivamente a la sociedad”.
Asimismo aseguró que las familias de cualquier estrato social que han perdido el horizonte, sumidas en la desorganización, la falta de afecto, agresividad (verbal y física), influyeron notoriamente en la nueva generación.
“Muchas veces la escuela colabora en cierta forma, ya que observa a los niños más empáticos, que se conectan con los adultos a través de la emoción esperando aceptación, respeto tolerancia y estimulación. El docente muchas veces no puede responder de esta manera ya que estos nuevos alumnos pueden hasta resultarles desagradables (vocabulario, conductas, falta de responsabilidad), lo cual genera una ruptura que trae como consecuencia alumnos que fracasan, que molestan, violentos o agresivos”, analizó.
La profesora Amanda Anríquez de Corvalán, capacitadora de los niveles Medio y Terciario, también analizó la problemática.
“No hablar del bullying y de la violencia dentro de la escuela es una forma de ocultar y o desconocer una realidad. Ocultar no es negar una realidad, es hacer creer que el problema no existe, pero afuera, es por eso que el problema está en el currículum oculto de la escuela, ‘todos lo saben, pero nadie dice ni hace nada’. Es una cultura tejida en el entramado de la actividad de la escuela”, reflexionó.
Por otro lado, Anríquez explicó que investigaciones recientes demuestran que “esta lucha secreta de ‘los unos contra otros’ muchas veces sucede a espaldas de los docentes que preocupados por su currículum oficial no perciben lo que sucede adentro del aula, baño, recreo o galería oscura de la escuela, los alumnos todos saben de las pandillas y lo que hacen a las víctimas, pero nadie habla, generándose el circulo vicioso y el riesgo en la escuela”.
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