Las agresiones pueden físicas o psicológicas y tienen lugar en las aulas. La forma de prevenir el problema es reforzando habilidades sociales.
El "Bullying" o, como se denomina en América Latina, acoso escolar se trata de cualquier tipo de violencia, ya sea física o verbal que se reitera en el tiempo. En la provincia, esto lo padece uno de cada cuatro jóvenes que sufren agresiones y no lo comunican o demoran mucho en denunciarlo. Esta es la causa por la que se alega que el bullying es silencioso. El temor y las amenazas generan miedo en la víctima. El factor que desencadena este síndrome tiene relación con el poder, su uso y abuso. Sin embargo, no todos los niños son potenciales víctimas de algún tipo de agresión.
"Lo que busca el agresor es una persona vulnerable. Busca una debilidad en el otro, puede tener carácter introvertido o porque el victimario reconoce que puede accionar sobre esa persona", explicó Alejandro Castro Santander, Coordinador internacional del Observatorio de la Convivencia Escolar y Asesor de Gabinete de la Dirección General de Escuelas (DGE). El profesional fue quien informó sobre los datos locales.
Castro Santander sostuvo, además, que "a veces la agresión hacia otro no tiene que ver necesariamente con las características físicas. Primero el agresor localiza al débil y busca cómo acosarlo. Las excusas más frecuentes son el sobrepeso, la timidez y la homofobia", señaló.
Cómo reconocer a la víctima y al victimario
Reconocer a un chico que está siendo agredido en el ámbito escolar resulta más sencillo que reconocer al agresor. La víctima "raramente avisa lo que está viviendo. Experimenta cambios de humor y depresión. También lo manifiesta a través de fobias y a veces inventa enfermedades para no ir al colegio o al regresar a casa le faltan útiles u otras pertenencias", comentó la licenciada Nancy Caballero, vicepresidenta de la Asociación Argentina de Salud Mental.
El agresor generalmente puede ser reconocido por profesores o preceptores escolares, es decir, personas que conviven más tiempo con los chicos. "No es fácil reconocer a un niño que agrede a otros. Sin embargo, muchas veces son jóvenes con déficit de atención. Estos suelen ser más impulsivos o reaccionan más rápidamente a los estímulos", explicó el licenciado Juan Carlos Labiano del Centro Neurocognitivo Infanto Juvenil.
Labiano completó indicando que, generalmente, los agresores "buscan descargar la frustración en un tercero, canalizarla a través de la violencia".
"Aunque no se pueda generalizar, si hablamos de una persona que agrede a otras, nos referimos a alguien que necesita y está tratando de sentirse superior. Esta actitud habla de una persona insegura con carencias importantes. Una persona que no es insegura no tiene la necesidad de sentir que domina a otros", resaltó Caballero.
La violencia como conducta aprendida
Un niño o adolescente no agrede sin ningún motivo. Existe un trasfondo que delata ciertas tipos o modelos de crianza.
"La violencia es una conducta aprendida. En este aprendizaje lo que más influye es la familia. Otro factor que interviene, aunque en menor medida, es la cantidad de horas que el chico pasa junto con un medio de comunicación (televisión, Internet, etc.). También contribuyen los juguetes bélicos, pero en mucha menor medida", explicó Castro Santander.
Tipos de agresión
Entre 20 y 25 por ciento de los chicos desde 9 hasta 18 años de edad le temen a un compañero del aula. Esto deriva de diferentes tipos de agresión.
"Por un lado existe 'acoso blando' que forma parte de una dinámica cotidiana del grupo, como un juego. Es la más generalizada. Sin embargo, también existe un tipo de acoso más duro. Este es perverso y busca destruir al otro. Estudios realizados en distintos puntos de la Argentina- incluida Mendoza-, Colombia y Chile, entre otros, muestran que estas agresiones alcanzan 20 y 5 por ciento, respectivamente", explicó el Asesor de Gabinete de la DGE.
El licenciado sostuvo, además, que "se diferencia la violencia esporádica del acoso. La primera hace referencia a cualquier forma de violencia, como golpes, amenazas e insultos, pero que suceden de vez en cuando. El acoso, por otro lado, es el hostigamiento constante, que puede durar incluso años", expresó.
Cómo actuar
Para evitar situaciones de agresión, ya sea como víctima o victimario, lo esencial es adoptar cierta forma de crianza.
"Es necesario desarrollar habilidades sociales, es decir, la competencia emocional-social. Los pilares de estas capacidades que deben trabajarse desde temprana edad en los niños son: empatía, asertividad, comunicación, autoestima y desarrollo moral", explicó Castro Santander.
"Lo importante es no enojarse profundamente o reaccionar violentamente. Al niño debe enseñársele que no deben aceptar ningún tipo de agresión y mucho menos permitir que los naturalice. El adulto es fundamental, siempre debe estar presente y atento a las señales que envía el niño y reforzar su autoestima", destacó Caballero.
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