Buenos muchachos

Por Ricardo Roa

Si hay un caso emblemático en el escándalo con la exportación de barrabravas a Sudáfrica es el del tucumano Sergio Roldán. Cumple una condena de 8 años por haber participado en una pelea entre hinchas que dejó un chico de 13 muerto y otro gravemente herido .

Está en libertad condicional. Y aún así, dejó el país como cualquier hijo de vecino . Ayer fue deportado y cuando llegue a Buenos Aires, la jueza promete detenerlo nuevamente.

¿ Hubo una falla o alguien con suficiente poder lo apañó? Roldán se fue por Ezeiza, se supone el aeropuerto más controlado de la Argentina. Y se supone también que, como jefe barrabrava, debería estar en la mira de la policía. Puras suposiciones: pasó sin problemas por el escáner.

Nadie advirtió que no podía salir sin orden judicial.

Roldán viajó con un grupo de barras. Protegidos todos por una organización que se ufana de su militancia kirchnerista y que teóricamente fue creada para erradicar la violencia del fútbol. Un chiste completo : junto a él, otros nueve de esa comitiva fueron expulsados.

Los deportaron con los antecedentes que acá no se tuvieron en cuenta.

Es la misma información y se la dimos nosotros : los sudafricanos sabían que muchos de ellos tienen prohibido entrar a las canchas argentinas. La diferencia es justamente ésa: allí los barras no circulan con carnet de impunidad.

Para el jefe del grupo K Hinchadas Unidas Argentinas, la deportación fue un “acto de discriminación”. Es otro chiste decir que proteger a la gente de los violentos es discriminatorio. Quienes los discriminan son los que los llevaron, costearon sus viajes y ahora les niegan las entradas que prometieron: el escándalo es tan grande que ningún dirigente quiere quedar pegado.

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