Acompañado por costureros de la Alameda y cartoneros del MTE por cuarta vez el cardenal realizó una misa denunciando la esclavitud, el tráfico de personas y los chicos en situación de calle. Mensajes solapados al poder.
Bergoglio dio su homilía delante de 500 personas, en su mayoría trabajadores cartoneros del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE), costureros de la Alameda, Soho y Lacar y de vecinos autoorganizados por la seguridad de Liniers y religiosos de la zona.
“Jesús, Dios nos viene a dar una verdadera libertad, pero no la predica desde un teatro o desde un palco sino que la predica con la “carne en el asador” en medio de aquellos que no tienen libertad”, comenzó el religioso, enlazando con la problemática creciente del tráfico de personas la de los talleres textiles y los prostíbulos.
“Y por eso hoy Jesús viene aquí; y no viene a proponer una teoría de la libertad o a decir cómo hacer las cosas, sino que viene a decir que está con estos hermanos y hermanas nuestros que en esta ciudad de Buenos Aires viven esclavizados”, apuntó Bergoglio sobre los funcionarios estatales, instándolos a que para que pongan el cuerpo en la denuncia contra las redes criminales y para que la asistan a las víctimas, dos acciones que suelen realizar las organizaciones sociales y las congregaciones que lo acompañaron en su cuarta misa por una “sociedad sin esclavos, ni excluidos”.
Los conocedores de los mensajes del purpurado interpretaron en la comparación de Jesús con los intelectuales de conferencia y asistentes al teatro, como una clara mención al juez de la Corte Suprema, Eugenio Zaffaroni, involucrado en un affaire por seis prostíbulos que funcionaban en inmuebles de su propiedad.
“En el colegio nos enseñaron que la esclavitud estaba abolida. ¿Pero saben que es eso? Un cuento chino! Porque en esta ciudad de Buenos Aires la esclavitud no está abolida. En esta ciudad la esclavitud está a la orden del día bajo diversas formas. En esta ciudad se explota a trabajadores en talleres clandestinos y, si son inmigrantes, se les priva de la posibilidad de salir de ahí”, expresó la máxima figura de la iglesia católica porteña, que conoce la denuncia que le fue entregada a la propia esposa del jefe de Gobierno.
Juliana Awada, dueña de la marca de ropa que lleva su nombre, fue denuncia por la Fundación Alameda de tercerizar su confección en talleres clandestinos. Además, se calcula que 25 mil personas están esclavizados en alrededor de 3 mil talleres ilegales.
Otra problemática a la que se refirió Bergoglio, quien trabaja en estos temas junto a las ONG’s, es la de los chicos en situación de calle. “En esta ciudad hay chicos en situación de calle desde años. No sé si hay más o menos pero hay muchos y esta ciudad fracasó y sigue fracasando en la tarea de liberarlos de esta esclavitud estructural que es la situación de calle”.
Luego, el eclesiástico denunció el trabajo infantil en el cartoneo. “En esta ciudad está prohibida la tracción a sangre, pero todas las noches veo en Plaza de Mayo carritos cargados con cartones y tirados por chicos. ¿Eso no es tracción a sangre? Es esclavitud que explota”.
Por el tráfico de mujeres para prostíbulos, se denuncia que existen mil en la Ciudad, pese a estar prohíbidos. “En esta ciudad se rapta a mujeres y chicas y se las somete al uso y abuso de su cuerpo y se las destruye en su dignidad. En esta ciudad hay hombres que lucran y se ceban con la carne del hermano, la carne de todos esos esclavos y esclavas; la carne que asumió Jesús y por la cual murió vale menos que la carne de una mascota y esto pasa en esta ciudad. Se cuida mejor a un perro que a estos esclavos nuestros. Que se los patea. Que se los deshace”, continuó.
Por la trata de mujeres Bergoglio agregó que se reunió con Susana Trimarco, la madre de Marita Verón, raptada en Tucumán. “Hace un par de horas estuve reunido con la mamá de Marita Verón, que fue robada por los tratantes y sometida a trabajar en prostíbulos. Logró liberar a otras 129 chicas pero a su hija todavía no la encontró. En esta ciudad hay muchas chicas que dejan de jugar con muñecas para entrar en el tugurio de un prostíbulo porque fueron robadas, fueron vendidas, fueron traicionadas”.
También mencionó Bergoglio a la estudiante de diseño desaparecida hace un mes. “En esta plaza del barrio de María Cash, venimos a pedirle a Jesús que él, que es Dios y tomó nuestra carne, nos haga llorar por la carne de tantos hermanas y hermanos nuestros que son sometidos”.
No solo describió la situación en la que viven miles, también señaló las complicidades que permiten la trata y la esclavitud. “Hay una anestesia cotidiana que esta ciudad sabe usar muy bien y se llama coima y con esta anestesia se adormecen las conciencias. Buenos Aires es una ciudad coimera”, completó.
Para finalizar, impulsó a los fieles y a los ateos militantes a que pidan a Jesús, que "está acá con nosotros. Jesús: enséñanos a pensar en tantos hermanos y hermanas nuestros que son esclavos. Enséñanos a meternos en su carne. Enséñanos a llorar por esta esclavitud de Buenos Aires. Enséñanos a ser más solidarios y a luchar para que esta ciudad no tenga más esclavos”.




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