Los bancos consideran que las expectativas son positivas para el mercado de créditos. La cautela prima entre los productores. Dicen que "siempre hay que ver la letra chica".
De todas maneras, entre los productores persisten temores propios de haber vivido tiempos de crisis, actualmente están vinculados a la política agropecuaria oficial, la situación que enfrentan las ventas de carne y granos al exterior y la cautela que requiere el análisis detallado de aquellos paquetes de préstamos que promocionan los bancos.
El subgerente del área agropecuaria del Banco de la Provincia de Buenos Aires, Rubén González Ocanto, aseguró que "para la entidad el área de financiación viene bien" para el segundo semestre del año y expresó que "se cumple la meta de colocar créditos en el campo por 2.500 millones de pesos" durante todo 2010.
Según González Ocanto, "el segundo semestre se deberá trabajar básicamente con la cosecha gruesa, y allí habrá que apoyar al sector con tasas de interés atractivas para el productor" que no superen un dígito.
El Banco Provincia cuenta con una cartera de préstamos para el campo por 2.500 millones de pesos para colocar durante este año, cifra que se incrementó respecto a los 970 millones de pesos registrados en el 2007.
Gran parte de estos créditos del Bapro corresponden a líneas que cuentan con una tasa subsidiada por el Estado provincial o bien por la Nación, hecho que permite contar con un tipo de interés que ronda 9,5 por ciento para la siembra fina (girasol, maíz, soja de primera y de segunda).
Si fuera con fondeo propio del banco bonaerense, la tasa de interés para el tomador alcanzaría un nivel del 13 por ciento nominal anual.
Entre los productores y empresas del rubro agropecuario también mencionan como alternativa las ofertas crediticias que brinda al campo otras entidades financieras, entre las que mencionan al Banco Nación y Francés, y aquellas compañías financieras que pertenecen a grandes firmas del sector semillero, maquinaria agrícola y otros insumos, que proveen una tasa diferencial.
Más allá de las promociones ofrecidas por los bancos, el productor no pierde la desconfianza. "Siempre hay que ver la letra chica", dicen, y los costos que proponen los contratos de financiamiento.
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