De "brazo obrero" del PJ a la barricada

A fines del año pasado, el titular del gremio de la CGT, Hugo Moyano, comenzó a tomar distancia del kirchnerismo "cristinista" y renunció a su cargo de conducción en el Partido Justicialista. Así, el hasta entonces aliado de la Casa Rosada se posicionaba para enfrentar un período de "ajuste". Una historia de tensiones que se repite desde los años 40.
Las negociaciones salariales entre el Gobierno y los gremios (en especial los docentes) ya son un clásico de cada fin del verano. Sin embargo, este año, la relación entre el sindicalismo y el poder político se muestra más tensa que de costumbre, tras el distanciamiento creciente entre el titular de la CGT, el camionero Hugo Moyano, y la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. En diciembre, Moyano renunció a sus cargos en la conducción del Partido Justicialista (PJ), reclamó el pago de la deuda que el Estado mantiene con las obras sindicales, exigió que se levante el piso del mínimo no imponible y arengó a renegociar salarios "con el Indec de las góndolas del supermercado". Todo eso en un año electoral para la CGT, que en julio renueva autoridades.

En una Argentina que en 1943 había inaugurado una relación casi simbiótica entre el movimiento obrero y lo que luego corporizaría como "el peronismo", esos cortocircuitos entre la Central obrera y el Gobierno pueden parecer una novedad. Pero no lo son: como señala la canadiense Louise Doyon (en su tesis doctoral Perón y los trabajadores - Los orígenes del sindicalismo peronista, 1943-1955), la dinámica de ese vínculo ha mostrado en más de medio siglo por lo menos tres particularidades: 1) La voluntad del peronismo, cuando está en el poder, de erigirse como el gran moderador en la negociación salarial. 2) Una CGT que permanentemente, desde 1943 (una vez clausuradas las organizaciones de cuño comunista) ha oscilado entre constituirse como un subordinado "brazo político" del peronismo de turno o, por el contrario, tomar distancia del gobierno de turno y afianzar su representatividad al frente del movimiento obrero. 3) El interés de diversas fuerzas gremiales por lograr inserción parlamentaria (tanto por dentro como por fuera del peronismo).

El presente

Con matices, esos escenarios se repiten hoy. En el movimiento sindical tucumano, cuyo poder se reparten la CGT (y la minoritaria CGT Azul y Blanca, que lidera Luis Barrionuevo en el orden nacional), la Central de los Trabajadores Argentinos (CTA) y UPCN, la puja entre moyanismo y "cristinismo" promueve toma de posiciones, de cara a eventuales movilizaciones en el marco de la disputa salarial y de las elecciones en la CGT, cuando se ponga en juego una eventual reelección de Moyano. Para los gremios más enfrentados con el kirchnerismo, la disputa entre el camionero y el gobierno (provincial y nacional) es una buena noticia. El secretario general de Uatre Tucumán, Jesús Pelasio, saluda la renuncia de Moyano a la conducción del PJ y reivindica el espacio de las 62 Organizaciones como el ámbito "natural" del sindicalismo de cuño peronista. "Los sindicatos peronistas tenemos las 62 Organizaciones para, desde ese brazo, ejercer nuestra inclinación partidaria. Creo que la CGT no tiene que tener una inclinación partidaria", señala Pelasio, que en las elecciones pasadas estuvo encolumnado con Eduardo Duhalde. Ya con el ojo en el PJ provinciano, el dirigente del campo sentencia: "en el PJ, en este momento, y desde hace mucho tiempo en la provincia, no hay contenido doctrinario. Hay un edificio nuevo, pero vacío de contenido y de discusión política y doctrinaria.Y es nuestra obligación recuperar el partido y darle ese necesario contenido que está faltando". Añade que Tucumán es un reflejo fiel de lo que está pasando a nivel nacional, con una Presidenta que está ejerciendo un superpoder que no permite pensar distinto. "Alperovich se ha encargado de dividir al movimiento obrero; desde que asumió, trabajó para esa división. Dividió la CGT entre gremios privados y estatales y fue seduciendo hasta que logró hacer una CGT paralela, que la hizo en su casa. Desde Uatre, con varias organizaciones sindicales, estamos invitando para reafirmar la unidad del movimientro obrero. Queremos la reorganización, y que se dé por medio del Congreso nacional de junio. Mientras tanto, vamos a ir generando regionales gremiales, a los efectos de conformar una CGT regional Tucumán que responda a estos puntos mínimos: sueldos dignos, salud, seguridad, 82% móvil para los jubilados..."

Pelasio avala una eventual reelección de Moyano al frente de la CGT. "Creo que él es un buen candidato a la reelección. El compañero ha demostrado coherencia en su conducta; ya militamos en el Movimiento de los Trabajadores Argentinos (MTA)".

Teresa Hernández, secretaria general del Sindicato de Docentes Particulares (Sadop), también critica el manejo del alperovichismo sobre los sindicatos y avala la continuidad de Moyano. "Hoy en Tucumán la CGT no existe, porque no hay vida pública ni posicionamientos conjuntos ante ninguna cuestión laboral. Cada gremio gestiona por su cuenta, lo que debilita las negociaciones", afirma la titular de Sadop Tucumán. En esa sintonía, insta a gestionar con urgencia la normalización de la CGT regional Tucumán, que conduce el camionero Pedro Mamaní.

Hernández, que como Pelasio destaca el accionar de Moyano al frente del MTA durante el menemismo, avala la agenda de reclamos del dirigente camionero (aunque pide que no haya topes en el impuesto a las Ganancias), incluida la deuda del Gobierno con las obras sociales sindicales.

En el arco opuesto, Oscar Cano, dirigente del Sindicatos de Obreros y Empleados de Comercio, concejal por el FPV y congresal del PJ, ratifica su alineamiento con Cristina Fernández y opina que Moyano debe dar un paso al costado. "Él (por Moyano) fue protagonista de otra etapa. Ahora hay hombres como el compañero Caló, de la UOM, que tiene consenso, o Gerardo Martínez", afirma Cano, en referencia a dirigentes al parecer más afines a la Casa Rosada. Sobre dos de los temas de peso en la agenda, Cano opina que la disputa salarial rondará alrededor de un aumento del 20 o 25 %. Sobre la controvertida ley antiterrorista, reconoce que la misma palabra da miedo. "Aunque hay gente que quiso desestabilizar al Gobierno, no comparto esa metodología", afirma el edil capitalino. No obstante, reivindica el diálogo con el gobierno (nacional y provincial), así como la posibilidad de negociación salarial dos veces al año, como no ocurre en ninguna parte del mundo.

Enrolado como un "orgánico" con 25 años de militancia en el peronismo, Cano opina: "los sindicalistas hemos estado siempre a la altura de las circunstancias; eso podemos verlo, en nuestro caso, en cómo ha crecido el sector Comercio. Y tenemos en claro que hay que separar las cosas: por un lado está la defensa de los intereses de los trabajadores; por el otro, los peronistas somos muy orgánicos. Así nos creó Perón y eso nos ha dado muy buenos resultados".

Un mapa

Desde la CTA Tucumán, el secretario general, Salvador Agliano, con otra óptica sobre el movimiento obrero actual, apela a democratizar el sindicalismo. Para ello, dice, es necesario profundizar la democracia y la libertad sindical para habilitar la elección directa de los dirigentes de las organizaciones de segundo y tercer grado con el voto libre y secreto de los trabajadores, propiciar una modificación de la Ley 23551 de Asociaciones Sindicales y acatar las recomendaciones de la OIT, tratados internacionales, las resoluciones de la Corte Suprema de Justicia y cumplimentar lo que estipula el artículo 14bis de La Constitución Nacional.

En diálogo con LA GACETA, Agliano traza su propio mapa sobre el sindicalismo de las tres últimas décadas en la Argentina. Recuerda que en los ’90 Carlos Menem, para poner en marcha su proyecto privatizador, propició la ruptura de la CGT Azopardo que conducía Saúl Ubaldini. "De la mano de Luis Barrionuevo y los ’gordos’ conformaron la CGT San Martín, que acompañó el proceso neoliberal que provocó la devastación del Estado de Bienestar. En el 2001 coexistían - por un lado- con algunas coincidencias- el MTA, sector crítico de la CGT, conducido por Hugo Moyano. y la CTA, nueva central sindical independiente liderada por Víctor De Gennaro. Como contracara y acompañando la gestión del gobierno, nuevamente ’los gordos’ tomaban esa posta para seguir respaldando el modelo encabezado por De la Rúa y Cavallo. Actualmente, la CTA ratifica el rumbo fijado desde su constitución en 1992, propicia la unidad en acción para hacer frente al ajuste con la CGT de Moyano y con todos los sectores del campo popular, mientras ’los gordos’ siguen fieles a su postura oportunista", grafica Agliano.

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