Por Alcadio Oña
Moreno lo hizo: después de un rojo que se prolongó durante 34 meses consecutivos, en abril la Argentina logró equilibrar su balanza comercial con Brasil. En realidad, se combinaron las fuertes trabas a las importaciones , manejadas por el secretario de Comercio Interior, y el repliegue de la actividad económica .
El mes pasado, las compras a Brasil cayeron un 23 % y eso explicó todo el resultado. Las exportaciones también bajaron, pero 9,7 %.
Motores, autos, vehículos de carga, mineral de hierro y tractores integran el lote de las importaciones especialmente tocadas por el largo brazo de Moreno.
Según un informe de la FIESP, la poderosa central de industriales de San Pablo, hay otros rubros frenados: desde neumáticos, electrodomésticos y máquinas hasta textiles, celulares y calzado. Sufren limitaciones que en algunos casos se extienden hasta 500 días , dice el trabajo.
En la bolsa entran, además, algunos alimentos: los alcanzan regulaciones sanitarias. La conclusión de la FIESP es que el 25 % de las ventas de Brasil a la Argentina sería afectado por las restricciones.
Soterradas o manifiestas, las quejas de los empresarios brasileños están a la orden del día. No sólo de aquellos que se dedican exclusivamente a comercializar bienes producidos allí. También existen otros casos bastante más complejos, como los de quienes invirtieron en la Argentina para abastecer el mercado local y la exportación: necesitan traer insumos y Moreno se los para.
El kirchnerismo alega la necesidad de su stituir importaciones y proteger actividad y trabajo internos, en un mundo muy complicado. Puede ser cierto, sólo que parcialmente: en el fondo, la movida está empujada por la escasez de dólares .
Es notable que se haya llegado a este punto, con la cotización internacional de la soja por las nubes y los mejores términos del intercambio que se recuerden, o sea, la ampliamente favorable relación entre el precio de los bienes que la Argentina exporta y el de los que importa.
Parte de lo mismo fue la última reforma a la Carta Orgánica del Banco Central, un modo de exprimir a fondo reservas y pesos. Pero ahora es clave preservar a toda costa la caja de dólares , tenerla a tiro para enfrentar cualquier contingencia cambiaria y evitar que pase algo semejante a 2011, cuando las reservas bajaron US$ 6.000 millones.
En este cuadro entra el bien conocido objetivo de Moreno de alcanzar un superávit comercial de US$ 10.000 millones o uno mayor, si fuese posible.
No resulta nada casual, entonces, la ristra de medidas enderezadas a incrementar la disponibilidad de divisas, desde aquellas que, en octubre de 2011, obligaron a petroleras, mineras y aseguradoras a repatriar fondos que conservaban en el exterior.
Las más recientes achicaron los plazos para ingresar dólares de las exportaciones a entre 15 y 90 días, según los casos. Abarcan una extensa nómina de productos, muchos decisivos en el balance cambiario: desde cereales, oleaginosas, minerales y autos hasta lácteos, frutas, textiles y calzado.
Cepo a la venta de dólares y a las importaciones. Aprietes diversos a los exportadores. Todo vale en la hora de la escasez y todo revela, de paso, la magnitud del apurón .
Por lo visto, Brasil no quedó afuera de la volteada. Y notoriamente: el bajón del 23 % registrado el mes pasado en las compras al socio del Mercosur más que duplica a la caída del 10 % que se había anotado en el primer trimestre.
Hoy, en la FIESP, habrá un encuentro entre funcionarios y empresarios de los dos países en un intento por fortalecer el declinante intercambio comercial. Y los brasileños tendrán la frutilla que esperaban: Moreno presidirá la delegación local, en lugar de la ministra de Industria, Débora Giorgi. Los esperanza la posibilidad de encontrar interlocutores con poder de decisión, ya que, según dicen, no los tienen.
La propuesta que auspicia el gobierno de Dilma Rousseff consiste en abrirse más a las exportaciones de aquí a cambio de que otro tanto se haga con las suyas.
Es un gesto amistoso y a la vez interesado .
Ocurre que el argentino es el principal mercado para las manufacturas brasileñas, pues pierden redondamente con el resto del mundo, y mucho con los chinos. En 2011, el balance del comercio industrial les pintó un rojo de US$ 90.000 millones.
Pasa, además, que la industria está estancada y que sus productos son crecientemente desplazados por otros del exterior, aunque también sean proteccionistas.
Moreno suele decir que en algún momento aflojará, mientras en Comercio se apilan expedientes y abunda el desorden administrativo. En el entretanto, las restricciones no sólo provocan faltantes cada vez más visibles, sino que además resienten la inversión, muy atada a bienes e insumos importados. Y la inversión, se sabe, garantiza producción presente y futura .
El Gran Controlador tiene motivos evidentes para cuidar los dólares: entre ellos, la factura que es necesario pagar por las importaciones energéticas. Y como parece una película continua, el interrogante es si no será necesario mantener el torniquete en 2013 . Igual que ahora, estarán los dólares de la super soja y las reservas del Central, pero no mucho más: por lo visto, este año no alcanzaron .


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