Brasil crecerá este año menos de lo previsto: sólo un 1,6%

Por Eleonora Gosman.

Lo estimó el Banco Central, que pronosticaba un 2,7%. El gobierno de Dilma prolongará las medidas de estímulo.

La economía brasileña no debe crecer más que 1,6% este año. Es la estimación publicada ayer en el informe Focus del Banco Central de Brasil, que en una de sus ediciones de julio pasado preveía un hándicap mucho mejor: 2,7%.

La alicaída performance viene de mediados de 2011, cuando la tasa de evolución del Producto Bruto Interno (PBI) brasileño empezó a seguir una curva francamente declinante. Algunas consultoras, con vínculos en el gobierno de Dilma Rousseff, adjudican el averiado desempeño de la sexta economía del mundo al “empeoramiento” del cuadro internacional. Citan, inclusive, como hechos clave el deterioro en Europa y de la situación de Argentina.

Es la primera vez que se alude a nuestro país como uno de los datos decisivos para la desmejora brasileña. En el análisis de los factores internos, un artículo de Braulio Borges de LCA Consultores (un instituto fundado por Luciano Coutinho, actual titular del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social), consideró que a fines de 2010 hubo en Brasil un “exceso de optimismo” en relación a la probable recuperación de la economía mundial. Eso indujo a las empresas a “tomar decisiones de producción en función de un escenario que vislumbraban rosado”. Como el mundo no hizo más que deteriorarse, las previsiones se vieron frustradas y “generó stocks excesivos que pesaron negativamente sobre nuestra actividad fabril”, afirmó el economista en una columna publicada por el diario Folha de Sao Paulo .

Otros especialistas ponen el énfasis en el excedente de mercaderías exportables en los países desarrollados. De hecho, hubo una caída pronunciada en la demanda mundial de bienes de consumo y aquellas naciones que las producen en gran escala comenzaron a pelear los espacios que dejan los mercados, sean grandes, medianos o pequeños. De allí que países como Brasil, con al menos 120 millones de consumidores, pasaron a ser un objetivo preferencial.

En la opinión de Samuel Pessoa, de la Fundación Getulio Vargas (una de las universidades más destacadas en el área económica), esta es una situación frustrante que vive Brasil desde el año pasado y está en la base de la reducción de la tasa de crecimiento. Provoca una baja de la demanda de bienes domésticos seguida de la caída de inversiones. De acuerdo con Pessoa, el proceso de estímulos económicos al consumo estaría agotado, por un endeudamiento excesivo de las familias y los consecuentes incumplimientos en el pago de sus deudas. En su visión, estos efectos combinados vienen a sumarse al enfriamiento de la demanda exterior (por exportaciones brasileñas al mundo). Y en conjunto muestran los porqué del mal desempeño económico en 2012.

Las presunciones de estos expertos se basan en los números del oficial Instituto Brasileño de Geografía y Estadísticas. El viernes pasado, el IBGE informó los datos económicos del segundo trimestre del año (abril-junio). Fueron francamente desalentadores para el sector manufacturero: la industria tuvo un acentuado comportamiento negativo, con una caída del 2,5% en la tasa de incremento del PBI . Y si las cifras mostraron una ligera suba global del producto bruto fue gracias exclusivamente a un aumento en la tasa del consumo familiar, de 0,6%, y un escalamiento de 4,9% de la agricultura.

La presidenta Rousseff y su equipo se apresuraron en abril a dictar medidas de estímulo a la industria brasileña. Debían tener una vigencia limitada, pero los incentivos revelaron eficacia limitada y la presidenta resolvió prolongar su aplicación. Las disposiciones favorecen especialmente a la industria de autos, de muebles y de bienes de consumo durable. No obstante hay quienes dudan de las posibilidades de entonar la decaída economía brasileña con esos instrumentos. Hablan de un agotamiento del modelo basado en alentar el consumo doméstico y afirman que el problema más importante radica en la ausencia de inversiones suficientes, especialmente por parte del sector privado . Quienes apuestan a fortalecer el mercado interno, vía subsidios y políticas crediticias más blandas, consideran que en Brasil hay margen tanto para consumir como para aumentar la capacidad de oferta a través de una mejora de la competitividad.

Ayer, Rousseff aseguró en su programa “Café con la presidenta” que continuará adelante con su política de estímulo a la competitividad de las empresas. Se prevé que esta semana se anuncie una serie de medidas que apuntan a reducir los precios de la energía.

El ministro de Hacienda, Guido Mantega, no quiso mostrarse excesivamente optimista sobre el futuro inmediato. Se limitó a señalar que la economía habrá de acelerarse a fines de este año y marchará hacia una franca recuperación en 2013. Ese enfoque no es totalmente compartido por las industrias. Entre ellas existe la convicción de que recién a mediados del año próximo podrá aguardarse una mayor inversión que cimiente la capacidad productiva manufacturera.

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