Eduardo Van Der KooyAmado Boudou resurgió entre las cenizas de su escándalo con tres teatralizaciones muy bien pensadas. La sesión que presidió en el Senado durante la cual se aprobó, por mayoría abrumadora, la expropiación de YPF.
Aquel resurgimiento político del vicepresidente sería, sin embargo, precario. En si mismo, representa un escape al asedio a que lo estuvo sometiendo desde hace dos meses la sospecha sobre su extraña participación en la quiebra de Ciccone Calcográfica. La empresa con la cual el Gobierno acaba de acordar la impresión de billetes moneda nacional por US$ 50 millones. Al fugar de aquel asedio, Boudou obtuvo otra recompensa: pudo volver a mostrarse al lado de Cristina y de los capitanes kirchneristas, que dejaron de aislarlo como si fuera portador de alguna peste.
La precariedad del resurgimiento posee otra señal potente que surge desde diferentes sectores del oficialismo: refiere a la sucesión de la Presidenta , al destino que tendrá para los K el 2015. Ese lugar tuvo como postulante, hasta fines del año pasado, a Boudou. Su ascenso a la vice fue urdido por Cristina con ese propósito. Para no depender de nadie en su futura elección digitada y para desembarazarse de las previsibles presiones del viejo peronismo.
El rebrote de un debate sobre la reforma constituciona l, fogoneado por el kirchnerismo al cual dos jueces de la Corte Suprema (Ricardo Lorenzetti y Raúl Zaffaroni), aunque con distintas intenciones, le arrojaron combustible, pareciera ser una de las pruebas palmarias de que aquel ensayo sucesorio imaginario de Cristina con Boudou está en claro proceso de naufragio .
Podrá admitirse que la maniobra apunta también a la necesidad de preservar el poder de la Presidenta, que lleva consumidos recién menos de cinco agitados meses de su segundo mandato. Pero existen datos políticos adicionales que tendrían relación con la actualidad de Boudou y no con otra cosa.
La formalización del cristinismo , en el acto de Vélez, pudo no ser una novedad grata para el vicepresidente. En el vértice de esa construcción fueron empinados La Cámpora y el Movimiento Evita , de Emilio Pérsico. En esas geografías Boudou es una persona resistida. Los camporistas volvieron a defenderlo en torno al escándalo Ciccone luego de una directiva expresa dada por Cristina. Pero desde hace mucho tiempo – incluso antes de convertirse en compañero de fórmula – esos jóvenes conocen la mala opinión de Máximo Kirchner sobre el ex-ucedeísta. En el Movimiento Evita sólo fue posible escuchar, alguna vez, la voz solidaria del diputado bonaerense Fernando Navarro. Su argumentación rondó mas la necesidad de la defensa política de Cristina antes que la transparencia de Boudou.
En línea con la discusión sobre la reforma, el cristinismo empezó a lanzar al ruedo las candidaturas para las legislativas del año próximo de Máximo, el hijo presidencial, y de Alicia Kirchner, la hermana del ex presidente y ministra de Desarrollo Social. Es decir, cualquier examen electoral debería llevar el sello familiar para asegurar algún grado de legitimidad y éxito. En esa lógica, difícilmente Boudou posea reservado un lugar.
Los camporistas (¿los evitistas también?), con esta realidad a la vista, han comenzado a lamentar el rápido retroceso que dispusieron cuando en el entorno de la Presidenta alumbró la discusión sobre el compañero de fórmula. Los jóvenes habían hecho punta, por entonces, con la postulación de Carlos Zannini. Pero a la primera interdicción de Cristina arriaron su bandera.”Haber peleado más, tal vez nos hubiera evitado el vacío de ahora”, comentó uno de los hombres que tuvo acceso a aquella mini deliberación.
Para lograr su resurgimiento Boudou ha debido suscribir no pocas hipotecas políticas. Resignó, por empezar, cualquier aspiración de influencia en el área económica. Allí talla Guillermo Moreno. Un adversario suyo. Ahora también el viceministro Axel Kicillof, que no tiene la mejor opinión sobre la solvencia del vicepresidente. Hernán Lorenzino perdió posiciones en la medida en que la estrella de su patrocinante (Boudou) comenzó a apagarse.
Su embestida contra la Justicia sembró interrogantes. Es cierto que con la renuncia del Procurador General, Esteban Righi, y el apartamiento del juez de la causa, Daniel Rafecas, ganó tiempo y espacio. Es cierto que aquella ofensiva con la venia presidencial fue registrada como un mensaje intimidatorio por toda la Justicia. Pero fuentes de ese Poder vaticinan que será muy difícil ocultar todas las evidencias que lo comprometen, todo el tiempo.
Boudou, en suma, parece haber ganado cierta tranquilidad presente. Aunque sobre su futuro político, al margen de la Justicia, ya parece existir un veredicto.

















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