Boudou, Echegaray y el fútbol

Por Ricardo Kirschbaum.

El contragolpe de Amado Boudou puede terminar en un pif! Sus acusados Adelmo Gabbi, titular de la Bolsa de Comercio, y Esteban Righi, ex procurador de la Nación, deben ser sobreseídos de las acusaciones que les hizo el vicepresidente. A uno lo había acusado de intentar coimearlo; al otro, de tráfico de influencias.

Gabbi y Righi fueron dos de las víctimas de aquel contragolpe, cuando Boudou llamó a una conferencia de prensa trucha porque sólo consistió en una declaración suya sin derecho a las preguntas de los periodistas. Cuando terminó de acusar, se levantó y se retiró presuroso hacia el despacho que modificó afectando al patrimonio histórico del Senado.

Los legisladores oficialistas, sobre todo los que pusieron la cara por Boudou, van a seguir insistiendo en que no hay causa por corrupción sino que todo es un invento de los diarios.

Pero Gabbi es un personaje público al que el vicepresidente lo acusó de intentar coimearlo no una sino dos veces en nombre de la empresa Boldt.

Y Righi, cuya renuncia fue aceptada sin pérdida de tiempo por la Presidenta, tuvo que sentir en carne propia cuál es la medida de la lealtad de estos tiempos.

Ahora, el fiscal de esas dos causas pide el sobreseimiento de ambos.

Boudou también logró que se aparte de la causa el juez Rafecas y el fiscal que había investigado el escándalo.

Fueron reemplazados por Lijo y Di Lello, en ese orden, pero lo que no pudo es sostener y probar sus acusaciones , por un lado, ni detener el avance de la causa, por el otro.

El Estado expropió la ex Ciccone en un trámite veloz, pero aún no se sabe a quién . Es sintomático que nadie haya reclamado todavía para que le paguen.

El fiscal reclama que se bloqueen los pagos hasta que se sepa un detalle simple: ¡quiénes son los dueños!

de la imprenta, un hecho asombroso que no le llama la atención a ningún oficialista, pero que entrará en el libro Guinness de los récords.

Boudou está lanzado a una hiperactividad política para demostrar que no está afectado por las consecuencias de la investigación judicial. Es un intento en vano: una y otra vez, a pesar de la protección oficial desvergonzada, seguirá hundido en el pantano del caso.

Echegaray, otro de los imputados en el caso Ciccone, también se llevó un chasco: el juez dijo que no presentó pruebas fehacientes de la triangulación que denunció en la transferencia de jugadores de fútbol.

Mientras la nueva política sanciona y persigue a los que se atreven a opinar o criticar al Gobierno, Echegaray sufrió el rechazo de su presentación, inclusive porque no se cumplieron plazos judiciales . ¿Qué fue todo? ¿Una puesta en escena para ocultar Ciccone?

¿O un acuerdo con los dirigentes del fútbol y por eso dejó caer la causa?

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