Bossio en el Senado: cruje la caja de la Anses

Por Carlos Pagni

Carlos Verna presidió durante buena parte de la década del 90 la Comisión de Presupuesto y Hacienda de la Cámara alta. Después gobernó La Pampa, y en diciembre pasado volvió al Senado para comandar la Comisión de Coparticipación Federal.

Es decir,Verna tiene suficientes antecedentes para saber cómo se pone el dedo en la llaga. Es lo que hizo cuando citó a Diego Bossio al Congreso -irá hoy- para discutir los aportes que hacen las provincias al sistema previsional. Bossio es el director ejecutivo de la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses) y, tal vez, el funcionario preferido en Olivos.

No se trata sólo del cariño que despierta este economista de 30 años. Junto con el Banco Central -donde se preparan varios cambios-, la Anses es la caja más preciada de Néstor Kirchner. Los fondos que se concentran allí sirven para llevar adelante programas sociales -la asignación universal por hijo, la compra de computadoras escolares, la construcción de viviendas-, alimentar fideicomisos de obra pública o intervenir en grandes compañías y bancos. Desde que se estatizaron los ahorros que administraban las AFJP, la Anses se convirtió en una especie de banco de desarrollo del oficialismo. Con una peculiaridad muy ventajosa para los Kirchner: a diferencia de lo que ocurriría con un banco, que está sometido a las normativas de la autoridad monetaria, esta agencia puede orientar el uso de los fondos con enorme libertad. Además, con sólo condicionar el depósito de sus recursos en tal o cual entidad, la Anses opera como un regulador "de facto" del sistema financiero.

Kirchner maneja, a través de Bossio, $ 147.000 millones. No hace falta destacar el peso que tiene semejante herramienta en la política y, sobre todo, en la campaña electoral. Pero, si la hiciera, se puede leer "Democracia en América Latina. Rutas tormentosas", el excelente texto publicado por Fernando Henrique Cardoso en Argentina 2010. Entre la frustración y la esperanza , que editó Natalio Botana. Allí Cardoso expone una de sus actuales obsesiones: la deformación que introduce en la vida democrática y en el mercado el manejo faccioso de los fondos de pensión.

Los líderes provinciales han advertido este papel estratégico de la Anses y se proponen aprovecharlo. Tienen un argumento muy fuerte, en el que se justificó Verna para llamar a Bossio: en 1994, cuando se pasó del sistema de reparto al de capitalización, el sistema previsional comenzó a recibir el 15% de los recursos coparticipables. Una vez que la Anses se lleva ese dinero, el resto se reparte entre la Nación y las provincias. A lo largo de estos años, las jurisdicciones fueron cediendo esos fondos -que en la jerga fiscal se denominan "precoparticipación"- para financiar la transición del sistema público al privado. El secretario de Hacienda, Juan Carlos Pessoa, fue uno de los autores de esta salida, cuando secundaba a Domingo Cavallo y velaba por la salud de la convertibilidad. Suena lógico: Kirchner escogió para manejar su caja a quien, cuando era gobernador, operaba como su verdugo

Las cosas han cambiado. En noviembre de 2008 Cristina Kirchner reestatizó el sistema, con lo cual perdió justificativo la detracción que se realiza sobre la masa coparticipable. En números redondos, son unos $ 25.000 millones por año, monto similar a los desembolsos discrecionales que reciben las provincias. Y supera bastante al déficit acumulado de todas ellas. Equivale también al superávit del que se ufana la Anses.

Verna intentará que se les devuelva a las provincias el dinero que éstas vienen cediendo. Es una bandera que también sostienen la UCR, el PJ disidente, la Coalición Cívica y Pro.

No se trata sólo de recobrar fondos, sino de eliminar la arbitrariedad en su distribución, que es una de las claves del esquema de poder montado por los Kirchner. El capricho de la administración central ha introducido varias deformaciones. En principio, no siempre las provincias reciben en obras o planes sociales una suma equiparable a la que entregan. El índice con el que se asignan viviendas y computadoras es intangible. Se fija con relación al grado de obediencia política de cada mandatario y al rendimiento electoral de los recursos económicos. También el clientelismo tiene una racionalidad financiera.

Otra desviación se relaciona con el financiamiento para los distritos. La Anses aplica sus recursos a la promoción de las provincias, pero muchas veces lo hace a través de fideicomisos que cobran una tasa inferior a la del mercado. Ahora bien, ¿por qué esas provincias deben pagar un interés por su propio dinero? Y ¿por qué el Estado aplica fondos de los jubilados a una tasa que no es la más rentable?

Los temores

Tal vez la inquisición no llegue tan lejos. Bossio ha manejado su área con bastante equilibrio, sobre todo si se lo compara con su antecesor, Amado Boudou, quien con sus operaciones ganó, entre otras cosas, una delicada causa penal. Tampoco hay quien se atreva, ni siquiera en la oposición, a exigir la devolución completa de los fondos que entregan las provincias. Gobernadores y legisladores temen ser denunciados por los Kirchner como "los que se quieren quedar con la plata de los abuelos".

De hecho, hoy visitarán el Senado los sindicalistas del sector previsional, para advertir a los gobernadores que no permitirán que se desfinancie a la Anses, como si fuera materia de su competencia. En campaña, ya se sabe, todo vale. Por otra parte, Bossio cuenta en el Senado con la abogacía de Miguel Pichetto, el jefe del bloque oficialista. Es el padre de Juan Manuel Pichetto, mano derecha del director ejecutivo y responsable del fondo de garantía de la Anses, corazón financiero de esa caja. Sin embargo, conviene aclarar, las relaciones entre Pichetto y Verna no son las mejores.

Néstor Kirchner estará muy atento a la peripecia de Bossio. Verna ha decidido poner en discusión su principal caja. En campaña, se trata de una disputa crucial, sobre todo para alguien que carga con la imagen negativa del ex presidente. Esta dependencia de los recursos podría hacerse notar también en el Banco Central. Mercedes Marcó del Pont, que llegó allí como la heroína del Fondo del Desendeudamiento, ya no tiene para Olivos el encanto de esas vibrantes jornadas. Sobre todo desde que aproximó a algunos amigos de Alberto Fernández, el ex jefe de Gabinete.

Según fuentes del propio Central, Kirchner está pensando en someter todavía más esa entidad a sus designios políticos, siempre con la vista puesta en las reservas, su eventual utilización electoral y las dificultades de financiamiento de 2011. La inflación, por lo visto, no está en su agenda. Hoy por hoy el plan es el siguiente: el mandato de Marcó, que vence en la última semana de septiembre, no sería renovado. A cargo de la entidad quedaría la fidelísima Gabriela Ciganotto, como vicepresidenta a cargo, con un directorio ínfimo: Sergio Chodos, Carlos Pérez y Carlos Sánchez. Las demás vacantes de este año tampoco se cubrírían. Es decir, un Banco Central alineado, a ultranza. Monetaristas, abstenerse.

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