El gobernador Antonio Bonfatti apostó fuerte para combatir la inseguridad. Mientras tanto debe lidiar con sus socios radicales por la reforma tributaria.
La designación del socialista Lamberto no dejó de constituir otro meta mensaje para los socios radicales que reclaman un mayor reparto de acciones políticas en el FPCyS; aunque en este caso hayan respirado aliviados por la delicada carga que hubiera representado un hombre del sector para combatir la inseguridad y el narcotráfico (que según el Gobernador son casi indisolubles) y las fraticidas internas policíacas.
La seguridad de bienes y personas es el mayor capital político -después de la economía- que puede mostrar un gobernante.
El “socialismo gobernante” jugó fuerte y designó a uno de sus hombres para un Ministerio de alta exposición que ya se llevó puesto al Dr. Leandro Corti, un probo funcionario que más allá del detonante deportivo, en las últimas fotografías públicas aparecía flagelado por los acontecimientos. La insólita fuga de una precaria comisaría de barrio del presunto violador Martínez y la arrebatadamente exagerada generalización sobre la “corrupción policial” que disparó Corti molestó a la Fuerza y puso en evidencia la falta de olfato del ex Ministro (¿Cómo no iba a averiguar adónde habían recluido al presunto violador Juan M. Martínez con la connotación social que había tenido el caso?) para conducir un organismo tan complejo como intrigante como la Policía. Corti estaba “ido” espiritualmente antes del partido Patronato-Central.
Lamberto no gozará de la franquicia de los términos medios. O le va bien, o le va bien. ¿Bonfatti le pediría la renuncia a un co-fundador del Partido que integran? El Gobernador buscó ayuda en un compañero de luchas para soslayar el delicado momento por el que atraviesa la seguridad en los grandes centros urbanos santafesinos y que encabeza cualquier encuesta; aún antes de la economía. Lamberto, de quien dicen tenía algunos desencuentros con la gestión de Bonfatti, no tiene margen para el error: está en juego su Partido. No un gobierno del que -como cualquier otro Ministro- se puede ir. Bonfatti nunca se hubiera ido del gobierno de Binner; lo sostenían juntos. Era un par. Así será con Lamberto.
REFORMA ESTANCADA
El arco parlamentario radical dejó plantado al Gobernador la semana pasada cuando iban a discutir aspectos de la reforma tributaria. El radicalismo tenía previsto ir a la Casa Gris para recriminarle a Bonfatti haber enviado al Parlamento la reforma sin terminar de consensuarla con ellos.
Mario Barletta luego de entrevistarse con Bonfatti le quitó dramatismo a la situación, mientras el senador norteño Felipe Michlig hacia pública la catarsis radical que otras veces -pocas para el gusto radical- se discutía a puertas cerradas con el socialismo. ¿Fue una estrategia consensuada? Al fin de cuentas el radicalismo le dijo a la sociedad lo que piensa de los socialistas.
Michlig disparó fuego graneado sobre lo que el radicalismo considera actitudes descorteses de los socialistas; y de paso le pidió, sin delicadezas, al correligionario vicegobernador Jorge Henn que no se meta en lo que no es su función: presidir el Cuerpo, administrarlo, presidir las Asambleas legislativas, y reemplazar al Gobernador en caso de muerte, destitución, renuncia o inhabilidad física o mental. Henn (quien según Michlig no tiene ningún legislador que le responda) venía promoviendo reuniones con intendentes y presidentes comunales radicales en apoyo a la reforma tributaria que sus correligionarios amenazaban con no votar. Luego se alivianaron las posiciones cuando el radicalismo advirtió que estaban metamorfoseándose con el discurso del ala más dura del peronismo.
Fueron los propios senadores y diputados radicales quienes escucharon de boca de sus correligionarios intendentes y presidentes comunales la exhortación a darle curso lo antes posible a la reforma tributaria (que dejaría unos 500 millones de pesos a repartir territorialmente) porque no llegan a pagar sueldos y el medio aguinaldo (aún aprobada tampoco les llegaría a tiempo el dinero resultante del aumento de impuestos).
Los jefes comunales y municipales radicales no hacen mayores objeciones al amplio texto de la “modernización y actualización” tributaria. Sólo pidieron que no se toquen los avalúos fiscales; “andá y poné vos la cara con los gringos”, le espetó un intendente del Sur a un colega que cree conveniente “tocar” los avalúos fiscales de las tierras rurales.
Mientras todo esto ocurría entre los radicales, el senador rafaelino Alcides Calvo, presidente peronista de la Comisión de Presupuesto y Hacienda junto a su compañero de bancada Rubén Pirola, titular de la Comisión de Economía, Agricultura, Ganadería, Industria, Comercio y Turismo suspendían “hasta que el oficialismo se ponga de acuerdo” las reuniones conjuntas en las que venían recibiendo a entidades y organizaciones aludidas por la reforma. Tal como adelantamos hace una semana, Calvo pidió que “participen activamente los senadores radicales en dichas reuniones (hoy lo hacen pocos de ellos, o bien sus asesores)” ya que “el justicialismo no fue el autor de este aumento de impuestos, por ende no debemos defender un proyecto que políticamente no estamos de acuerdo”. Carambola a dos bandas.
EL RAVALUO
DIVIDE AGUAS
A todo esto, el radicalismo deberá ponerse de acuerdo con el Poder Ejecutivo en un aspecto sustancial de la reforma que pone en serio riesgo su tratamiento: el revalúo fiscal agropecuario. El socialismo quiere modificarlo; los radicales no. Los peronistas, si de verdad quieren agradar a la Casa Rosada (como Scioli y Urribarri) no deberían poner reparos en el revalúo fiscal.
Luis Rubeo, Presidente de la Cámara de Diputados de la Provincia y orientador del FPV, sector considerado por el oficialismo como posible aliado ante la intransigencia de otros grupos peronistas, adjetivó como una “barbaridad” que no se modifiquen los avalúos fiscales para que los chacareros no sean alcanzados por el impuesto a los bienes personales y renta mínima presunta; tributos nacionales coparticipables que, al decir del radicalismo, “van a parar a la Nación y después no regresan a la Provincia”. Rubeo, quien además cree que hay que “modificar la pirámide tributaria y que paguen los que más tienen”, califica la negativa radical de no tocar el avalúo fiscal como mezquina; “es como si nosotros no le quisiéramos votar la reforma al gobierno socialistas por el solo hecho de no darle recursos para que gobierne”.
Rubeo, en coincidencia con el radicalismo, sostiene que hay que gravar también al sector industrial y agroexportador a partir de una determinada facturación, (el socialismo les mantuvo las exenciones) pero dirige lo recaudado hacia un fondo de afectación específica como por ejemplo la construcción de viviendas. De la misma manera piensa que el Impuesto a los Sellos debe ser coparticipado con los municipios y comunas.
Resumiendo el galimatías político en torno de la reforma tributaria: dentro del FPCyS, el radicalismo levanta la mano siempre y cuando no se modifiquen los avalúos fiscales para el campo (no habla del urbano) y se grave a la industria con el Impuesto sobre los Ingresos Brutos. El socialismo no cree que haya que ceder en el revalúo agropecuario, porque considera que la progresividad técnica aplicada por el API-Catastro es justa y equitativa.
El peronismo del FPV “rossista” y el sub bloque Producción y Trabajo acompañaría (con sus reparos y modificaciones, por ejemplo grabar con IB a la industria y coparticipar sellos con las comunas y municipios) y ya avisó que comparte el revalúo al campo. El peronismo “filo FPV”, esto es, el “obeidismo”, el “bielsismo”, 100 % Santafesino y el “perottismo” lisa y llanamente no quieren reforma tributaria.
Unión PRO Federal manifestó que no está de acuerdo con el revalúo fiscal a los chacareros, considerados políticamente base de sustentación electoral de Miguel del Sel para el año que viene; y a su vez pone reparos en el resto del articulado.






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