Miguel Bonasso tiene respuestas largas. Divide su vida entre la tarea legislativa y su oficio de escritor y periodista. En el medio de una guerra dialéctica sin cuartel entre un círculo de intelectuales que abona al poder de Balcarce 50 y progresistas refractarios al kirchnerismo, el autor de “Recuerdo de la muerte” admite que estas rispideces han lacerado, incluso, relaciones de amistad. Participó del comando central de campaña que llevó al poder a Néstor Kirchner, del que hoy está lejos. Irremediablemente lejos.
—(Se ríe). Bueno, ya ve, me fui y no se han caído. Me empecé a ir mucho antes. Tuve discusiones con Kirchner prácticamente desde el comienzo. Yo estaba en el comando central de campaña en el 2003, y cuando él lo designa a Scioli como candidato a vicepresidente hubo una primera ruptura. Yo me alejé, y después hubo un acercamiento cuando lancé mi candidatura a diputado. Tenía una relación personal con Néstor y con Cristina. Tomaron muchas medidas que considero correctas y coincidí con un estado de ánimo de la sociedad que en un 70% veía bien todo eso. Acuérdese lo bien que se tomó la designación de nuevos jueces de la Corte, con la que ahora se pelea. Pero tenía desacuerdo con otras, la más grande cuando me ofrecieron la presidencia de la comisión de Recursos Naturales de Diputados, tal vez pensando en dejarme tranquilo, pero justo estalló el conflicto por Botnia. Tuve choques muy duros con Cristina por la ley de bosques, la tragedia de Tartagal. Después me enteré de las presiones de José Luis Gioja por la ley de glaciares. El gobernador de San Juan le dijo a la presidenta que si no vetaban esa ley él no apoyaría las leyes que el Ejecutivo mandara al Senado. Así de sencillo.
—¿Cómo se posiciona en esta pelea entre intelectuales progresistas K y progresistas que no abonan al oficialismo?
—El kirchnerismo dividió al espacio progresista. En el kirchnerismo hay elementos que no pueden considerarse progresistas, aunque hayan hecho cosas positivas, que apoyamos. Yo integro un interbloque con Pino Solanas y tenemos acuerdos respecto de lo que consideramos el verdadero progresismo; por ejemplo: no dejar que el país sea depredado por grandes trasnacionales que nos dejen un pasivo ambiental terrible como Barrick Gold. Discrepamos además con el gobierno por las evidencias crecientes de corrupción, sobre todo en el área de las concesiones, muy graves, que marcan corrupción de carácter estructural. Robar no es progresista.
—¿Esta curiosa relación de ambivalencia entre progresista ha dañado sus relaciones personales con amigos o compañeros de ruta?
—Sí. Con Carlos Heller, por ejemplo. No nos hablamos.
—Recuerdo que Horacio Verbitsky decía antes de Kirchner que un periodista debía ser opositor porque para oficialismo existen las direcciones de información pública de los gobiernos.
—(Se ríe e interrumpe). Creo que Verbitsky se olvidó de su propia frase... Aprovecho, ya que usted me hace una entrevista en un medio de Rosario, que Verbitsky dijo una mentira. El dijo que yo no había venido a testificar al juicio (por la causa Feced) valiéndome de que era diputado nacional y que podía contestar por escrito. Yo vine a Rosario y me dejaron de seña; me volví sin poder participar, y entonces utilicé la prerrogativa de contestar por escrito. Y dijo otra mentira: que yo no vine para votar en contra de la ley de medios, y yo me abstuve. Verbitsky terminó convirtiéndose en el (Bernardo) Neustadt de Kirchner.
—¿La sociedad le cerró la puerta definitivamente a un nuevo mandato de Kirchner?
—No sé, la oposición está muy fragmentada ideológicamente. No sería tan tajante como Pino respecto a una posible alianza de Alfonsín con Binner.
—¿Binner puede ser aliado de su fuerza?
—Sin dudas, no me siento alejado de Binner. En muchas cosas tiene razón, como durante el conflicto con el campo. Me gustó mucho la posición de Binner en ese momento e incluso lo resalté en algunos artículos.
—¿Ve más cerca al socialismo de la UCR que de usted y Pino?
—Si dentro de la UCR se impone Alfonsín yo creo que (respetando mucho a Pino) no se trata de un hombre de la corporación. A Alfonsín lo veo muy cercano al progresismo. Nunca lo he dicho hasta ahora, pero me gustaría conversar con Solanas sobre esto. Creo que sólo un gran frente podría derrotar de manera tajante al kirchnerismo. La situación fragmentaria actual no lo derrota.





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