Boludos

La Dirección de Tránsito local impone una nueva modalidad de pago: los agentes cobrarán un plus a cambio de aumentar notoriamente los controles que realizan por día. Se aproxima una verdadera cacería en las calles de la ciudad. La directora, en tanto, sigue a los gritos.

Nada de lo que se diga sobre la directora de Tránsito, Claudia Rodríguez, podrá dar fe suficiente de su despliegue de carácter como funcionaria a cargo de tantos empleados. Su fama la precede dondequiera que va, pero no por sus dotes de patinadora internacional. Sus subalternos se lamentan a su paso, pero no por sus niveles de exigencia ni porque requiera que los empleados trabajen mucho. Lamentablemente su popularidad está construida sobre un autoritarismo pocas veces visto, y una omnipotencia que se apoya, como en la mayoría de los casos, en el profundo desconocimiento que ostenta en lo referido a cualquiera de las cuestiones que le atañen. No sólo no sabe sobre el control del tránsito ni la conducción de grupos, sino que tampoco quiere aprender. No tiene empleados, tiene súbditos.

Durante el 2011 dejó un profuso anecdotario que no se ha agotado hasta el momento, con historias que la pintaban de cuerpo entero. La manera en que se refería a los demás, sobre todo a sus empleados. La forma autoritaria en la que mediante improperios les indicaba a todos que en la Dirección sólo se hacía lo que ella decía. Los penosos resultados que su gestión había logrado: una repartición en la que muchos firman y pocos trabajan, y en la que las acciones, lejos de mejorar el tránsito local, suman más caos al que ya existe.

El nuevo año la está potenciando. Parece que cada vez habla peor y no actúa de manera demasiado diferente. Los agentes dicen que la patinadora, ahora se dirige a todos con el argentinísimo epíteto de boludo. Todos se llaman boludo, todos son para ella boludos. Y lo dice así, en voz alta y en presencia de cualquiera.

Ha dado la orden de que los controles de alcoholemia no se realicen en motociclistas, vaya uno a saber por qué, y cataloga de boludo al que no respeta la orden a pie juntillas. Si el motociclista viene haciendo zigzag o no se puede mantener sobre el vehículo, no importa: ella dijo que no, y basta.

Y el que no es boludo es un inútil, según sus propios términos. Realmente es una erudita, pero no puede entender por qué la grúa tarda más tiempo en cruzar la ciudad en plena temporada estival. No le cabe en la cabeza. Si tarda, el chofer es un inútil.

Ahora está furiosa porque los empleados le pidieron que ponga por escrito todas esas órdenes que da vociferando. Entonces se puso peor. Lo que la tiene mal es que de alguna manera tiene que lograr que el mayor número posible de agentes adhiera al nuevo régimen de remuneración por resultados. Y para eso piensa recurrir a cualquier cosa.

Por ejemplo, todos sus subalternos tienen prohibido hacer horas extras en otras dependencias, como lo venían haciendo. Pero además, si quieren hacer horas extras en Tránsito, primero tiene que adherirse al nuevo régimen de productividad.

El nuevo régimen

Esta nueva modalidad se llama Remuneración por Resultados: R.R. Quienes adhieran a ella, efectuarán controles de tránsito dentro y fuera de su horario habitual. Para eso, se considerará que el piso de controles previstos es de 14 por agente y por día, y los que se inscriban comenzarán a cobrar dinero extra a partir del control número 16. En el caso de los controles de alcoholemia, el plus comenzará a regir a partir de los 60 controles por agente y por día. ¿No es mucho?

De todas maneras, parece que solamente 30 agentes han firmado su conformidad a la nueva modalidad, porque cuando se expuso en reunión de todo el personal, algunos tenían preguntas, querían saber cuánto valía en pesos cada uno de los puntos que el agente sumaría, y exactamente cómo sería el modo en que se repartiría el dinero. Pero a la directora no le gustan demasiado las preguntas, y menos aun los petitorios que la obligarían a poner las explicaciones por escrito.

Parece complicado el panorama: un simple cálculo indica que si fueran cien los agentes que adhirieran a la nueva modalidad de liquidación de horas de trabajo, se deberían hacer en la ciudad como mínimo unas 1.600 actas por día para poder cobrar el plus, lo cual significa que terminarían deteniendo a un mismo conductor más o menos a cada rato.

Muchos no están de acuerdo con la nueva modalidad, pero parece que se sienten amenazados: se dice que los disidentes serán trasladados o recibirán un cambio de turno como castigo.

La directora dijo a viva voz que si fuera por ella sacaría el turno noche. Lo cual significaría que durante la noche la ciudad se convertiría en una especie de zona liberada donde cualquiera podría manejar cualquier vehículo de cualquier manera y estando en cualquier condición de intoxicación o embriaguez. Pero a ella no parece preocuparle. El turno noche no le gusta y sanseacabó.

De hecho, una agente de tránsito fue bajada de la camioneta Ecosport de la Dirección que solía conducir durante su turno de trabajo, cuando la misma Claudia Rodríguez le dijo: “No te quiero más en las camionetas, no manejás más vos”.

La razón no fue que hubiera cometido una infracción con el vehículo, como la del interno 56 de la misma dependencia, una camioneta que fuera fotografiada el 28 de diciembre último, cuando estaba estacionada en la senda peatonal de la puerta de una panadería. Ni tampoco como el vehículo de la directora Rodríguez, estacionado en la puerta de su casa y en contramano. La razón fue simplemente que la conductora hacía muchas preguntas en las reuniones sobre el nuevo modo de liquidación de haberes. El marido de esta agente manejaba una grúa de tránsito, y tampoco realiza más esa tarea. Eso le pasa por preguntar.

La resolución específica firmada por el secretario de Gobierno se refiere al tema del reparto del dinero, y dice que a los agentes afectados les corresponderá un tercio del 50% del total obtenido. ¿Obtenido cómo? ¿Un tercio del cincuenta de cuánto? No pregunten.

Y tampoco se asusten, como les sucedió a ciertos agentes que dijeron en reunión que si se sabía que ellos estaban cobrando un plus por la tarea extra, la gente les iba a pegar más que antes. Parece que el subsecretario de Control Adrián Alveolite y Claudia Rodríguez les contestaron: “para eso te pagan”. Porque para la Directora, toda pregunta u opinión es un desafío o un cuestionamiento a su autoridad. Sólo queda callar o irse.

Vivir al borde

Algunos casos se han desarrollado en medio de un secreto a voces que sin embargo está cuidadosamente alejado de la prensa. Porque no solamente hay empleados que están nerviosos por miedo al traslado o al cambio de turno que perjudicaría a sus familias, que están organizadas de determinada manera. Hay algunos otros que están a punto de perder el control o ya lo han perdido por completo. Una mujer fue trasladada a otra dirección por sus disidencias con el régimen, y cuando llegó a su casa, simplemente se hirió con un cuchillo. ¿Eso no es un peligroso desborde emocional para una agente que tiene que enfrentar al público permanentemente? No es el único caso.

Se habla también de un inspector del turno tarde que discutió con la directora dentro de la municipalidad, y sufrió una crisis nerviosa. No sólo porque ella no lo escuchó, sino que además lo maltrató como hace con todos, sin tener en cuenta ni la edad ni la antigüedad que tuviera el inspector en su cargo. En ese estado de impotencia y descontrol, se cortó los brazos en el palacio municipal, y sufrió un infarto. Ella no tiene límites.

También gritó insultos a una inspectora motorista. Ella no quiso aceptar el maltrato y denunció a su jefa por abuso. Claro que la directora esta vez no podía tomar una represalia directa sobre ella, porque hubiera sido demasiado evidente: el resultado fue que incluyó al marido de la denunciante en la lista de trasladados.

Así están las cosas, con infartados, denunciados y mutilados. Pero así y todo, ella sigue en el cargo de coordinar con estos modales unos trescientos empleados que ahora encima van a cobrar por cantidad, y no por calidad.

Se dice que la patinadora no ha cesado de pegar gritos por Nextel en cada lugar donde puede hacerse ver. Pero por más que se quede afónica, con eso no ha logrado mejorar nada, porque no escucha a nadie, siquiera a los que tienen treinta años de experiencia. Entonces, nadie la escucha a ella.

Dicen los que saben que la corrupción es la misma de siempre, y que se siguen recibiendo los mismos llamados para rescatar coches de amigos o de funcionarios políticos y judiciales. Lo que pasa es que algunos cambian de puesto y pretenden volverse decentes de repente por el ascenso, cuando toda la repartición les conoce el prontuario de sobra.

Por lo pronto, habrá que ver qué sucede cuando los inspectores de tránsito comiencen a cobrar el plus después de los 60 controles de alcoholemia: terminarán soplando la pipeta hasta los niños en triciclo, los adolescentes en skate, o las brujas en escoba. Saldrán pipetas de los sitios menos esperados y a todas las horas del día, cuando los sitios calientes de la ciudad seguirán siendo territorio de nadie.

Porque aunque la directora Rodríguez no se haya enterado, los que salen de parranda ya saben dónde están los controles de alcoholemia. Doblan antes, señora.

Todo el mundo dobla antes del Unzué. Antes de Constitución y Avenida 180. Antes de Independencia y Rawson. Antes de Alem y la costa. No es muy difícil. Uno sale dos veces, y ya se lo aprende. Es decir que los que pasan por allí intencionalmente, es porque no tomaron. A esos, ¿también les dice boludos?

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