LA QUIACA (Corresponsal). La presente temporada veraniega hace que numerosos contigentes de jóvenes argentinos crucen la frontera rumbo a Bolivia; la otra cara de la moneda es que miles de ciudadanos bolivianos han entrado de forma legal e ilegal a nuestro país por el Puente Internacional "Horacio Guzmán" que une las ciudades de La Quiaca y Villazón (Bolivia).
Al margen del drama social, de aquellos que pretenden vivir una nueva y mejor vida, son las necesarias prevenciones y políticas de contención y control que se deben aplicar. Una política de puertas abiertas puede ser beneficiosa a corto plazo en situaciones particulares concretas, mano de obra barata en el campo y un sinfin de trabajos que el ciudadano argentino rechaza por no ser de su "altura". Hoy las consecuencias a largo plazo están a la vista, inevitablemente y desastrosas, derivadas de inmensos grupos de población a los que el mercado del país no consigue ubicar. Y que por lo tanto, acaban formando núcleos marginales, que ocupan tierras y generan actos delictivos corrompiendo a sus propios compatriotas, aprovechándose de los servicios sociales básicos, además beneficios del Estado que ni el propio habitante originario puede acceder. Luego de cruzar el Puente Internacional con equipaje al por mayor, la espera en La Quiaca se vuelve interminable, quienes se dirigen a un destino esperan por largas horas o hasta a veces un día entero.
A esto debe sumársele la viveza de algunos que estafan a la gente con pasajes truchos hacia Buenos Aires, menor precio mal momento, es la frase exacta para definir como familias enteras ven trunco su sueño de una vida mejor, quedando varados donde el consulado boliviano debe actuar y devolverlos a su lugar de origen.. La cuestión es subir al ómnibus que los trasladara hacia el lugar elegido, donde los espera algún familiar o directamente "empleadores" sin escrúpulos. Mas allá de los problemas sociales y políticos que actualmente embargan al país andino, y quizás sea la causa de los "viajes" hacia nuestro país. Una cosa está comprobada la emigración desde Bolivia hacia Argentina proviene del origen que la motiva, y no del trato o tipo de vida que puedan llevar. Algunos vienen con la sana intención de trabajar honradamente, otros únicamente a integrar bandas criminales, redes delictivas que se filtran por los "agujeros" de una política de migración irresponsable. Estos flujos de personas, sin duda en la mayoría de las circunstancias buscan un porvenir mejor del que tienen hoy en Bolivia.

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