Gas boliviano, un millón de dólares diarios que paga el bolsillo de los argentinos

Las compañías que venden y compran el fluido importado son las mismas a ambos lados de la frontera.

Los nuevos pozos que se perforan en el sur de Bolivia están tan cerca del borde con Salta que más de uno se pregunta, de este lado de la frontera, si esos yacimientos “no terminarán chupando el gas” que subyace bajo los suelos de Acambuco o Campo Durán.

Con lo que se paga de sobrecosto se podría perforar hoy un pozo de exploración cada 30 días en el país.

Las torres de perforación de Madrejones y San Alberto se ven con preocupación desde el departamento San Martín, pero esos pozos no son la causa, sino un espejo, del derrumbe del gas argentino y pérdida de la soberanía energética del país.

Las dramáticas caídas que muestran las reservas de gas y petróleo en las cuencas nacionales, ¿son atribuibles sólo a desaciertos políticos? ¿Qué actores juegan en el actual escenario de crisis energética? ¿Quiénes ganan en un país arrastrado a depender de importaciones cada vez más voluminosas de gas y otros onerosos combustibles sustitutos para usinas e industrias?

En caída libre

Desde el derrumbe de la convertibilidad, sucesivas administraciones del gobierno nacional mantuvieron el precio del gas en boca de pozos argentinos relegado. Aún hoy, con las actualizaciones que hubo desde 2002, el gas se paga en los yacimientos de Salta, Neuquén, Santa Cruz y Cuyo a valores de entre 2,05 y 2,20 dólares el millón de BTU (unidad térmica británica equivalente a cerca de 27 metros cúbicos).

Por el gas que se importa desde Bolivia, sin embargo, se paga hoy 7,35 dólares el millón de BTU. La Argentina, por falta de gas sus yacimientos, tiene hoy comprometidas con Bolivia importaciones de hasta 7,7 millones de metros cúbicos diarios, aunque los últimos contratos refrendados por ambos gobiernos prevén incrementar dichos volúmenes, en forma gradual, hasta los 27,7 millones de metros cúbicos diarios.

Precio y desprecio

¿Por qué un país que a comienzos de esta década se autoabastecía, e incluso exportaba excedentes de gas, llegó a este estado de dependencia? Una primera explicación está en la escasa a nula inversión que las petroleras volcaron en la exploración gasífera desde que el precio en boca de pozos está políticamente sujetado y se pagan precios que son entre cuatro a seis veces superiores por los combustibles que se importan, desde distintos países, para sustituir las menguantes producciones de las cuencas del NOA, Cuyo y la Patagonia.

El gas de Bolivia se paga tres veces más caro que el argentino y el gas natural licuado (GNL), que llega en buques metaneros y luego se regasifica en Buenos Aires, alcanza con los gastos adicionales entre 12 y 13 dólares el millón de BTU. El fuel oil adquirido a Venezuela tiene costos parecidos y el gasoil, que también se usa en usinas en reemplazo del gas faltante, vale todavía más que el fuel oil.

Aquí y allá

Las petroleras con concesiones en las cuencas hidrocarburíferas del país, en los últimos años, dejaron de lado sus programas de exploración en busca de nuevos hallazgos de gas. ¿Se las intimó a retomar las inversiones indispensables para reponer reservas? ¿Se las sancionó por dejar caer sus producciones y poner al país ante tan delicada situación de desabastecimiento energético? Sin duda que no. También está claro que no es Evo Morales el que vende el gas de Bolivia ni es la presidenta Cristina Kirchner quien lo compra.

Empresas como Repsol-YPF, Pluspetrol, Tecpetrol, Pan American Energy, Bridas -las mismas que operan los declinantes yacimientos argentinos- son las que producen y colocan el gas extraído en sus pozos de Bolivia. Más allá de que en el vecino país cambian sus niveles de participación en consorcios petroleros como Andina o Chaco, los actores del negocio se repiten aquí y allá, salvo que al otro lado de la línea fronteriza cobran 7,35 dólares por cada millón de BTU y no los 2,20 dólares fijados por el gobierno para yacimientos argentinos.

Por más que aquí pagan al Estado regalías del 12% y en Bolivia tributan más del 45%, producto de las nuevas reglas impuestas por el presidente Morales con la sonada nacionalización hidrocarburífera, no hace falta ser un administrador de empresas, ni un genio matemático, para inferir de qué lado de la línea internacional están invirtiendo las petroleras en exploración gasífera.

De hecho, grupos como Repsol-YPF y Pluspetrol no tiene ningún empacho en anunciar proyectos e inversiones en Margarita, Madrejones y otros campos gasíferos de Tarija con miras a vender más gas a la Argentina.

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