El ex soltero empedernido y su bella mujer, ante los ojos del mundo en su unión ante el altar.
La unión del heredero de una dinastía que reina desde hace más de 700 años y la ex campeona de natación sudafricana.
El viernes se casaron en una breve ceremonia en la Sala del Trono del medieval Palacio.
Los príncipes Alberto II y Charlene de Mónaco, convertidos en marido y mujer, celebran este sábado su enlace religioso, con la presencia de unos 850 invitados en el patio de honor y de 3.500 en la plaza del Palacio, incluidos jefes de Estado y representantes de las casas reales.
La ceremonia es oficiada por el arzobispo de Mónaco, Bernard Barsi, y está previsto que dure una hora y media, frente los apenas quince minutos que duró el sobrio acto celebrado el viernes, en el que la princesa Estefanía no pudo evitar emocionarse.
De cumplirse el programa al minuto, luego la pareja se dirigirá hasta la Iglesia de Santa Devota, patrona del Principado, para que la novia, como manda la tradición, deposite allí su ramo, tal y como hizo la fallecida princesa Gracia tras su boda con Rainiero III en 1956.
El príncipe Alberto II y Charlene, también princesa desde este viernes, se desplazarán hasta ese lugar en un descapotable, un Lexus LS 600h Landaulet, concebido especialmente para la ocasión, y en ese mismo coche volverán a Palacio un rato más tarde.
Los invitados, algunos de los cuales comenzaron a llegar un día antes y acudieron a una recepción en su honor, como los príncipes de Holanda o los de Dinamarca, serán agasajados en la Ópera Garnier con una cena preparada por el célebre chef francés Alain Ducasse, y con un espectáculo de fuegos artificiales que dará por cerradas las festividades.
La novia se casó el viernes con un traje diseñado por ella misma, pero en esta ocasión fuentes de Palacio han adelantado que irá vestida de Giorgio Armani, mientras que el novio portará el uniforme de verano, blanco, de la compañía de carabineros.
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