Jujuy parece tener, en el vértice de su agenda, el proceso de integración regional.
La iniciativa, que tuvo la bendición del canciller Héctor Timermman, fue suscripta en Tucumán por los gobernadores Walter Barrionuevo, José Alperovich (Tucumán), Eduardo Brizuela del Moral (Catamarca) y Gerardo Zamora (Santiago del Estero), con la sugestiva ausencia del primer mandatario salteño, Juan Manuel Urtubey.
Más allá de las especulaciones personales y políticas, lo cierto es que este espacio retoma una vieja deuda de la región NOA: la posibilidad de actuar en bloque para obtener, desde sus particularidades, beneficios globales que permitan potenciar el comercio, la instalación de industrias y la generación de empleos.
PROTAGONISMO JUJEÑO
Desde luego, Jujuy no podía estar ausente, aunque sí (y esto es lo novedoso) su participación se tornó mucho más activa en los últimos años. ¿La razones? Una nueva perspectiva de integración regional impuesta por Barrionuevo y la necesidad de aceptar que es imposible, en el contexto actual, generar mejores condiciones de inversión y desarrollo si no se actúa en bloque o vinculándose con provincias y países vecinos.
Esta perspectiva, que puede resultar básica para los expertos en comercio internacional, resultó siempre una materia pendiente para Jujuy. Sea por su agitada historia institucional en la década del ‘90 que obligó solo a mirar el ombligo local o disputas política regionales de liderazgo en un período que llegó hasta el año 2007, lo cierto es que poco se había realizado para ar a nuestra provincia en un contexto articulador.
Si bien para algunos pueden resultar acciones secundarias, lo cierto es que tantos años de aislamientos se pagan caro y afectan, luego, las posibilidades de crecimiento de mediano plazo. En los últimos años, por algunos aciertos en la política del Poder Ejecutivo, la curva parece en plena recuperación, con expectativas que alientan un panorama optimista para los tiempos que vendrán.
TIEMPO DE FIRMEZA
Eso sí, es tiempo ahora de generar conciencia empresarial en tal sentido, y lograr que, sin titubeos, sea una política de Estado. De igual forma, debe entenderse la defensa de la autonomía provincial (con un discurso poco difundido, pero de alto valor político e ideológico como el que pronunció el gobernador Barrionuevo en el Senado de la Nación a propósito de la Ley de Glaciares) y, especialmente, la defensa de los intereses provinciales.
Eso son los desafíos que vienen y su concreción tiene que dejar de ser responsabilidad de algunos pocos, para convertirse en una bandera colectiva. Esta claro que todos los errores, omisiones o concesiones que se realizan en el pasado, tarde o temprano se cobran en el presente, afectando las expectativas a futuro.
LLAMADO DE ATENCION
Por otra parte, la muerte del joven militante del Partido Obrero en Buenos Aires, encendió la luz de alerta en la compleja estructura de convivencia social argentina. Es que la beligerancia de algunos reclamos, la acción violenta de otros sectores, el rol de la policía y las decisiones políticas que se toman en tal sentido, parecen haber llegado a un punto sin salida que ameritan reconsiderar la coyuntura actual.
No se trata de entablar la discusión entre “mano dura” o “ausencia total del Estado”, sino de redefinir los derechos y las responsabilidades que a cada actor le corresponde y actuar conforme a ello. Muchos más en Jujuy, donde los reclamos de los últimos años adquirieron especial textura, a punto tal de vivir situaciones extremas. Es de esperar que en el escenario actual que se vive, todos los actores pongan las barbas en remojo y cada uno considere qué es lo que está haciendo para vivir en una sociedad más justa y solidaria.
Es tiempo, sin dudas, de una merecida pausa y reflexión, dejando de lado mezquindades sectoriales.





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