Bélgica quedó a la deriva

Bélgica se quedó una vez más sin gobierno luego de que el rey Alberto II aceptara la dimisión la semana pasada por el premier democristiano Yves Leterme. La crisis supone el fin de una administración que duró sólo cinco meses en el poder, imposibilitada de acordar un nuevo estatuto lingüístico en el distrito bilingüe de Bruselas-Hall-Vilvorde, compuesto por la capital y 35 comunas en Flandes.
En esas poblaciones, la mayoría flamenca quiere poner fin a los derechos lingüísticos y políticos de los 150 mil residentes francófonos, amparándose en la uniformidad territorial. Para los francófonos, en cambio, los derechos personales son más importantes que los territoriales.

Leterme había presentado la dimisión de todo su equipo el pasado jueves, tras la retirada, por sorpresa, de los socios liberales flamencos de la coalición de cinco partidos que ha gobernado en Bélgica desde noviembre. La crisis es especialmente grave por el contexto de crisis económica y porque en julio Bélgica debe relevar a España en la presidencia de la Unión Europea.

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