Bienvenido Príncipe

Bienvenido Príncipe
Enzo Francescoli, el ídolo más grande de millones de hinchas de River, llega para apadrinar la segunda edición de la Neuquén Cup. El lanzamiento será en Cutral Co, donde lo espera una caravana de honor. A partir de las 10.30 el uruguayo será acompañado por la gente hasta el Gimnasio Municipal, donde un rato después se hará la presentación oficial.
Lo apodaron Príncipe en sus inicios. Pero cuando se puso la Banda Roja cruzándole el pecho, se convirtió en Rey de Reyes. En sus dos pasos por River Plate el uruguayo Enzo Francescoli construyó un idilio irrompible, perdurable por muchos años más que aquel puñado en el que los hinchas Millonarios disfrutaron de uno de los mejores jugadores de su historia. El que más hondo caló en el corazón de millones de simpatizantes, el que marcó a más de una generación que lo tiene como su ídolo máximo. Para siempre.

El Enzo, retirado hace 15 años, convertirá este miércoles en un día inolvidable para los hinchas de River de la región. Desde bien temprano, cuando arribe a Neuquén en vuelo de Aerolíneas Argentinas, hasta que finalice la jornada, ya en el inicio del jueves, después de la cena en la que será el invitado de lujo, en el Club Independiente.

El foco de atención principal será en Cutral Co, que se vestirá de fiesta para recibir a Francescoli para que sea padrino de la segunda edición de la Neuquén Cup. El certamen internacional de fútbol infantil, que tuvo en su primera experiencia a Martín Palermo como padrino, en esta nueva aventura disfrutará del Enzo en ese rol.

Por eso estará en el Gimnasio Municipal Enrique Mosconi (San Juan y Principal Sáenz) a partir de las 11, para encabezar el lanzamiento oficial. Tal cual hizo hace un año el ex goleador Xeneize. Esta vez el gusto se lo darán los de River, aunque cientos de chicos podrán tener de cerca a uno de los referentes más importantes de la historia del fútbol nacional. Un hombre que en sus dos pasos por el Millonario llevó al equipo a la gloria.

La espera del ídolo será en el ingreso mismo de la ciudad, en el que ya se armó una movida en grande para que una caravana de autos acompañe el arribo del Enzo hasta el lugar de la conferencia de prensa.

Será el primer contacto del uruguayo con el cariño que sabe le profesan los hinchas de River desde hace más de 25 años, pero que por primera vez podrá disfrutar en esta parte de la Patagonia.

El afecto no lo sorprenderá. A fuerza de costumbre, el Enzo tuvo que entender que nadie supera su figura en el corazón de la gran mayoría de los hinchas contemporáneos del club de Núñez. Aquellos que lo vieron en su primera etapa transformar un arranque lleno de dudas en un paso glorioso, en el que se convirtió en la figura y goleador del equipo que al mando del Bambino Veira ganó el primero de los torneos largos jugados de agosto a junio, el de la temporada 1985/86, antes de irse al Mundial de México y al fútbol europeo ya instalado como ídolo. Aquel equipo, ya sin él, ganó la primera Copa libertadores y la única Intercontinental que luce en las colmadas vitrinas del club.

Si alguno se había quedado sin enamorarse de ese flaco desgarbado que la tenía atada en su ciclo inicial, en el que regaló una chilena que se hizo una marca registrada, su regreso lo llevó al olimpo de las glorias riverplatenses.

Volvió en 1994, tras 8 temporadas en el fútbol europeo en las que generó que Zinedine Zidane, uno de sus tantos admiradores, bautizara Enzo a su hijo en homenaje al uruguayo.

Francescoli regresó a River para llevarlo al título del Apertura, campeón invicto con el Tolo Gallego en el banco, con un triunfo 3-0 en La Bombonera como frutilla del postre.

Luego se puso una meta: ganar la Copa Libertadores que nunca había jugado. Y lo consiguió en 1996. Fue capitán y estrella del equipo de Ramón Díaz que se coronó otra vez ante el América de Cali, y que no pudo unos meses después frente a la Juventus italiana en la Intercontinental en Japón. Fue lo único que le faltó ganar en el Millonario.

Porque ese mismo año arrancó la conquista del tricampeonato local, que cerró con la obtención del otro campeonato que todavía no brillaba en las vitrinas del club: la Supercopa. A fines de 1997 el Enzo levantó ese trofeo, y dijo adiós. Pero ya había hecho más que suficiente para ganarse el corazón de los hinchas de River para siempre.

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