Un día bien peronista que complicó al Gobierno K

Ayer fue un día bien peronista. La marcha a Plaza de Mayo, convocada por el titular de la CGT, Hugo Moyano, tuvo una convocatoria que sobrepasó ampliamente las previsiones que tenía la presidenta Cristina Kirchner y su círculo de aplaudidores oficiales.
Es más, hasta se sumó gente que nada tiene que ver con el movimiento sindical, como son los productores rurales y distintas asociaciones de jubilados que reclaman por la restitución del 82% móvil y que están indignados por el despilfarro de fondos que la administración K está haciendo en la Anses y el Pami.

El movimiento obrero ayer logró sortear con éxito la trampa que le había tendido la primera mandataria cuando, en un claro intento de amedrentamiento y extorsión, anunció que las fuerzas federales de seguridad no iban a custodiar la marcha. El objetivo de crear una zona liberada fue claro: incentivar el caos, dar a entender que podía haber incidentes. Incluso, desde el mismo seno de la CGT se denunció que La Cámpora habría estado preparando a una serie de militantes rentados para que actuaran como provocadores, con el objetivo de que se produjeran incidentes que enturbiaran la movilización. Nada de ello ocurrió, y por eso Moyano ganó la pulseada con amplio

margen.

No hay dudas de que el acto de la CGT se convirtió en el mayor acto opositor de los últimos tiempos. Sólo comparable a las marchas del campo, durante el conflicto por la 125. Pero Moyano fue un poco más allá e hizo un “llamado” a la “sociedad” para que el Gobierno de Cristina abandone la “soberbia”.

A su vez, con las denuncias públicas que el dirigente camionero realizó ayer contra el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, al que acusó por tener 3.000 empleados contratos basura y por avalar elecciones fraudulentas (en relación a lo ocurrido el año pasado, en la interna de la CTA), Moyano les puso freno a las operaciones orquestadas desde la Casa Rosada para desplazarlo de la conducción de la central obrera.

El camionero tiene prácticamente asegurada su continuidad como secretario general de la CGT durante los próximos tres años, que casualmente coinciden con el tiempo que le queda a Cristina Kirchner como presidenta.

Además, sólo con haber enarbolado las banderas contra el impuesto al trabajo y contra la aberrante discriminación en el pago de las asignaciones familiares, a Moyano le alcanzó para ocupar un lugar que, desde hace tiempo, se encontraba vacante: se convirtió en líder de la oposición. Y por eso logró aglutinar, en un mismo acto, distintos sectores políticos y sociales, con distintas ideologías, que protagonizaron el primer paro nacional en nueve años de gobierno kirchnerista.

Moyano es un dirigente sindical de experiencia. Y por eso, lejos de entrar en el juego del caos y la violencia que le propuso la administración K, envío señales claras de que está dispuesto al diálogo.

Por eso, ahora la pelota la vuelve a tener un gobierno que, en los últimos meses, decidió encerrarse en sí mismo.

Marcado silencio en la Casa Rosada

En la Casa Rosada se mantuvo el silencio, y se intentó mostrar indiferencia ante el primer acto de la CGT contra el kirchnerismo en nueve años.

Ningún funcionario oficial comentó la movida del titular de la CGT ni salió a replicar sus palabras. Sólo la presidenta Cristina Fernández, desde la provincia de San Luis, hizo alguna referencia tangencial al tema, pero de manera muy indirecta.

En los despachos de la Casa de Gobierno, que incluyen el del ministro del Interior y Transporte, Florencio Randazzo, la sola presencia de periodistas ponía nerviosos a los funcionarios.

“La consigna que recibimos fue no abrir la boca”, confesó un allegado al poder que explicó que en las últimas horas del martes hubo muchas reuniones en la Rosada para analizar la estrategia a seguir.

La jefa del Estado en persona -que el martes se retiró a Olivos muy tarde en la noche- participó de alguno de estos encuentros, donde se decidió bajar la expectativa que el propio oficialismo había generado por la movilización del camionero a través -especialmente- del discurso presidencial del mediodía.

Según fuentes oficiales, el Gobierno analizó que ese mensaje, transmitido por cadena nacional y con fuertes ataques hacia Moyano y sus aliados, tuvo un efecto contrario al esperado y generó más rechazos que adhesiones. Por esa razón, la decisión fue evitar nuevos enfrentamientos.

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