Lo aseguró Darío Bruera, joven ingeniero agrónomo de Andresito que integra el grupo Cambio Rural. El profesional enfatizó la necesidad de trabajar con más eficiencia.
"Si vamos a seguir siendo yerbateros tenemos que usar un poco la cabeza para hacer mejor las cosas, porque siempre estamos enojados con la yerba, pero es poco lo que hacemos para mejorar”. La frase, disparada en tono acusatorio, corresponde al ingeniero agrónomo Darío Bruera y fue pronunciada durante las Jornadas Tecnológicas de la Yerba Mate realizadas en Apóstoles.
El profesional aseguró que aún con los precios actuales, la actividad yerbatera ofrece un interesante margen de rentabilidad, siempre y cuando el cultivo esté bien manejado y se reinvierta para mantener a la unidad productiva en buenas condiciones. “Si trabajás como corresponde en los suelos de Andresito, vas a sacar 10.000 kilos por hectárea, eso te da un ingreso de 9.000 pesos con los precios actuales. Un sojero en Paraguay o Brasil no saca más que eso”, indicó.
Bruera se desempeña como productor y asesor en la zona de Andresito e integra junto a otros 10 productores, el grupo Cambio Rural. Desde ese lugar se proponen introducir cambios que tiendan a hacer del cultivo de yerba, una actividad eficiente.
El profesional reconoció que en Andresito la mayoría de los yerbales presentan un avanzado estado de degradación. “Lo que vemos es que son yerbales que en 25 años lo único que hicimos fue sacar, nunca le pusimos nada. Cosechamos en cualquier época, según la demanda del mercado y sin respetar los tiempos de la planta. Nos encontramos con suelos descubiertos y compactados, porque nunca nos preocupamos en poner cubiertas verdes, entonces la lluvia va lavando la tierra y eso aumenta la compactación”, detalló.
Otro de los factores que según Bruera, perjudicaron a los cultivos, fue el uso excesivo de agroquímicos, especialmente glifosato, lo que llevó a que se desarrollaran malezas que son inmunes a ese tipo de herbicidas.
Nueva genética
Desde el Grupo Cambio Rural proponen dos opciones para mejorar las plantaciones degradadas: interplantación o reemplazo total de las plantas.
La primera solución consiste en agregar nuevos ejemplares de modo intercalado sobre la plantación vieja. Advirtieron que esta práctica sólo es eficiente si el yerbal es de menos de 15 años y conserva más de 60 por ciento de su densidad original.
Si el yerbal es más viejo o tiene un mayor porcentaje de plantas dañadas, la recomendación es tumbar todo y plantar de nuevo. Eso da la posibilidad de incorporar la tecnología y los conocimientos que ahora están disponibles, especialmente en lo referente a material genético, uso de cubiertas, curvas de nivel y densidades apropiadas. “Tal vez el productor no pueda cambiar todo de golpe, pero puede hacerlo progresivamente, 5 hectáreas por año por ejemplo”, propuso Bruera.
Mecanizar la cosecha
Bruera consideró que uno de los principales problemas que enfrenta el sector en la actualidad es la escasez de mano de obra y la falta de capacitación. “Nos resulta difícil a los productores competir con otros sectores por el uso de la mano de obra, porque el trabajo en la chacra impone serios rigores”, dijo.Esa dificultad para conseguir tareferos, se traduce en un serio problema a la hora de intentar aplicar nuevos sistemas de corte, que son necesarios para conservar mejor la salud de las plantas.
Para el especialista, la solución debería pasar por una mayor mecanización en las tareas de cosecha y convocó a los industriales a avanzar en ese sentido. “Si alguien me presenta una solución mecanizada que me cueste menos de la mitad de mi producción le doy el puesto”, indicó.
Caso de éxito: de 3.000 a 10.000 kilos por hectárea cultivada
Como ejemplo práctico de las técnicas de manejo de yerbales propuestas por los técnicos que participaron de las Jornadas Tecnológicas, se presentó la experiencia llevada adelante por Luis Lytwin, productor que desde 2008 viene desarrollando un plan de mejora integral de sus cultivos, mediante el cual logró ostensibles incrementos en los rindes.
En 2008 comenzó a cambiar las prácticas en sus yerbales: dejó de lado el uso de la rastra, comenzó a usar enmiendas con estiércol y fertilizantes químicos y sembró cubiertas verdes. También puso en práctica poda selectiva de rebaje y cosecha de ramas maduras.
Con esa receta, logró elevar el rinde promedio de sus yerbales, ubicados en Azara y Tres Capones, de 3.000 a 5.000 kilos por hectárea. Pero advirtió que en las áreas en las que puso más atención, llegó a cosechar más de 10.000 kilos por hectárea y aseguró que “trabajando bien se puede llegar a los 20.000 kilos, eso está probado”.
Explicó que una de las claves fue la siembra de cubiertas verdes entre los lineos de los yerbales. Indicó que con eso se consigue que el sol no queme el suelo, se combate la compactación y se dificulta el crecimiento de malezas. “Las cubiertas de verano son poroto sable, mucuna enana y guandú y las de invierno, avena y raigrass”, detalló.
Otro punto fundamental, según el productor, fue el cambio en las prácticas de cosecha orientados a incentivar el crecimiento de ramas nuevas. “Cuando empecé a aplicar el sistema de corte de rama madura, la productividad cayó. Pero al año siguiente, cuando crecieron ramas nuevas, comenzaron a verse resultados muy positivos” detalló.
Yerba y madera
En un predio de 5 hectáreas, Lytwin optó por integrar la forestación al cultivo de yerba. Eligió plantar grevillea porque estudios técnicos indican que sus hojas aportan beneficios al suelo.
La experiencia comenzó en 2001, diez años después los árboles presentan un diámetro basal de 35 centímetros.
Comentá la nota