El alto costo de mantenimiento, y la escasa o nula utilidad de esa dependencia, llevó al Intendente, Gustavo Bevilacqua a comenzar las acciones tendientes a cerrar las puertas del inmueble que fuera inaugurado por su antecesor, Cristian Breitenstein.
Cuando se le dijo que el costo total, incluído los empleados que allí trabajan, y dependiendo del mes, era entre 80 y 100 mil pesos cada 30 días, el Jefe comunal no dudó en decir que debía cerrarse.
Es que no sólo lo midió en referencia al alto valor mensual, sino a la falta de actividades en el lugar, y al atraso en el pago de los privados que se comprometieron a aportar para ese enmueble.
La idea había desvelado al actual Ministro de la Producción bonaerense, y gracias al financiamiento de diferentes entidades e instituciones relacionadas con la ciudad, se concretó el 7 de abril de 2010.
La Unión Industrial bahiense, la Corporación del Comercio, Industria y Servicios, los bancos Macro, Coopesur y Credicoop, el Consorcio de Gestión del Puerto y la Zona Franca debían aportar los fondos necesarios para sostener esa estructura en Capital Federal.
Entre todas debían pagar entre un 70 y 80 por ciento del alquiler y mantenimiento general especificado en el contrato de locación.
En la inauguración, Breitenstein había dicho que "simbólicamente es muy importante para nosotros la casa de Bahía Blanca, es darle la posibilidad a la gente de tener un lugar donde hacer gestiones e involucrase".
"Es un espacio donde vincularse con las embajadas y trabajar en la cooperación internacional para que Bahía Blanca esté más integrada a la Provincia y a la Nación, con la intención de mejorar día a día nuestra calidad de vida", aseguró Breitenstein.


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