El Papa y el líder de la revolución hablaron de la multiplicidad de religiones y de la ciencia, entre otros temas. Antes de dejar la isla, criticó las “medidas económicas restrictivas impuestas desde fuera del país”, pero sin nombrar a Estados Unidos.
Benedicto XVI mantuvo ayer un cordial encuentro con el ex presidente y líder de la Revolución Cubana Fidel Castro y, antes de subirse al avión que lo llevó de vuelta al Vaticano, condenó el embargo que soporta la isla caribeña desde hace 50 años. En su última jornada de la gira por América Latina, el Papa se despidió de los fieles cubanos con una misa en la Plaza de la Revolución ante 300 mil personas en la que aseguró que tanto Cuba como el mundo “necesitan cambios”.
“Que la luz del Señor no se apague en quienes la han acogido y ayude a todos a estrechar la concordia y a hacer fructificar lo mejor del alma cubana”, señaló Benedicto XVI al pie del avión de Alitalia, acompañado por el presidente Raúl Castro. Para ello, sostuvo, es importante que sus libertades no se vean agravadas “cuando medidas económicas restrictivas impuestas desde fuera del país pesan negativamente sobre la población”. Sus palabras resonaron en los oídos de los detractores del gobierno que habían depositado sus esperanzas en que Joseph Ratzinger se manifestara en contra del sistema político instaurado en Cuba desde la revolución de 1959. En cambio, el Sumo Pontífice esbozó una crítica directa al embargo impulsado por Estados Unidos, aunque sin nombrar al país norteamericano.
Minutos antes, Ratzinger había confraternizado con el ex mandatario cubano Fidel Castro en una reunión desarrollada en un clima de “gran cordialidad”, según comentó el vocero del vaticano Federico Lombardi en una conferencia de prensa posterior. Allí, ambos líderes conversaron acerca de los cambios en la liturgia de la Iglesia Católica, las dificultades que afronta el mundo actualmente, la multiplicidad de religiones y la problemática de la ciencia que no logra dar respuesta a todos los problemas de la humanidad. Castro, que ya se había reunido en 1998 con su antecesor Juan Pablo II, rompió el hielo de la conversación con una pregunta que sorprendió a Benedicto XVI: “¿Qué hace un Papa? ¿Cuál es su función?”
Más temprano, Benedicto XVI había brindado una multitudinaria misa al aire libre en la Plaza de la Revolución de La Habana, en la que volvió a hacer hincapié en el proceso de reforma que atraviesa el gobierno cubano. “Cuba y el mundo necesitan cambios”, aseguró el Pontífice tras hablar de la necesidad de “una auténtica transformación social” y de la “reconciliación”. “La verdad es un anhelo del ser humano y buscarla siempre supone un ejercicio de auténtica libertad”, señaló el Papa, quien luego completó: “Hay quienes interpretan mal esa búsqueda de la verdad, llevándolos a la irracionalidad y al fanatismo, encerrándose en su verdad e intentando imponerla a los demás.”
“Es de reconocer con alegría que en Cuba se han ido dando pasos para que la Iglesia lleve a cabo su misión insoslayable de expresar pública y abiertamente su fe”, continuó Benedicto XVI. “Sin embargo, es preciso seguir adelante, y deseo animar a las instancias gubernamentales de la nación a reforzar lo ya alcanzado y a avanzar por este camino de genuino servicio al bien común de toda la sociedad cubana”, finalizó el Pontífice. <





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