Estallaron violentos choques entre los rebeldes y el ejército en los alrededores de la capital; por lo menos 80 muertos en todo el país
AMMAN.-Aislado diplomáticamente y hostigado por las fuerzas rebeldes, el régimen sirio lanzó ayer una feroz ofensiva para tratar de recuperar el control de varios suburbios de Damasco, donde las tropas del presidente Bashar al-Assad chocaron con grupos armados de desertores en los combates más intensos registrados a las puertas de la capital siria desde que comenzaron las revueltas, hace diez meses.
Según fuentes del opositor Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH), alrededor de 2000 soldados, junto con por lo menos 50 tanques y vehículos blindados, se trasladaron durante la madrugada de ayer a la zona de Ghouta, en las afueras de Damasco, para reforzar las tropas desplegadas en los distritos orientales de Saqba, Hammouriya, Erbeen y Kfar Batna. "Es una guerra urbana; hay cuerpos en la calle", dijo por teléfono un activista en Kfar Batna.
La oposición siria estimó que por lo menos 80 personas murieron ayer en los enfrentamientos registrados entre las fuerzas gubernamentales y los rebeldes en las provincias de Idleb (Noroeste), Deraa (Sur), Homs (centro) y en las proximidades de Damasco.
La mitad de las víctimas mortales son civiles. Desde el viernes, hubo más de 175 muertos, según el OSDH. "Las mezquitas se han convertido en hospitales de campaña, el ejército cortó la electricidad y las estaciones de servicio están vacías", dijo por teléfono Raid, un activista de Saqba.
Los combates en los suburbios de Damasco parecen ser una indicación de la creciente presencia de desertores del ejército en las afueras de la capital, donde se han registrado varias manifestaciones de protesta contra el régimen. Al-Assad respondió con una ofensiva sin precedente en varios suburbios de la capital.
Además de los enfrentamientos callejeros, la agencia estatal de noticias siria señaló que seis soldados murieron y otros seis resultaron heridos al estallar una bomba en el ómnibus en el que viajaban en el suburbio de Sahnaya, a 20 kilómetros de la capital.
La revuelta popular contra el régimen de Assad, que comenzó hace diez meses con manifestaciones en gran medida pacíficas, se fue militarizando cada vez más a medida que se incrementaba el número de desertores en las filas del ejército. La creciente violencia ha llevado a muchos expertos y a las Naciones Unidas a temer que el conflicto, que se ha cobrado ya más de 5000 víctimas mortales, se encamine hacia una guerra civil.
El recrudecimiento de los últimos días provocó que la Liga Arabe suspendiera los trabajos de la misión de observadores que había enviado a Siria. El secretario general de ese organismo, Nabil al-Arabi, viajó ayer a Estados Unidos al frente de una delegación para abordar el conflicto sirio con el Consejo de Seguridad de la ONU. La Liga Arabe convocó una nueva reunión urgente de cancilleres para el próximo domingo para debatir los pasos por seguir después de que el régimen de Al-Assad rechazó una hoja de ruta para el país en la que se pedía su renuncia. Poco antes de abandonar El Cairo, Al-Arabi dijo que la Liga Arabe está en conversaciones con China y Rusia, principales aliados de Siria, para que respalden la propuesta de paz de la organización.
Sin embargo, el Kremlin sigue sin ver con buenos ojos el aislamiento internacional de Damasco. Ayer, el canciller ruso, Sergei Lavrov, mostró su "decepción y preocupación" ante la retirada de los observadores de la Liga Arabe. "No sabemos por qué se maneja así un instrumento tan útil [la misión de observadores]", dijo Lavrov. Como miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU con derecho a veto, Moscú se ha enfrentado a Occidente al bloquear las sanciones contra Al-Assad y al seguir enviando armas a Siria pese al embargo militar impuesto por otras naciones.
Un funcionario del gobierno sirio, citado por medios estatales, dijo que su país está sorprendido por la decisión de la Liga de suspender la misión. A su juicio, esa decisión es una forma de presionar al Consejo de Seguridad para que ordene una intervención en Siria y, al mismo tiempo, "anima a los grupos armados a aumentar su violencia".
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