Batalla final por los indecisos en EE.UU.

Republicanos y demócratas agotan sus fuerzas en la última semana de campaña; una de cada tres personas aún no decidió su voto
WASHINGTON.- A galope tendido en la recta final, la campaña electoral en Estados Unidos se potencia en el esfuerzo agónico de los demócratas por evitar que, dentro de siete días, el gobierno de Barack Obama, que tanta ilusión despertó hace 22 meses, sufra un durísimo castigo en las urnas.

Del lado opuesto, ocurre exactamente lo contrario: los republicanos y sus socios del Tea Party paladean una gloria con la que hasta hace poco eran incapaces de concebir ni en sueños.

Pero el dato, a estas horas, es que, a pesar de la virulencia que ha cobrado la campaña -con mensajes que caen en la descalificación personal y rozan el insulto-, el terreno de los indecisos se mantiene amplio, de modo que la lucha se ha vuelto casi artesanal: voto a voto, con legiones de voluntarios que intentan torcer voluntades sobre la hora.

"Una de cada tres personas no ha decidido aún su voto", fue la sorprendente revelación de una encuesta de AP y la consultora GfK. "Hay mucho hartazgo en el votante", añadió el informe, que hace hincapié en la desconexión entre el ciudadano común, abrumado por las dificultades de una economía difícil, y la nueva catarata de promesas electorales.

El martes próximo se votará para renovar las 435 bancas de la Cámara de Representantes, un tercio de las 100 en el Senado y 37 cargos de gobernador de los 50 que existen.

Si bien no está en juego la presidencia de Obama, lo que resulte en ellas sí será constitutivo del modelo de gobernabilidad que tendrá la primera potencia mundial en la segunda parte de su administración. "Un Obama con las manos atadas por el Congreso será mucho menos Obama que el que hemos visto hasta ahora", describió el experto en historia Steven Gillon, de la Universidad de Oklahoma, consultado por LA NACION.

Las últimas encuestas revelan que hay enormes posibilidades de que los republicanos obtengan el control de Cámara de Representantes y, un poco más difusas, del Senado, donde seguramente los demócratas perderán escaños, pero posiblemente las fuerzas queden un poco más parejas.

"De las 435 bancas de la Cámara de Representantes, hay cerca de 90 que están muy en juego, y es más que probable que, en ese margen, los republicanos sean capaces de avanzar más allá, incluso, de las 39 que necesitan para controlarla", afirmó ayer The Washington Post.

Sería un duro revés para Obama que, en lo más inmediato, se traduciría en la defenestración de la hasta ahora poderosa titular de la Cámara baja, Nancy Pelosi. "Vamos a ganar", insiste ella, con un triunfalismo que no se aprecia en buena parte de sus alicaídos correligionarios. En su lugar, asumiría el republicano John Boehner, un desconocido para buena parte de los norteamericanos.

La posibilidad de que la Cámara de Representantes pase a manos republicanas y de que el Senado permanezca en manos demócratas "es algo que no se ha visto en muchos años de historia política", subrayó The Washington Post . Los republicanos necesitan avanzar allí 10 bancas, y no parece fácil. Previsiblemente dura, la batalla por el Senado apabulla, sin embargo, por la posibilidad de que pueda prolongarse durante varios días ante eventuales problemas en el recuento, según se indicó a LA NACION.

"Si algo me preocupa tanto como el día de la votación es el recuento del resultado. Tenemos que estar muy atentos a que no nos roben ninguna banca", dijo en un memo dirigido a sus copartidarios el titular del comité republicano para esa cámara, Rob Joesmer.

Tanto demócratas como republicanos se dejan la piel en el micrófono. "No bajemos los brazos. Es nuestro momento, pero no demos nada por seguro", se desgañitó diciendo la referente conservadora Sarah Palin.

"Necesito tu voto", insiste Obama a cada rato, en su cuenta de Twitter. En las últimas horas, volvió sobre la comunidad hispana, a la que rogó que votase por los demócratas. "Si no nos votan, la reforma migratoria con la que todos soñamos será más difícil", presionó. Las encuestas revelan un gran descontento en la primera minoría del país por la falta de avances en la prometida reforma migratoria.

La peculiaridad de esta votación es que no es una elección entre demócratas y republicanos ya que, por primera vez entra en la escena el Tea Party, el ascendente movimiento ultraconservador que carga contra todo aquello que huela a gasto público, crecimiento estatal e impuestos.

"Hay que ver cómo opera luego esa relación entre la estructura tradicional del partido y un movimiento anárquico", dijo John Feehry, analista político vinculado a los conservadores y ex asesor parlamentario republicano.

Cuando faltan siete días, los republicanos se aprestan para el golpe final, con comités de campaña en los que, por caso, se lo ha visto activo al ex asesor del George W. Bush, Karl Rove, que maneja buena parte del dinero para cubrir los gastos.

Los demócratas tienen a buena parte de la Casa Blanca en emergencia: Obama, la primera dama, el vicepresidente. Todos empujan para evitar lo que parece inevitable, pero que, sin embargo, aún depende de una buena cuota de indecisos.

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