Se tira bolsas, botellas, papeles y otros residuos en la vía pública. De 500 cestos públicos, 260 fueron destruidos. Funcionarios consideran que hace falta un cambio de conducta para lograr una mejor higiene urbana.
“Es necesario un cambio de cultura. Los salteños tenemos que tomar conciencia. Hay gente que todavía quema la basura o la deja en los baldíos”, se lamentó Normando Zúñiga, subsecretario de Ambiente y Servicios Públicos de la Municipalidad.
Tan solo en el macrocentro, los inspectores ambientales de la comuna labraron 45 notificaciones, es decir una por día. El funcionario explicó que la mayoría se debe a que los vecinos y comerciantes sacan la basura fuera de horario o sin acondicionarla.
La ordenanza 3.276 establece que se debe sacar la bolsa de desperdicios dos horas antes de la circulación habitual de los camiones recolectores. En Salta, son pocos los que respetan esa norma. “El servicio se brinda seis días a la semana. Sin embargo, hay frentistas que el día que no pasa Agrotécnica Fueguina igual sacan las bolsas”, cuestionó Zúñiga. También recordó a los comerciantes que deben dejar acondicionados los residuos y no se puede superar el metro cúbico. Hay comercios que ahora utilizan carritos para trasladar los residuos y evitan dejar manchas de aceite en el piso”.
Colillas de cigarrillos, cáscaras de banana, cucharitas de helado, envoltorios de chicles, tapitas. Pese a que hay dos servicios de recolección, cestos comunes y campanas de selección, los salteños aún utilizan el espacio público para esparcir sus desperdicios.
“Lograr un cambio en el comportamiento de la sociedad es muy complicado. En la Municipalidad tenemos un área de concientización ambiental, que sale todas las semanas a diferentes escuelas, centros vecinales y otras instituciones. Se reparten folletos y panfletos”, detalló Zúñiga
Efecto perros
“Una cierra bien las bolsas, pero los perros las destrozan. Las veredas viven sucias, cada vez más oscuras por la mugre”, se quejó una vecina de Castañares. En la barriada conviven cestos comunes de los frentistas y contenedores. En todos los barrios hay un reclamo que se repite: los escombros. Los vecinos señalan que cada vez que hay un baldío o algún espacio libre se usa como un “depósito popular”.
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