“Aunque tenga al Chucky al lado mío, ni loco aviso a la Policía. ¿Qué querés, que después me agarre la familia o los amigos y me maten a palos? Acá nadie va a decir nada, querido. Acá, eso es ley”.
Se trata de uno de los sectores de Junín que, junto a los barrios Municipal, Progreso 1 y 2, San Jorge y La Vaca, están bautizados como “pesados” y donde las fuerzas de seguridad tienen que ingresar preparadas para enfrentar violentos ataques de grupos marginales que dominan la zona y tienen atemorizado al resto de los vecinos.
Los hechos más graves vienen ocurriendo en una franja geográfica delimitada por la calle Alberdi, avenida Intendente de la Sota y las rutas 65, 7 y 188.
Ahora bien, ¿qué pasa ahí adentro? LA VERDAD pudo dialogar apenas con tres personas que conocen de cerca algunos de esos sectores y se animaron a hablar lejos de sus casas, en un terreno neutral.
Aunque las descripciones no abundan en detalles, cada testimonio exhibe una pesada carga de resignación. “Esto no se arregla más, los que andan en el choreo y la falopa van a seguir así toda la vida y después los hijos y después los nietos y así..., pero bueno, mientras vos no los jodas a ellos, ellos no se meten con vos, así de simple, ¿viste?”, contó a este diario un hombre que tiene su casa en el Almirante Brown y desde principios de año trabaja en una obra en construcción de la zona céntrica.
Para él las reglas están claras y lo mismo ocurre con otros residentes de ese conflictivo sector, donde un chico que aún no cumplió los 18 años parece haberse convertido en una celebridad del hampa y al que todos miran de reojo con cierto respeto.
“Que se lleven
a los que andan
en la mala”
Otro vecino, pero del barrio La Vaca, se enoja cuando se le pregunta por los que “mandan”. “Yo laburo con la carne y en mi trabajo también conozco a mucha gente pesada que no molesta a nadie. Lo que pasa acá es que por cuatro o cinco pendejos faloperos todos terminamos en la misma bolsa y cuando viene la ‘cana’ se creen que porque tienen un arma nos van a pasar por arriba y no es así. Si alguien anda en la mala que se lo lleven, pero al resto no lo tienen que joder porque ahí sí se pudre todo”, advirtió. Si bien no quiso hablar sobre la gente que domina la zona, aseguró que “a lo mejor hay algunos que se hacen los ‘cojudos’, pero a mí no me pasó ni me va a pasar. Tengo más de 50 y ningún borrego me va a venir a encarar, porque le voy a dar pa’ que tenga”.
Aunque a veces el vocabulario periférico impida separar claramente a “los buenos de los malos”, el enojo con la Policía parece un mandato que atraviesa varias generaciones. “Vivo desde chico en El Progreso y siempre fue más o menos parecido. Nadie dice que no haya chorros, pero la ‘cana’ se la agarra con los mismos. ¿Sabés cuántos allanamientos hacen y no encuentran nada después de que te dan vuelta la casa? ¡Nos tienen de hijos! y encima después se ponen en víctimas porque la gente les rompe los patrulleros. ¡¿Y cómo no se los van a romper si ellos te dan vuelta la casa por nada?!, exclamó alterado otro vecino.
La Policía, el enemigo
Desde la vereda de enfrente, las autoridades de seguridad admiten que los hechos violentos entre habitantes de los barrios y la Policía son más frecuentes, pero aclaran que en esas zonas conflictivas también hay personas con mucho miedo sometidas por grupos dominantes.
El titular de la Jefatura Distrital, Marcelo Arigüel, explicó a LA VERDAD que “existe un pensamiento colectivo de que la Policía es el enemigo, y estos pasa de los padres a los hijos y a los nietos, que ven al uniformado como a su rival”.
Para Arigüel es una especie de subcultura donde los códigos de convivencia se diluyeron hace tiempo y en la actualidad impera la ley del más fuerte.
En ese sentido reveló que hay familias a las que “la gente les tiene miedo y cuando la Policía va no quieren saber nada” con denunciarlas.
El jefe policial, quien estuvo presente en la batalla campal que se desató esta semana en el barrio Almirante Brown, afirmó que “cuando uno habla con esos chicos que quedan detenidos y les pregunta si fueron a robar, ellos contestan ‘fui a trabajar’, para ellos el delito es un trabajo”.
Chucky: El “Pibe Cabeza”
de los tiempos modernos
Lejos de los brillos del centro juninense, en el interior de estos sectores que rodean a la “ciudad urbana” se agigantan las figuras de algunos adolescentes que crecieron rodeados por el delito, su único horizonte como modo de vida.
Sin embargo, sorprende y preocupa el análisis que ensaya el comisario inspector Arigüel respecto del menor apodado Chucky. “Ese chico ya es un mito, algo así como el ‘Pibe Cabeza’ de los tiempos modernos que se transformó en una persona peligrosa, que siempre anda armada y no tiene problemas de pegarle un tiro a cualquiera. Por eso, desde que se escapó de la cárcel somos concientes de que hay más riesgos con este chico en las calles”.
A pesar del temor que despierta “Chucky”, no es el único adolescente con antecedentes penales y una “prometedora” carrera delictiva por delante. Con menos índice de conflictividad, en otros barrios también están identificados otros “caudillos” que incluso reclutan a menores de entre 12 y 15 años y los mandan a robar.
Tal vez esta tendencia destructiva que abarca a varias generaciones puede explicar, en parte, las violentas reacciones que emergen de algunos barrios de Junín donde grupos de habitantes se arman con piedras, palos y lo que tengan a su alcance para librar verdaderas batallas cuando se sienten invadidos en “su mundo”.
Sin códigos
A modo de reglamento callejero, la delincuencia mantenía ciertos códigos que no estaban escritos en ninguna parte pero se cumplían a rajatabla. Hoy todas las barreras se rompieron y nadie respeta nada, tendencia que también se extiende en los llamados barrios “pesados” de Junín.
Y los ejemplos abundan. Robos, agresiones y daños son comunes en zonas donde hasta no hace mucho tiempo atrás el ladrón cuidaba el lugar donde vivía y sus vecinos eran prácticamente intocables.
Esta semana una joven de 24 años fue asaltada en el barrio Fo.Na.Vi por al menos tres sujetos que la golpearon y le sustrajeron la cartera que llevaba.
Doce horas después Mónica Mariana Barrios murió en su casa luego de sufrir convulsiones como consecuencia de un ataque de epilepsia, patología que padecía desde hacía varios años aunque no tomaba la medicación correspondiente con regularidad.
Si bien todavía se siguen investigando las causas del fallecimiento, el asalto y posterior agresión a la mujer ocurrió en un sector de la ciudad adonde ella iba con frecuencia y no era una desconocía. Los delincuentes que la atacaron sabían quién era y aún así le robaron y la golpearon.
“Lo que está pasando y va a seguir ocurriendo es un ‘todos contra todos’ en el que los vecinos se roban entre sí y se atacan. Los viejos códigos del delito quedaron en la prehistoria. Y los más preocupante es que las edades de los jóvenes que roban y están armados es cada vez más baja, mientras el nivel de la violencia que descargan aumenta rápidamente”, comentó en voz baja un funcionario judicial.
Según fuentes policiales, otro caso que demuestra el descontrol dominante entre los menores y los jóvenes de barrios conflictivos de la ciudad, es el de “Chucky”, el adolescente de 17 años con pedido de captura y evadido de dos centros de detención, quien incluso llegó a enfrentar a uno de sus hermanos con un arma.
En la misma línea aparece el recientemente aprehendido “Paco”, sobre quien se sugería que iba a ocupar el lugar de “Chucky” mientras estuviera preso. Lo cierto es que este joven de 19 años fue capturado luego de balear, sin mediar palabra, a dos jóvenes en distintos hechos.
Y no son los únicos. Al menos 15 jóvenes, algunos menores y otros que ya cruzaron la barrera de los 18 años, figuran en diversas causas que investiga la Justicia y la Policía por hechos de robo a mano armada, lesiones graves y homicidios.

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